La Sociedad Gastronomika en Mercer Hotel.

La Sociedad Gastronomika en Mercer Hotel.

Restaurantes

Eneko Atxa estrena nuevo restaurante en Madrid: a un paso del Retiro en la histórica sede de Azucarera Española

La Sociedad Gastronomika, en el Mercer Hotel Madrid 5*GL, es el segundo proyecto que dirige el chef y propietario del triestrellado Azurmendi en la capital.

Más información: El discípulo de Eneko Atxa que triunfa a las afueras de Bilbao con alta cocina peruana y producto vasco

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A un paso del Parque del Retiro, en una de las esquinas más silenciosas y elegantes del barrio de Los Jerónimos, Madrid suma un nuevo templo gastronómico con firma de altura.

El chef vasco Eneko Atxa acaba de inaugurar La Sociedad Gastronomika, el restaurante que dirige dentro del Mercer Hotel Madrid 5*GL , un proyecto que no solo amplía la presencia del cocinero en la capital, sino que también conecta alta cocina, patrimonio arquitectónico e identidad cultural.

El restaurante ocupa la planta baja de un edificio de 1905 que fue concebido originalmente como sede de la Sociedad General Azucarera de España, uno de los grandes símbolos industriales del país durante las primeras décadas del siglo XX.

El inmueble, de más de 5.500 metros cuadrados y protegido por el Catálogo General de Edificios Protegidos, conserva todavía el peso histórico de aquella época en la que la Azucarera llegó a controlar prácticamente toda la producción nacional de azúcar de remolacha.

Durante décadas, aquellos despachos y laboratorios representaron el músculo económico de una España industrializada; hoy, el espacio se transforma en un sofisticado refugio gastronómico donde el lujo es discreto pero evidente.

Lomo en tempura sobre jugo de txistorra y pimientos brasa.

Lomo en tempura sobre jugo de txistorra y pimientos brasa.

En ese diálogo entre memoria y contemporaneidad encaja con naturalidad la cocina de Atxa. El chef de Azurmendi —considerado uno de los restaurantes más sostenibles del mundo y distinguido con tres estrellas Michelin y una estrella verde— ha construido una trayectoria marcada por la sensibilidad hacia el entorno, el respeto por el producto y una mirada emocional de la gastronomía.

La Sociedad Gastronomika representa su noveno restaurante y el segundo en Madrid, aunque el cocinero insiste en que cada uno de sus proyectos responde a una personalidad propia, como trató de buscar en Eneko Basque, el restaurante alojado en el Radisson Red de la calle Atocha.

"Me gusta mucho Madrid y quería hacer hacer algo muy 'chiquitín', muy cuidado y especial", explica Atxa, que venía desde hace tiempo entablando relación con Pedro Molina, fundador y CEO de Mercer Hotels.

Aquí, la propuesta busca trasladar la esencia de Azurmendi al corazón de la capital, pero sin caer en la réplica literal, por eso su icónico plato de quisquillas se presenta aquí como una reinterpretación de unas gambas al ajillo.

Se mueven en un menú único (165€) que irá transitando las temporadas: "Quiero que los platos sean también sencillos y el menú la flexibilidad que nos caracteriza".

En La Sociedad Gastronomika, la cocina de Atxa se mueve entre la raíz vasca y una interpretación contemporánea donde el paisaje, la temporalidad y la memoria aparecen constantemente en el plato.

Y para su correcta ejecución "viene gente de cada casa", explica el chef de Azurmendi, que ha construido un equipo en el que puede delegar y confiar para manejar este "sitio pequeño donde se cocina delante del cliente".

Erizos de mar y manzanilla.

Erizos de mar y manzanilla.

Sus elaboraciones no persiguen únicamente la excelencia técnica sino que buscan la belleza en el sabor, en la presentación y en la narrativa.

El espacio cuenta con grandes ventanales abiertos a las calles Ruiz de Alarcón y Juan de Mena, que llenan de luz natural un comedor de líneas elegantes y atmósfera serena.

El restaurante dispone además de una exclusiva mesa frente a la cocina para apenas 12 comensales, concebida como una experiencia inmersiva donde el cliente puede observar el trabajo del equipo prácticamente al detalle. A ello se suma una sala contigua para 24 personas y una bodega privatizable con capacidad para 16 invitados, reforzando la idea de exclusividad discreta que define al proyecto.

El menú degustación, eje central de la experiencia, funciona como un recorrido personal por el universo creativo del chef. En él conviven técnica y emoción, tradición y vanguardia, siempre con una fuerte presencia del producto estacional. Atxa entiende cada plato como una forma de conectar al comensal con el territorio y con quienes lo hacen posible: agricultores, pescadores y pequeños productores que forman parte esencial del relato gastronómico.