Demi Moore, Isaach De Bankole, Laura Wandel, Park Chan-wook, Ruth Negga, Diego Cespedes y Paul Laverty, el Jurado Oficial en la presentación del Festival de Cannes. Foto: EFE/EPA/SEBASTIEN NOGIER
Cannes arranca con polémica por la escasa participación de mujeres y defendiendo el cine como acto de resistencia
El director Peter Jackson recoge en la gala inaugural la Palma de Oro de Honor de manos de Elijah Wood, el Frodo de 'El señor de los anillos', y ambos emocionan recordando los albores de su amistad.
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El Festival de Cannes se sabe importante, capital, y disfruta desplegándose como historia viva del cine. Incluso en ediciones como la presente, que ha sido cuestionada por rechazar a la industria americana, en favor de una parrilla de producciones europeas de lo más potente. Pasarán por la Croisette cineastas de la talla de Cristian Mungiu, Paweł Pawlikowski, Ira Sachs, László Nemes, o los japoneses Hirokazu Kore-eda y Ryusuke Hamaguchi, ambos coproduciendo con Francia.
España ha roto récords con la presencia en sección oficial de El ser querido de Rodrigo Sorogoyen, La bola negra de los Javis y Amarga Navidad de Pedro Almodóvar; números históricos para una cinematografía, la española, que “está claro que viene mostrando desde hace unos años una revitalización, un proceso”, en palabras del director artístico Thierry Frémaux, durante su comparecencia a la prensa el lunes tarde. Desde Cannes se escribe la historia del cine y, por ello, galas como la de anoche –con las risotadas de Peter Jackson mientras olvidaba el prómpter al abrazo de su compañero Elijah Wood– vibran con una energía especial.
No se ignoran con tanta facilidad, claro, otros agujeros de guion… Incongruencias que el Festival de Cannes reconoce sonriendo, mientras se encoge de hombros. El lunes, Frémaux tenía que responder a las demandas del colectivo feminista 50/50, que acusaba al certamen de practicar feminist washing, un lavado de cara seudofeminista, al escoger como imagen para el póster de la 79ª edición a la película Thelma y Louise, icono para la lucha púrpura, mientras sólo cinco de las 22 películas a competición están dirigidas por mujeres (eso no es ni un 24%).
Demi Moore defiende el fin de la censura
Susan Sarandon, de hecho, estuvo muy presente durante la intervención más destacable de la rueda de prensa de apertura del Jurado Oficial, compuesto por el cineasta Park Chan-wook como presidente, a quienes acompañan la ex-rat pack Demi Moore, la oscarizada Chloé Zhao (Hamnet), el veterano Stellan Skarsgård (Valor sentimental), el actor francés Isaach De Bankolé (Ghost Dog: El camino del samurái), la actriz irlandesa-etíope Ruth Negga (Loving), la cineasta belga Laura Wandel (Adam’s Sake), así como el director chileno Diego Céspedes (La misteriosa mirada del flamenco) y el guionista escocés Paul Laverty, colaborador habitual de Ken Loach.
Diego Cespedes, Ruth Negga Stellan Skarsgard, Demi Moore, Jury President Park Chan-wook, Chloe Zhao, Isaach de Bankole y Laura Wandel. Foto: EFE/EPA/KATE GREEN/ POOL
A Sarandon se la recordó a raíz de las declaraciones en los Goya, cuando confesó el ninguneo de parte de la industria de Hollywood y de su agente, debido a la franqueza política de la actriz. En la rueda, preguntaban a Demi Moore por la necesidad de superar la censura en el panorama creativo actual, a lo que ella respondía con palabras grandes, y sí, algo más atinadas que las de Wim Wenders sobre el arte y la política en el último Festival de Berlín, pero sin dar (aún) en el clavo de la responsabilidad mediática. Decía, “parte del arte tiene que ver con la expresión; si empezamos a autocensurarnos, creo que estamos anulando la esencia misma de nuestra creatividad, que es precisamente donde podemos encontrar la verdad y las respuestas”.
