Eclipse solar.
Los expertos coinciden: los daños oculares provocados por el eclipse pueden tardar hasta 48 horas en dar la cara
Mirar el eclipse sin protección puede no doler al principio, pero la lesión ocular puede aparecer horas después.
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Mirar directamente al Sol durante unos segundos puede no provocar dolor ni una pérdida inmediata de visión. Esa ausencia de síntomas es precisamente uno de los mayores peligros del eclipse: una persona puede haber lesionado su retina y marcharse a casa creyendo que no ha ocurrido nada.
Los especialistas coinciden en que los síntomas de la retinopatía solar pueden aparecer con retraso. La información divulgativa publicada por la ONCE ante el eclipse del 12 de agosto sitúa esa ventana entre las seis y las 48 horas posteriores a una exposición inadecuada.
Estefanía Cobos, oftalmóloga especialista en retina del Hospital Universitari de Bellvitge, también ha advertido de este fenómeno. Según explica, las manifestaciones pueden aparecer entre 24 y 48 horas después porque el daño sobre las células fotorreceptoras continúa evolucionando tras la exposición.
La cifra de 48 horas no debe interpretarse, sin embargo, como un periodo durante el cual todos los afectados permanecerán necesariamente asintomáticos. La Academia Americana de Oftalmología señala que muchas personas empiezan a detectar alteraciones visuales cuatro o seis horas después, mientras otras lo hacen alrededor de las doce.
La literatura médica recoge también casos en los que los síntomas aparecen durante las primeras horas. Una serie clínica sobre retinopatía asociada a eclipses sitúa habitualmente el comienzo entre una y cuatro horas después de la exposición.
Visión borrosa o punto ciego
Lo importante, por tanto, no es establecer un reloj exacto, sino entender que el daño puede no dar ninguna señal mientras se está produciendo. La retina carece de receptores del dolor capaces de advertirnos de que la intensa radiación está lesionando sus estructuras.
Cuando una persona observa directamente el Sol, la luz se concentra especialmente sobre la mácula, la pequeña zona central de la retina responsable de funciones como leer, reconocer caras o distinguir detalles. El resultado puede ser una lesión conocida como retinopatía solar.
Entre los síntomas más característicos aparecen la visión borrosa, una mancha oscura o punto ciego en el centro del campo visual, mayor sensibilidad a la luz, cambios en la percepción de los colores y metamorfopsias, que hacen que las líneas rectas parezcan onduladas o deformadas.
El problema puede afectar a ambos ojos de manera desigual. Una persona puede notar inicialmente que tiene dificultades para leer letras pequeñas, que una parte de la imagen parece desenfocada o que existe una mancha fija que permanece aunque mueva la mirada.
La mayoría de los pacientes descritos en los estudios experimenta alguna recuperación espontánea durante las semanas o meses posteriores. Una revisión científica reciente sitúa la evolución habitual entre varias semanas y seis meses, aunque eso no significa que todos recuperen completamente su visión anterior.
Algunos trabajos realizados después de eclipses han encontrado alteraciones persistentes meses después. En una serie de 20 pacientes, por ejemplo, la mayoría recuperó una buena agudeza visual, pero continuaban apareciendo pequeños puntos ciegos, distorsiones de la imagen y cambios maculares en muchos de ellos.
Actualmente tampoco existe un tratamiento específico con eficacia demostrada capaz de revertir una retinopatía solar. Por eso, la prevención continúa siendo mucho más importante que cualquier actuación posterior.
El Instituto Geográfico Nacional recuerda que incluso una pequeña porción de la superficie solar continúa siendo peligrosa. Durante las fases parciales será imprescindible utilizar protección adecuada, ya que apenas el 1% visible del Sol mantiene una luminosidad suficiente para causar lesiones retinales.
Las gafas deberán estar específicamente diseñadas para observación solar y encontrarse en perfecto estado. Unas gafas de sol convencionales, radiografías, CDs, cristales ahumados u otros métodos caseros no ofrecen la protección necesaria frente al conjunto de radiaciones que llegan hasta el ojo.
También deberán desecharse los visores que presenten arañazos, perforaciones, roturas o dobleces. Y unas gafas de eclipse tampoco deben utilizarse para mirar a través de prismáticos, cámaras o telescopios, que concentran la radiación y necesitan filtros específicos colocados delante de la óptica.
Durante el eclipse total del miércoles 12 de agosto únicamente quienes se encuentren dentro de la franja de totalidad podrán retirar la protección durante los breves segundos en los que la Luna cubra completamente el disco solar. En cualquier lugar donde el eclipse sea parcial, las gafas deberán mantenerse durante toda la observación.
La principal advertencia llega después. Haber terminado de observar el eclipse sin dolor ni molestias no garantiza que los ojos estén intactos. Si durante las horas siguientes, incluso al día siguiente, aparecen visión borrosa, manchas centrales, distorsiones o cambios en los colores, conviene solicitar valoración oftalmológica.