Carlos Moreno Fontaneda y Agustín Montesinos en el restaurante Sardö.

Carlos Moreno Fontaneda y Agustín Montesinos en el restaurante Sardö. Foto cedida

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Sardö, el 'wine bar' que ya triunfaba mucho antes de abrir: "Queremos ser uno de esos sitios que no se pueden copiar"

Carlos Moreno Fontaneda y Agustín Montesinos se han aliado para lanzar una propuesta gastronómica madrileña con guiños mediterráneos.

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"Nosotros vamos con 'las cuatro P'", asegura el empresario Carlos Moreno Fontaneda sobre Sardö, su último restaurante en Madrid. Moreno, fundador y CEO del Grupo Bar Galleta —que incluye los famosos restaurantes de El Perro y la Galleta— ha abierto este proyecto junto a Agustín Montesinos, fundador de Persio Business Studio; y, tal y como explica, reúne las llamadas '4 P' del marketing: producto, precio, plaza y promoción.

El producto, "muy de Madrid", se basa en el 'tapeo moderno', con un ticket medio asequible que ronda los 35 euros, y con una ubicación excelente en el barrio de Chamberí, ocupando una vistosa esquina de la calle de Carranza con calle de Ruiz. En cuanto a la promoción, Montesinos recuerda que colgaron unos cartelitos en la puerta días antes de la inauguración y que gracias a ellos recibieron siete reservas de gente que aún no sabía qué era Sardö, pero que ya estaba deseando conocerlo.

Ahora, ocho meses después de su apertura, siguen con las reservas que echan fuego y ya están planeando montar otros negocios juntos, entre ellos un nuevo Sardö con una localización diferente. "El próximo sábado estamos llenos, y el domingo, también el siguiente sábado... Quizá puedes encontrar un hueco a las once, a las siete, a las seis y media... pero de una hora sólo", cuentan.

Pero, ¿qué es exactamente Sardö además de un concepto de marketing bien ejecutado? Un restaurante "casual y joven" que pone en valor la barra de bar de toda la vida y que, pese a definirse como un wine bar, trata de alejarse de las descripciones más manidas que rondan en torno a este tipo de locales. "Queremos darle un giro, no queremos ser un wine bar como los 100.000 que ya hay, queremos ser uno de esos sitios que no se pueden copiar", insisten.

Para ello se centran en reinventar algunos de los clásicos de siempre y ofrecerlos en una carta distendida pensada para compartir: "Durante un tiempo la tapa se denostó un poco porque parecía muy para turistas, pero al final a la gente le encanta salir a beber y picar algo sin la parsimonia del primer plato, el segundo y el postre".

Así pues, con la ayuda del chef Israel Ferrón Rivas, formado en El Bohío y con una sólida trayectoria en restaurantes de referencia en la capital, ofrecen a los clientes su propia versión del tradicional bocadillo de calamares, de las patatas bravas, de la ensaladilla rusa o de los torreznos. Sin dejar a un lado algunos de los bocados más de moda últimamente como el brioche de anchoas y mantequilla ahumada, la gilda o la tarta de queso.

El interior del restaurante.

El interior del restaurante. Foto cedida

Todo ello acompañado de una selección de más de 40 referencias de vinos que no son "los típicos vinos que encuentras en todos los sitios", según afirma Carlos. Uno de los más pedidos es el Oníric Brisat Vermell de Entre Vinyes, un orange wine de agricultura ecológica y bajos rendimientos.

Sardö, con un nombre que alude a las raíces genéticas de Agustín, se convierte así en el primer caso de éxito de esta dupla que busca "transformar la hostelería desde la estrategia, el talento y la sensibilidad de marca"; una alianza que no tardaremos en ver nuevamente en otros futuros proyectos en la ciudad.