Andrea Pirastu

Andrea Pirastu

Vinos El vino favorito de

Una garnacha del Roussillon, el vino "de sed" que triunfa en el restaurante más personal de Puerta del Ángel

Junto al Manzanares, Andrea Pirastu rinde homenaje a su abuela María del Río con cocina vegetal, técnica precisa y vinos "pequeños", como este tinto francés ligero, versátil y muy bebible, que se sirve un poco más fresco de lo habitual.

Más información: De Moravia a Bolivia: los vinos más inesperados de los premios Bacchus 2026

Publicada

María del Río, el restaurante que Andrea Pirastu inauguró en octubre de 2024 en el madrileño barrio de Puerta del Ángel, responde a una idea sencilla pero potente: hacer un lugar honesto, sin artificios, donde el producto, la cocina y el vino estén totalmente al servicio del disfrute, no del discurso.

Ubicado junto al río Manzanares, el local rinde homenaje a la abuela de Andrea, María del Río, de 102 años, y se convierte en una casa de barrio con mirada actual, donde se puede comer y beber muy bien sin posados ni ceremonias.

Con más de 14 años desarrollando proyectos hosteleros en Madrid —entre ellos Aió, Casa dei Pazzi, La Bruta o La Embajada de Embajadores—, Pirastu pone en María del Río su proyecto más personal

María del Río

María del Río

.

El menú se centra en una cocina vegetal sin dogmas, donde las verduras tienen protagonismo absoluto, pero conviven con carne y pescado cuando “tiene sentido”, y la técnica de baja temperatura al vacío se completa con fuego, plancha o flambeado para preservar sabor y textura, pero sin solemnidad.

La carta es corta y cambiante, sin calendario cerrado, y los platos fuera de carta forman parte del ADN del proyecto. Entre los imprescindibles de la clientela se encuentran la burrata, la ternera especiada a baja temperatura o la pasta con ternera, mientras otros platos entran, se ajustan y desaparecen.

El restaurante también da mucha importancia a quesos y embutidos, con unos 15 quesos y unos 10 embutidos rotativos, siempre cortados al momento, procedentes de Ardai y de productores italianos y españoles. Y, por supuesto, al vino. La bodega se apoya en proyectos pequeños con un listado que ronda las 50 referencias entre tintos, blancos, Orange Wines y espumosos.

CREMA DE SETAS SILVESTRE, CHIPS DE CHIRIVÍA Y CRUMBLE DE ANACARDOS

CREMA DE SETAS SILVESTRE, CHIPS DE CHIRIVÍA Y CRUMBLE DE ANACARDOS

La estética, desarrollada junto a Florencia Porreca y Estudio Ripani, juega con líneas limpias, un azul muy presente en sillas y mesas hechas por un ebanista gallego y una gran mesa de mármol que invita al compartir.

Las copas, dibujadas a mano por la propia abuela María del Río, colocan un matiz íntimo y familiar encima de la mesa. El espíritu general es claro: cero protocolos innecesarios y una experiencia relajada, cercana y sin presión, pensada para el barrio, no para el escaparate.

Una garnacha adictiva

Entre los vinos que más está saliendo, La Soif du Mal Rouge, de Les Foulards Rouges, se lleva la palma. Un tinto de garnacha del Rosellón, en el sur de Francia, que Pirastu llama cariñosamente “un vino de sed”: ligero, fresco y muy fácil de beber, con mucha fruta y poco tanino.

Para él, encaja perfectamente en una carta centrada en vinos pequeños, ricos y con personalidad, donde primero manda que el vino esté bueno y, si es de mínima intervención, mejor.

La Soif du Mal Rouge, de Les Foulards Rouges

La Soif du Mal Rouge, de Les Foulards Rouges

“Ahora mismo me gustan los vinos que no tienen demasiadas complicaciones y muy bebibles, y este es exactamente eso. De hecho, me gusta servirlo un poco frío”, añade. “Además, funciona muy bien en la mesa porque no tapa la comida y acompaña muy bien platos con verduras o con especias”.

Servido unos grados por debajo de la temperatura habitual, esta garnacha francesa se vuelve jugosa y refrescante, con un carácter muy directo, bastante fruta fresca y una acidez que pide una segunda copa.

La Soif du Mal Rouge no busca ser un gran vino de guarda, sino de disfrute en compañía, con platos donde la textura y el sabor de la verdura, el pescado o incluso cortes de carne ligeramente especiados brillan como protagonistas. La pareja perfecta de la cocina de María del Río: respetuosa, franca y sin extravagancias.