Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. Europa Press

Sociedad

Portugal da una lección a España con el Impuesto de Sociedades: aplica una tarifa reducida de hasta el 12,5%

En relación a la carga fiscal, nuestro vecino luso ofrece, en ocasiones, un Impuesto de Sociedades mucho más bajo en comparación a España.

Más información: China cambia de aliados: ahora pretende aumentar las importaciones desde la UE y se distancia de EEUU

Publicada

Las claves

Portugal aplica un Impuesto de Sociedades escalonado, con tipos reducidos del 17% hasta 50.000 euros y del 21% a partir de esa cifra.

En zonas del interior de Portugal, el impuesto puede bajar hasta el 12,5% para los primeros 50.000 euros de base imponible, incentivando la inversión en regiones menos pobladas.

España mantiene un tipo general del 25%, aunque ofrece un 15% para empresas de nueva creación y reducciones progresivas para microempresas y pymes.

El sistema portugués destaca por su simplicidad y tipos bajos, mientras que el español apuesta por incentivos específicos y una estructura más compleja.

El Impuesto de Sociedades se ha convertido en uno de los grandes indicadores de competitividad fiscal entre países.

Este tributo, que grava los beneficios de las empresas, no solo determina cuánto pagan las compañías, sino también dónde deciden invertir, crecer o establecer su sede.

En este contexto, Portugal ha logrado situarse en el foco con un modelo que introduce ventajas claras para las pequeñas y medianas empresas, marcando distancias con el sistema español.

A partir de ahí, las diferencias entre ambos países se hacen más evidentes al analizar cómo se estructura este impuesto.

España mantiene un tipo general del 25%, mientras que Portugal aplica un sistema escalonado que suaviza la carga fiscal en los primeros niveles de beneficio: un 17% hasta los 50.000 euros y un 21% a partir de esa cifra.

Este planteamiento ya supone, de entrada, una menor presión para muchas empresas, especialmente aquellas que se encuentran en fases iniciales de crecimiento o consolidación.

El atractivo portugués no se queda ahí. En determinadas zonas del interior, diseñadas como áreas prioritarias para el desarrollo económico, el tipo puede reducirse hasta el 12,5% para los primeros 50.000 euros de base imponible.

Este incentivo territorial busca dinamizar regiones menos pobladas y, al mismo tiempo, atraer inversión empresarial con una fiscalidad especialmente competitiva. Una estrategia que combina política fiscal y equilibrio territorial, dos elementos clave en el contexto europeo.

En contraste, el modelo español es más uniforme, aunque incorpora distintos mecanismos para aliviar la carga en casos concretos. Las empresas de nueva creación, por ejemplo, tributan al 15% durante sus primeros años de beneficios.

Además, se han introducido reducciones progresivas para microempresas y pymes, con la intención de rebajar el tipo efectivo en los próximos ejercicios, especialmente para aquellas con menor volumen de facturación.

Asimismo, otro rasgo característico del sistema español es su apuesta por las deducciones, especialmente en actividades vinculadas a la innovación. Las compañías que invierten en I+D+i pueden beneficiarse de importantes incentivos fiscales, lo que compensa parcialmente el mayor tipo nominal.

Sin embargo, este enfoque también implica una mayor complejidad administrativa y exige una planificación fiscal más cuidadosa para aprovechar al máximo las ventajas disponibles.

En conjunto, el contraste entre ambos países refleja dos maneras de entender la política tributaria.

Portugal opta por tipos más bajos y ventajas claras desde el inicio, especialmente en territorios concretos, lo que facilita la toma de decisiones empresariales. España, en cambio, articula su competitividad a través de incentivos específicos y ajustes progresivos.

Más allá de los porcentajes, la diferencia radica en la simplicidad frente a la sofisticación del sistema, un factor que cada vez pesa más en la estrategia de las empresas.