Un gato durmiendo.

Un gato durmiendo. Isabel Alcalá Getty Images

Ciencia

La psicología dice que las personas que viven con gatos no son más extravagantes, sino que tienden a ser más abstractas

Algunos estudios también han demostrado que quienes prefieren convivir con felinos obtienen puntuaciones más altas en pruebas de inteligencia.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves
Las claves

Las personas que prefieren gatos tienden a mostrar mayor apertura a la experiencia, curiosidad intelectual y pensamiento abstracto, según estudios psicológicos.

Investigaciones indican que los amantes de los gatos puntúan más alto en abstracción, inteligencia general y autosuficiencia frente a quienes prefieren perros.

El perfil de quienes eligen gatos se asocia a la creatividad y la independencia, desmintiendo el estereotipo de extravagancia o excentricidad.

Las diferencias encontradas son patrones estadísticos y no determinan la personalidad individual de cada dueño de gato.

Durante años, los gatos han cargado con una peculiar etiqueta: la de ser compañeros de personas extravagantes, solitarias o poco convencionales. Sin embargo, la psicología ofrece una explicación distinta y, quizá, más interesante sobre quienes sienten afinidad por ellos.

Las investigaciones no permiten decir que tener gato determine la personalidad de su dueño. Sí han encontrado diferencias estadísticas entre quienes se identifican como personas de gatos y quienes prefieren a los perros, especialmente en determinados rasgos de personalidad.

Una investigación conocida fue dirigida por el psicólogo Sam Gosling, de la Universidad de Texas en Austin. Publicado en 2010 en Anthrozoös, el estudio comparó los perfiles de 4.565 participantes que eligieron entre perros, gatos, ambos o ninguno diferentes.

Los resultados mostraron diferencias en las cinco dimensiones del modelo Big Five. Frente a quienes se identificaban como personas de perros, los amantes de los gatos obtuvieron puntuaciones superiores en apertura a la experiencia y diferencias en otros rasgos.

Más inteligentes y autosuficientes

La apertura a la experiencia es especialmente relevante para entender ese perfil. Se relaciona con la curiosidad intelectual, la imaginación, la sensibilidad hacia nuevas ideas y la disposición a explorar otras perspectivas nuevas, sin aceptar automáticamente las convenciones habituales.

Por eso, hablar de personas extravagantes puede resultar impreciso. La investigación apunta hacia individuos que pueden sentirse cómodos con ideas poco convencionales, planteamientos abstractos o formas diferentes de interpretar una situación, aunque eso no implica comportarse de manera llamativa.

Esta característica aparece también en un trabajo publicado en 2017 en Human-Animal Interaction Bulletin. Andrea Guastello y sus colaboradores estudiaron a 418 universitarios mediante el cuestionario 16PF y compararon a quienes se definían como personas de perros o gatos.

En ese estudio, las 66 personas universitarias amantes de los gatos obtuvieron puntuaciones superiores en abstracción, inteligencia general y autosuficiencia respecto a las 352 que preferían los perros. Los autores relacionaron ese patrón con características asociadas a personalidades creativas.

La abstracción resulta interesante porque describe una tendencia a manejar conceptos, posibilidades e ideas más allá de lo concreto. No significa vivir desconectado de la realidad, sino sentirse cómodo pensando en posibilidades, relaciones o escenarios que todavía no existen.

La autosuficiencia ofrece otra pieza del retrato. Quienes preferían los gatos tendían a puntuar más alto en este rasgo, asociado con una mayor independencia personal y social y capacidad para funcionar sin necesitar una interacción social constante para sentirse acompañados o satisfechos.

El conjunto encaja con otra investigación más reciente de Gosling y colaboradores publicada en Anthrozoös, que encontró mayor apertura entre quienes se identificaban como cat people. También observó mayores niveles de extraversión, amabilidad y responsabilidad entre quienes preferían perros.

Pero convertir estos resultados en una regla sería un error evidente. Son diferencias promedio observadas en muestras concretas, no diagnósticos individuales. Una persona puede tener gato y ser sociable, convencional o práctica; ningún dueño queda definido por su mascota.

Lo interesante, por tanto, no es afirmar que los gatos eligen a personas extravagantes, sino entender una afinidad. Independencia, curiosidad, pensamiento abstracto y apertura a nuevas ideas forman un conjunto que puede explicar por qué conectan mejor con ellos.