Samuel López, hostelero sevillano, en su nuevo local.

Samuel López, hostelero sevillano, en su nuevo local. Cedida

Sociedad

Samuel López, el empresario de 25 años, dueño de dos bares en Sevilla: "Trabajaba más de 12 horas al día para lograr esto"

El joven hostelero ha ampliado su proyecto con la apertura de un segundo local en Santa Justa con el que mantiene la verdadera esencia sevillana.

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Las claves

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Samuel López, de 25 años, ha abierto dos bares en Sevilla con el concepto de 'sevillanía en barra', apostando por la esencia del bar tradicional.

La inversión inicial de sus negocios rondó entre 100.000 y 120.000 euros, financiada con ahorros y apoyo externo.

Samuel trabaja jornadas de más de 12 horas y ha formado un equipo joven, buscando un ambiente cercano y familiar para clientes y empleados.

Su objetivo es consolidar sus dos locales en barrios cercanos y mantener el espíritu de bar de barrio, priorizando la conexión con la clientela local.

"Mi concepto queda bastante claro cuando digo 'sevillanía en barra'. Y es que no es más que la cervecería de toda la vida, donde pasar un rato genial con tu gente".

Con esa idea tan simple, Samuel López resume el secreto del proyecto que, con tan solo 25 años, le ha llevado a ponerse al frente de dos bares con los que ya triunfa en Sevilla.

Un proyecto detrás del que se esconde la intención de recuperar la esencia del bar sevillano de siempre, un lugar donde la cerveza fría, las conversaciones improvisadas y el trato cara a cara sigan siendo la parte más importante del día.

Samuel reconoce a EL ESPAÑOL que la idea de emprender le acompaña desde muy joven. "Desde chico, la cabeza me va a mil por hora y siempre me ha llamado el tema del emprendimiento, eso de que tus propias ideas puedan formar parte del mercado".

Esa inquietud le llevó a probar distintos caminos durante su etapa de estudios, aunque no todos salieron como esperaba.

El nuevo local de Perita, donde incluye como novedad la cocina y el marisco.

El nuevo local de Perita, donde incluye como novedad la cocina y el marisco. Cedida

Fue durante la pandemia, mientras estudiaba FYCO, cuando decidió cambiar de rumbo y centrarse en Marketing, en paralelo a un momento en el que, como él mismo recuerda, "se puso muy de moda el tema de los jóvenes emprendedores".

Sin embargo, su conexión con la hostelería no la pudo ignorar. Su amor por la restauración le llegó casi de forma natural.

Y es que este joven sevillano llevaba toda la vida entre fogones, ayudando a su madre mientras era cocinera en un conocido bar.

Empezó a trabajar en bares y encontró algo que encajaba con su forma de entender la vida.

"Desde que empecé a trabajar en hostelería tuve claro que quería montar mi propio negocio", confiesa con emoción.

Fue a partir de ese momento, cuando el objetivo dejó de ser una idea plasmada en un papel para convertirse en un plan basado en la realidad.

El paso no fue sencillo. La inversión inicial rondó "entre los 100.000 y 120.000 euros", una cifra elevada para alguien de su edad, que logró reunir con ahorros propios y financiación externa.

Este bar mantiene una de las cervezas más frías de Sevilla gracias a la técnica del tanque de salmuera.

Este bar mantiene una de las cervezas más frías de Sevilla gracias a la técnica del tanque de salmuera. Cedida

"Sin esa financiación realmente no se podría montar el negocio, porque siendo joven no te da tiempo a ahorrar todo lo que cuesta montar un bar", explica.

Aun así, lo consiguió. El 11 de septiembre abrió las puertas del primer Perita, en pleno barrio de San Julián, creando un nuevo punto de encuentro en la capital.

Sin embargo, esos primeros meses no fueron coser y cantar.

Samuel trabajaba prácticamente "todos los días", con jornadas "de más de 12 horas" en las que combinaba barra, proveedores y resolución constante de problemas.

Pero no le pesaba, le gustaba y reconoce que el esfuerzo empezó a dar resultados antes de lo esperado, lo que le motivó a seguir su aventura.

El éxito del primer local abrió la puerta al segundo apenas 8 meses después. "Cuando vi que tenía un alquiler similar, un espacio parecido y la zona me cuadraba, decidí dar el paso y montar el segundo negocio", confiesa.

Así nació el nuevo Perita, en calle Esperanza de la Trinidad 9, otro bar de toda la vida que comparte una misma filosofía, la de la cercanía.

Parte del equipo de camareros del primer local en San Julián.

Parte del equipo de camareros del primer local en San Julián. Cedida

Y es que si algo tiene claro Samuel es que aunque estén en sitios diferentes, el objetivo es el mismo.

Como dueño espera que el cliente se sienta parte de algo más grande que un simple servicio.

"Llegas allí, te encuentras a cualquiera, empiezas a hablar con todo el mundo y al final se crea como un club social", relata.

La cerveza, bien tirada y cuidada, es uno de los pilares, pero también lo es el ambiente, ese "buen rollo" que Samuel intenta transmitir como joven desde el equipo.

En el nuevo Perita solo sirven vasos de caña, una particularidad que gusta mucho a sus clientes.

En el nuevo Perita solo sirven vasos de caña, una particularidad que gusta mucho a sus clientes. Cedida

"Allí te sientes en un hogar. Ves a los camareros súper jóvenes, con ganas de disfrutar y de trabajar. Se crea un ambiente general en el que te sientes como en casa. Yo creo que en muchos sitios también se da este caso, pero en Perita es algo especial", confiesa.

Hoy, su negocio cuenta con 13 trabajadores entre camareros y cocineros, que rondan todos la misma edad, además de Patricia, su pareja y apoyo diario, encargada de las redes sociales y la gestión diaria.

Samuel junto a Patricia, su pareja y apoyo en el negocio.

Samuel junto a Patricia, su pareja y apoyo en el negocio. Cedida

La apuesta por gente joven no es casual. "He optado por el talento joven porque soy un dueño y empresario joven, y con quien mejor me voy a entender es con gente cercana a mi edad. Al final, si yo estoy aquí con gente mucho mayor que yo, no va a haber la misma conexión ni nos vamos a entender igual que con personas que estén en un rango de uno a diez años de diferencia", detalla.

"Hay mucha más conexión y es lo que queremos, transmitir buen rollo, que todos estén conectados como si fuese un reloj. Necesitamos estar en la misma onda. Entonces, para mí, es esencial que los camareros sean jóvenes", explica.

El joven empresario insiste en la importancia de la comodidad, el estado de ánimo y el liderazgo diario dentro del equipo.

"Yo me he dado cuenta de que cuando tú estás bien, lo puedes transmitir a tu equipo. Cuando estás cansado, agobiado o estresado, tu equipo no trabaja igual, no tiene las mismas ganas. Si tú no los motivas y no tienes buen aspecto, ellos también se van a cansar", explica.

Samuel López junto a dos de sus empleados en el nuevo local.

Samuel López junto a dos de sus empleados en el nuevo local. Cedida

Una forma de entender la gestión que, dice, ha aprendido a base de experiencia directa en el propio local.

A pesar de la buena acogida que ha tenido en su ciudad natal, Samuel no quiere correr más de la cuenta.

Como le dice a sus amigos, prefiere consolidar lo que ya tiene antes que expandirse sin control. "Prefiero no abarcar tanto y quedarme con dos opciones en barrios muy cercanos, manteniendo la clientela local".

Una decisión que, en su caso, también forma parte del mismo concepto con el que empezó todo, devolver a Sevilla la esencia de bar cercano, de barrio, donde lo importante sigue siendo la gente.