Image: Avión que va,...
Lugar de encuentro entre el diseño y la creación literaria, espacio de ruptura e inconformismo, el libro-objeto resulta tan atractivo como perturbador. Su propio nombre ya resulta problemático: ¿qué se quiere decir exactamente con libro-objeto?, ¿acaso un libro no es en sí mismo un objeto?, ¿acaso esa reafirmación como objeto no implica un alejamiento de lo literario?
Estos interrogantes no son ajenos a Avión que va, avión que llega. En apariencia se trata de un libro habitual. Sin embargo, el troquelado que marca la portada del libro es una huella de lo que el lector encontrará en su interior. Las hojas que lo componen invitan a ser arrancadas y plegadas para que los avioncitos de papel-poemas se articulen y adquieran alas. De este modo se materializa más de una metáfora y depende del joven partícipe que los versos de Laura Devetach echen a volar. Por supuesto, el mediador que nos enseña el secreto de los dobleces no es otro que el inclasificable Istvansch. Obra especialmente recomendada para el espacio aéreo del aula de clase.
Estos interrogantes no son ajenos a Avión que va, avión que llega. En apariencia se trata de un libro habitual. Sin embargo, el troquelado que marca la portada del libro es una huella de lo que el lector encontrará en su interior. Las hojas que lo componen invitan a ser arrancadas y plegadas para que los avioncitos de papel-poemas se articulen y adquieran alas. De este modo se materializa más de una metáfora y depende del joven partícipe que los versos de Laura Devetach echen a volar. Por supuesto, el mediador que nos enseña el secreto de los dobleces no es otro que el inclasificable Istvansch. Obra especialmente recomendada para el espacio aéreo del aula de clase.