Lucía Arenzana en la barra de LUK1, este miércoles.
Lucía, la joven que se subió a un 'tuk-tuk' para crear su marca de cerveza, abre un restaurante en Madrid: "Es una comunidad"
La chef ha creado un espacio que va más allá de lo gastronómico y busca conectar entre sí a emprendedores de todo tipo.
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La mañana del 16 de abril, el día que el restaurante LUK1 abría oficialmente sus puertas, no había ningún mueble en la sala. Lucía Arenzana, la joven madrileña al frente del establecimiento, estuvo a punto de cancelar la inauguración. ¿Dónde iban a sentarse los clientes? ¿Dónde servirían los platos? Por suerte, las mesas y sillas llegaron in extremis y ella y su familia se pasaron toda la tarde montándolas. "¡Nunca había visto tantas cajas juntas!", asegura, riendo.
La historia de este proyecto es así, como su frenética apertura: llena de casualidades, imprevistos, buen azar y un gran empeño. Lucía estudió cocina y ha trabajado para restaurantes en Suecia, Australia y Bolivia. En Bolivia fue donde empezó a elaborar cerveza a petición de sus jefes: "No se me dio mal, porque a los seis meses ya estábamos vendiéndola a los clientes".
Y ya no paró nunca. En Australia, tras quedarse en paro por la pandemia, pasó un año en una fábrica aprendiendo más sobre fermentaciones y terminó de enamorarse por completo de esta bebida. "Era muy gratificante, el consumidor australiano está muy acostumbrado a beber cervezas diferentes", cuenta a COCINILLAS. Así que regresó a España con un propósito claro: crear su propia marca de cerveza.
"Me empezó a picar el gusanillo del emprendimiento, y pensaba que sería la cosa más fácil del mundo", reconoce. Alquiló un local en el madrileño barrio de Tetuán con unas amigas y empezó a hacer muchas pruebas de cervezas. En ese mismo espacio sus compañeras pintaban cuadros y teñían ropa con tintes naturales —entre otras actividades creativas—, de modo que a veces organizaban eventos para que la gente pudiera conocer mejor lo que hacían.
"Entonces me di cuenta de que la marca que quería crear iba mucho más allá de una cerveza: quería que fuese un símbolo para aquellas personas que emprenden, que arriesgan, que hacen cosas diferentes, que persiguen sus sueños", explica la chef.
Empezó a buscar financiación para sacar adelante la marca, pero lo que encontró fue "todo lo contrario" a lo que esperaba: "Los inversores no confiaban, creían que ya estaba todo hecho. '¿Qué vas a hacer contra Mahou?', me preguntaban. Yo les contestaba que queda todo por hacer, que hay muy pocas cervezas artesanales realmente conocidas".
Las tres ostras de LUK1: al natural, coreana frita y con jugo de acedera y jalapeño.
Mucha gente le dijo que no se metiera en este mundo, que era muy complicado. Además, ya se había gastado todos sus ahorros de Australia. "¡Pero soy muy cabezota!", asiente. Así que se puso en marcha: ¿Cómo podía conseguir dinero rápido y a la vez seguir elaborando cerveza? ¡Los tuk-tuk turísticos de Madrid! Lucía se puso a pedalear seis meses hasta que consiguió reunir todo el dinero que necesitaba, y con eso pudo lanzar la primera producción de su cerveza.
Por esas fechas conoció a Carlos, un joven extremeño emprendedor que quería casarse en la finca de los padres de Lucía en Jarandilla de la Vera (Extremadura). Tras pedirle consejos para emprender y enseñarle sus cervezas, se hicieron socios. "Si eres capaz de estar trabajando en el tuk-tuk a pleno sol tantas horas es que eres capaz de todo por tu proyecto", le dijo.
De esta forma nació hace dos años LUK, la cerveza artesanal de Lucía Arenzana, en venta en unos 50 restaurantes de toda España. "Parece mucho, pero esto es un proyecto que requiere de más volumen para que vaya bien", aclara.
Al principio sólo tenían una única cerveza y ahora ya hay dos referencias. La primera, la original, se llama Hoppy Lager, "una cerveza rubia, fácil, muy aromática, y con una parte herbal". "Puede recordar a una IPA, pero las IPAs son más amargas y muy alcohólicas, esta no es tan alcohólica y no tiene tanto amargor", explica.
Con ella empezaron a intentar crear esa comunidad con la que tanto soñaba Lucía, llevándola a eventos de música y arte emergentes. Finalmente encontró inspiración en Mikkeller, una marca de cerveza danesa que también tiene sus propios restaurantes, y decidió dar un paso más allá. Sólo después de un año del nacimiento de la cerveza LUK, abrió el restaurante LUK1 en Chamberí.
Igual que Lucía no quería que LUK fuese sólo una marca de cerveza, tampoco quiere que LUK1 sea sólo un restaurante, así que de día funcionan como 'club de emprendedores y gente creativa' y de noche dan cenas. "Uno de los mayores problemas de un emprendedor o un artista es la soledad", lamenta.
Pasta fresca al pesto, guisantes y espárragos verdes, junto a las cervezas de Lucía Arenzana.
Esta filosofía de unir a marcas jóvenes se refleja también en la carta. En el establecimiento trabajan con pequeños y nuevos productores: "El helado de requesón que usamos es de las chicas de Campo a Través, que tienen una heladería en El Escorial y su sueño es ser pastoras".
También trabajan con Menchu, una marca de cold brew embotellado y listo para llevar que ha empezado a desarrollar el chico que les ayuda con las redes sociales. Con él elaboran un Martini que han bautizado como Menchu Martini.
Las recetas respetan la temporalidad y la carta es corta, con casi todo pensado para compartir. Encontramos ostras (al natural, con jalapeño y acedera, rebozadas en panko y fritas), una inesperada gilda caliente con chuleta de vaca marinada, espárragos blancos a la carbonara, entraña a la brasa con cerveza tostada, y pasta fresca al pesto con guisantes y espárragos verdes, entre otros platos y mucha salsa para mojar.
Un rincón del restaurante LUK1.
La segunda cerveza que han sacado se llama Future Lager: "Es como la cerveza del futuro", afirma Lucía. La idea es sumarse a la tendencia de las bebidas sin alcohol, ya que sólo tiene un 3% y muy pocas calorías. Tampoco contiene gluten. "Está muy pensada para tomar entre semana, después de salir del trabajo, sobre todo si al día siguiente quieres ir a hacer deporte", detalla.
El propósito de Lucía es romper con la creencia de que las cervezas artesanales sí o sí tienen que ser fuertes y amargas: "Al final, realmente una cerveza artesanal es el proceso de producción, que no esté pasteurizada, la calidad de los ingredientes, etcétera".
Además de estas dos cervezas, en la carta de LUK1 también puedes encontrar una Blond Ale de Arriaca, que es la fábrica de Guadalajara donde Lucía elabora su LUK. Asimismo, ofrecen kombuchas de la marca barcelonesa Lōv Ferments y reniegan de las grandes marcas: "Si un día no me apetece beber alcohol no quiero sentirme obligada a tomarme una Coca-Cola".
A sólo un mes de su apertura, Lucía ya tiene claro que si LUK1 se llama LUK1 es porque habrá un LUK2. Aún no sabe cuándo, ni dónde, ni cómo, pero llegará. Por ahora es momento de saborear el presente, y si es con una cerveza artesana en la mano, mejor.