Ceuta ha caído en el caos.
Nueve días después del viaje de apenas 105 minutos de Pedro Sánchez, el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas, ha cifrado entre 8.000 y 11.000 los invasores que permanecen hoy en calles, parques, montes y playas (frente a los 2.000-2.500 que sostiene el Gobierno).
Hay ya ochenta y tres cadáveres recuperados en aguas ceutíes, según la Guardia Civil este mismo domingo.
Al menos cinco niñas menores de catorce años han sido atendidas en el Hospital Universitario de Ceuta por violación.
Un polideportivo improvisado acoge a doscientas cincuenta mujeres y niñas migrantes que huyen de maridos violentos y agresores sexuales.
Las confesiones religiosas de la ciudad, unidas, han clamado "¡Basta ya! Han invadido la ciudad, la frontera es inoperante, no hay recursos".
Y frente a este drama, el presidente del Gobierno permanece de vacaciones en La Mareta.
Un 88,6% de los españoles (según la encuesta de SocioMétrica para EL ESPAÑOL) exige que el presidente interrumpa su tregua de agosto y comparezca de inmediato en el Congreso. Hasta el 80% de los votantes del PSOE lo demanda.
Más de la mitad de los españoles (50,3%) ve "mucho riesgo" de que Marruecos intente apoderarse por la fuerza de Ceuta y Melilla. Casi el 80% percibe "algún grado" de riesgo.
La encuesta de intención de voto que publica hoy EL ESPAÑOL es también inequívoca: la invasión de Ceuta y la inoperancia del Gobierno ha hundido más a Sánchez. El PP, por su parte, sube. Y la suma de escaños del Gobierno baja.
PP, Vox y UPN sumarían hoy, según la encuesta, el 51% del voto, mientras el bloque de izquierdas cae a mínimos históricos.
Y lo que es incluso más significativo todavía: Feijóo consigue atraer a 540.000 antiguos votantes socialistas y moviliza a 1,2 millones que se abstuvieron en 2023.
El clamor nacional es inequívoco. La respuesta de Moncloa, también: dilatar, enviar a cuatro ministros a finales de mes al Parlamento y proteger al presidente de cualquier tipo de rendición de cuentas, como si nadie gobernara el país o el cargo de presidente se ejerciera únicamente a las maduras, y nunca a las duras (de las que, por otra parte, siempre tiene la culpa la oposición, el cambio climático, la 'Internacional Ultraderechista' o el azar).
Esto no es gestión. Es dejación de funciones y absentismo democrático, la versión política y autocrática del absentismo laboral fraudulento.
Fue el propio Pedro Sánchez el que el viernes 31 de julio calificó la invasión de Ceuta de "violación de la integridad territorial de España". Después, él y sus ministros suavizaron el lenguaje, minimizaron los avisos de inteligencia o negaron haberlos recibido, rechazaron la emergencia nacional que pedía Ceuta y se refugiaron en la playa y en el silencio.
Mientras tanto, la ciudad se hunde en el caos y el Gobierno finge que todo está controlado.
La raíz del desastre es conocida. Como ha señalado Ali Lmrabet en EL ESPAÑOL, la regularización masiva de un millón de ilegales generó el efecto llamada que las redes marroquíes explotaron durante meses. Marruecos no detuvo la avalancha. La observó.
Es la misma lógica de presión híbrida que ya empleó en 2021 y que busca, a medio y largo plazo, hacer inviables e inhabitables Ceuta y Melilla. Y lo está consiguiendo, frente a la pasividad de Sánchez.
El Gobierno español, en lugar de defender la soberanía con contundencia, ha preferido el apaciguamiento y el relato de las "mafias".
EL ESPAÑOL lleva días advirtiendo de esta realidad. Pedimos la declaración de emergencia nacional. Exigimos que se expulse a los invasores antes de que estos expulsen a los ceutíes. Denunciamos que Sánchez llevaba mentalmente de vacaciones desde el primer momento.
Hoy la evidencia es abrumadora: la frontera sur está abandonada, la ciudad desbordada y el presidente ausente.
Pedro Sánchez debe comparecer ya en el Congreso. No a finales de agosto. No a través de ministros. Él mismo. Tiene que explicar por qué se ignoraron las alertas, por qué se rechazó la emergencia, qué pactó realmente con Rabat y por qué Ceuta sigue pagando el precio de su debilidad.
Si el presidente del Gobierno no está dispuesto a dar la cara en la sede de la soberanía nacional frente a una crisis de esta magnitud, entonces no está defendiendo España. Está gestionando su propia huida. Ceuta no puede seguir siendo el sacrificio en el altar de la obsesión de Sánchez por el poder.