Al subir al escenario para declarar la 79ª edición del Festival junto a Gong Li, Jane Fonda apelaba a la urgencia de las voces políticas, también desde el cine: “Creo en el poder de las voces. Voces en la pantalla, voces fuera de ella y, definitivamente, voces en la calle; sobre todo ahora. El cine siempre ha sido un acto de resistencia porque contamos historias, y las historias son lo que conforma una civilización: historias que despiertan empatía por los marginados, que nos permiten sentir más allá de nuestras diferencias”.
Una Palma de Oro “con mucho corazón”
Unas horas antes, Park Chan-wook seguía a su compañera de Jurado, Demi Moore, con una defensa férrea –tan férrea como dejaba intuir el traductor del coreano del cineasta tras No hay otra opción– de lo indisociable de la ética y la estética a través de la escritura personal: “El arte y la política no son conceptos que entren en conflicto; siempre que haya una expresión artística, ambos tienen valor”.
Un alegato de la primera persona como la solución última a todos los debates arte-política, que la protagonista de Algunos hombres buenos o La sustancia luego remataba opinando sobre la actualidad tecnológica, no sin dudar. “La inteligencia artificial ya está aquí, así que intentar combatirla es librar una batalla perdida. Por eso, creo que buscar formas de colaborar con ella es un camino mucho más útil”.
Y continuaba: “No hay nada que temer, porque lo que la tecnología nunca podrá reemplazar es el origen del verdadero arte: este no nace de lo físico, sino del alma”. Después Paul Laverty, sentado en la misma mesa pero mucho más a la izquierda –literal y figurada– recordaba la necesidad de parar los pies a los “tech bros, magnates multimillonarios y que, en su mayoría, son libertarios de derechas” que las controlan.
El tiroteo de declaraciones a bocajarro de la tarde cubría fantasmal la gala inaugural de anoche, con como siempre en Cannes marcada por un guion repleto de pullitas a las redes sociales y a los “peros” de la prensa acreditada. Incluso la justificación de la Palma de Oro de Honor se vivió como una suerte de posicionamiento político.
Del homenajeado Peter Jackson se subrayaba, antes que nada, cómo hizo su primera película –Mal gusto, en 1987– con una camarita barata y secuestrando el horno de sus padres para fabricar máscaras de alienígena caseras. “Artesano” y “con mucho corazón” a pesar de la envergadura que tomaría su carrera posterior, Jackson parece el premiado perfecto para acallar cualquier sospecha de colaboracionismo con la IA o las big tech, a pesar de que ayer tarde pasearon por delante de la alfombra roja dos robots de la firma francesa ERM.
Peter Jackson, en Cannes. Foto: EFE/EPA/CLEMENS BILAN
En cualquier caso, el encuentro entre Jackson y el Frodo de la saga del Anillo, Elijah Wood, fue de lo más divertido de la velada. El director apeló a los 27 años de amistad con Wood, durante los cuales el actor prácticamente no ha cambiado físicamente, aunque bromeaba: “Se ha dejado crecer un poco de bigotito. Si alguien hace una nueva versión de Lo que el viento se llevó, ese podría ser tu papel”.
Jackson, quien reconocía la sorpresa cuando le comunicaron el premio honorífico (“Mi cine no ha sido nunca muy de Cannes”), aprovechó para recordar sus dos visitas al evento. La primera sirvió para vender Mal Gusto en el Marché du Film, donde consiguió venderla a quince países (“Entré siendo un cinéfilo y salí siendo un cineasta”), y durante la segunda, en 2001, fue para proyectar los veinte primeros minutos de La comunidad del anillo ante la crítica.
“Habíamos rodado El Señor de los Anillos durante tres años, y rodamos las tres películas al mismo tiempo. Y la prensa estaba un poco rara; fue una época extraña porque Warner estaba en proceso de venta. Sí, todo lo que va, vuelve. Así que todos los periodistas hablaban de ‘esta gran locura’. ‘¿Qué pasa si la primera película fracasa? ¿Qué van a hacer con la segunda y la tercera si ya están terminadas?’”, explicaba. “Todos los medios decían que esa apuesta iba a salir mal”… “El resto”, confesaba entre dientes, “es historia”.