El pueblo ideal para comer croquetas

El pueblo ideal para comer croquetas

Corazón

El pueblo ideal para recorrer a pie y comer unas croquetas exquisitas: 2.000 habitantes e iglesia gótica del siglo XII

Ubicada en el corazón de La Rioja, esta villa de calles empedradas es un refugio de paz que ha conquistado a rostros como Javier Cámara.

Más información: El refugio de Dani Mateo: pueblo marinero, iglesia del siglo XVI, 12 km de playas y famoso por su langostino.

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En el corazón de La Rioja, justo donde el paisaje de suaves viñedos se transforma drásticamente para dar paso a las frondosas montañas de la Sierra de la Demanda, se esconde en el valle del río Oja uno de los rincones más fascinantes de la geografía española.

Hablamos de Ezcaray, una pintoresca villa de apenas 2.000 habitantes que se ha consagrado a lo largo de los años como un refugio absoluto de paz, belleza arquitectónica y, muy especialmente, de alta gastronomía.

Este municipio es el ejemplo perfecto de ese turismo sosegado que tanto ansiamos hoy en día, un enclave diseñado expresamente para olvidarse del coche y dejarse atrapar por el encanto magnético de sus calles empedradas.

Recorrer a pie el casco histórico de Ezcaray es, literalmente, adentrarse en un decorado de cuento tradicional que atrapa al viajero desde el primer instante.

Su arquitectura popular de montaña conforma una auténtica delicia visual, protagonizada por majestuosas casonas de piedra con entramados de madera, soportales que invitan al paseo relajado y balcones que estallan en un mar de flores coloridas durante los meses más cálidos.

Cada paso por sus plazuelas simétricas revela el cuidadoso esmero con el que sus propios vecinos mantienen viva la esencia de una villa que parece haber detenido el reloj hace un par de siglos.

El patrimonio histórico de esta localidad riojana es otro de sus monumentos atractivos, dominado de forma imponente por la iglesia de Santa María la Mayor.

Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor en Ezcaray, La Rioja

Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor en Ezcaray, La Rioja

Este templo, cuyo origen documentado se remonta al lejano siglo XII, sorprende al visitante de inmediato por su singular aspecto de fortaleza inexpugnable.

Con su inconfundible estilo gótico aragonés y sus gruesos muros de piedra sillar coronados por torreones, no solo funcionó como un devoto lugar de culto, sino también como un fiero bastión defensivo que hoy nos relata las intrigas del medievo.

A este tesoro arquitectónico se suma la Real Fábrica de Tejidos de Santa Bárbara, fundada en el siglo XVIII, que recuerda con orgullo el glorioso y próspero pasado textil del municipio.

Pero si hay un motivo imperioso que ha puesto a Ezcaray en el mapa mundial de los paladares más exigentes es, sin atisbo de duda, su legendaria tradición culinaria.

Calle empedrada con arquitectura tradicional y balcones en Ezcaray, La Rioja

Calle empedrada con arquitectura tradicional y balcones en Ezcaray, La Rioja

Este pequeño rincón es un templo de peregrinación obligada para los amantes del buen comer, famoso internacionalmente por albergar las que muchos críticos gastronómicos consideran las mejores croquetas de España.

La herencia culinaria de la inolvidable Marisa Sánchez en el mítico restaurante Echaurren, hoy continuada con absoluta brillantez y estrellas Michelin por su hijo Francis Paniego, convierte la visita en una experiencia sensorial única donde la suavidad de la bechamel y la vanguardia se funden en cada bocado.

Semejante magnetismo, que combina magistralmente la paz del entorno natural y el deporte en la cercana estación de esquí de Valdezcaray, no ha pasado desapercibido para grandes figuras del panorama nacional.

El laureado actor riojano Javier Cámara es un enamorado confeso de esta villa y uno de sus mejores embajadores, visitándola con mucha frecuencia para desconectar del mundanal ruido.

Asimismo, el carismático chef Karlos Arguiñano se ha dejado ver por sus calles, rindiéndose públicamente ante la maestría inigualable de su gastronomía y confirmando que este enclave tiene un duende muy especial.

En definitiva, Ezcaray nos demuestra de forma rotunda que no hace falta cruzar fronteras para encontrar destinos de interior que lo tienen absolutamente todo.

Hablamos de una naturaleza exuberante, un legado histórico fascinante, calles de postal diseñadas para caminar sin ninguna prisa y una oferta culinaria que justifica el viaje por sí sola.

Un verdadero tesoro protegido por la montaña riojana que, una vez descubierto, te obliga irremediablemente a prometer que algún día volverás.