El chef Edu Alemán y unos tomates pelados

El chef Edu Alemán y unos tomates pelados TechnicColor iStock

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Edu, cocinero: "Para pelar los tomates sin esfuerzo no uses pelador ni agua hirviendo, mejor un palillo chino"

El truco más fácil, rápido y limpio para que la piel de los tomates salga sola.

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Muchos platos que llevan tomate suben de nivel cuando el tomate va pelado. Una salsa, un pisto, un gazpacho, un sofrito o un tomate confitado mejoran cuando no aparecen pellejitos de tomate de por medio.

En algunos casos, colar la preparación una vez terminada, soluciona el problema. En otras, la única manera es pelar el tomate antes y pelar un tomate crudo es una tarea ciertamente farragosa.

Los peladores convencionales, los de hoja lisa, resbalan sobre la piel del tomate sin llegar a cortarla. Para que este método funcione hay que recurrir a un pelador de hoja de sierra, un utensilio que no todo el mundo tiene en su cocina.

El otro método habitual es el escaldado, que consiste en dar un corte en forma de cruz en la base del tomate y sumergirlo en agua hirviendo durante unos segundos para, acto seguido, pasarlo a un baño de agua con hielo.

Es una técnica que funciona, pero obliga a poner a hervir una olla grande de agua y a tener hielo preparado para cortar la cocción, algo complicado para quienes tenemos congeladores enanos.

El truco de un chef profesional

Eduardo Alemán, chef del Gastrobar Las Peñas, en Ampuero (Cantabria), ha compartido en su perfil de Instagram, @mialteredu, un truco para pelar el tomate que, según cuenta, "un poco loco".

Es algo tan sencillo como frotar toda la superficie del tomate con un palillo chino, sin apretar y sin clavarlo, recorriendo la piel en pasadas cortas hasta cubrir el fruto entero, de arriba abajo y de abajo arriba.

Después se hace un pequeño agujero con la punta del palillo en la base del tomate. Ese orificio es el punto por el que se empieza a tirar de la piel, que se despega sola y sin arrastrar la pulpa.

El palillo, en realidad, no tiene nada de mágico, lo que importa es la forma del utensilio. Por eso, otros cocineros hacen exactamente lo mismo pasando el lomo del cuchillo, el lado que no corta, por toda la superficie del tomate. El objetivo es el mismo: despegar la piel de la carne por fricción, sin romperla y sin calor.

Razones nutricionales para consumir tomate

Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), el tomate está formado en su mayor parte por agua y aporta alrededor de 22 kcal por cada 100 gramos, con un contenido bajo de proteínas y prácticamente nulo de grasa.

Su nutriente más reconocible es la vitamina C, con unos 26 miligramos por cada 100 gramos, a los que se suman vitamina E, folatos y vitaminas del grupo B. Entre los minerales destaca el potasio, junto con cantidades menores de magnesio y fósforo.

El tomate también aporta carotenoides, y en especial licopeno, el pigmento responsable de su color rojo.

Es, además, antioxidante frente al daño celular, aunque su concentración varía según la variedad, el grado de maduración y el modo de cultivo del tomate. En general, hay más en los tomates maduros y en los cultivados al aire libre.

Al tratarse de una sustancia liposoluble, el licopeno se absorbe mejor cuando el tomate se tritura o se cocina con una grasa como el aceite de oliva virgen extra.