Una millennial en la consulta de una psicóloga.

Una millennial en la consulta de una psicóloga. Pressfoto Pikfree

Ciencia

La psicología sugiere que las personas nacidas entre 1980 y 1990 se exigen más, pero sienten más frustración

La llegada de internet cambió la adolescencia de los millennials y multiplicó la exposición, la comparación social y la búsqueda de aprobación.

Más información: Sandra Moñino, nutricionista: "El desayuno perfecto no lleva tostadas, sino huevos revueltos o fiambre sin grasa"

J. Rodríguez
Publicada
Las claves
Las claves

Los millennials crecieron creyendo que el esfuerzo y la formación asegurarían una vida estable, pero la realidad económica y social fue muy diferente.

Un 31% de los nacidos entre 1980 y 1990 ha recibido algún diagnóstico de salud mental, con alta prevalencia de ansiedad, depresión y burnout.

Esta generación, pionera en vivir la transición entre lo analógico y lo digital, enfrenta presión por la comparación social y una búsqueda constante de validación externa.

Aunque los millennials tienen mayor conciencia sobre la salud mental, gestionar el malestar sigue siendo un desafío debido a factores estructurales y culturales.

Los millennials crecieron con la promesa de que estudiar y esforzarse bastaría para construir una vida estable. Sin embargo, la realidad económica y social terminó alejándose bastante de aquellas expectativas iniciales.

El psicólogo Adrián Quevedo señala que esta generación presenta una elevada presencia de problemas de salud mental. Según explica, un 31% de los millennials reconoce haber recibido algún diagnóstico de salud mental.

Ansiedad, depresión y burnout aparecen así vinculados a una generación que, pese a estar considerada especialmente preparada, también puede experimentar una intensa sensación de desgaste emocional y frustración acumulada constante.

Una de las claves estaría en la distancia entre lo que esperaban encontrar y lo que finalmente encontraron. Las crisis económicas, la precariedad laboral, los alquileres elevados y los sueldos estancados alteraron ese horizonte.

Durante su infancia y juventud recibieron además un mensaje muy concreto: si trabajaban duro, acabarían consiguiendo aquello que se proponían. Esa idea terminó alimentando una exigencia personal constante y difícil de abandonar.

Una generación pionera

Cuando los resultados no llegaban, esa misma lógica podía convertirse en frustración y sensación de fracaso. El problema no era necesariamente la falta de esfuerzo, sino unas circunstancias que escapaban a su control.

También fueron la primera generación que atravesó la adolescencia entre dos mundos: el analógico y el digital. La llegada de internet y las redes sociales transformó profundamente sus relaciones y su manera de verse.

La exposición permanente, la comparación social y la búsqueda de validación externa pueden favorecer problemas relacionados con la autoestima, la ansiedad o incluso los trastornos de la conducta alimentaria, especialmente durante etapas de vulnerabilidad.

A estos cambios se suma una transformación cultural acelerada que ha afectado al trabajo, la tecnología, las relaciones afectivas, la identidad y los valores. Para Quevedo, esa velocidad puede generar inseguridad.

Las relaciones personales también han cambiado. Aunque existen más posibilidades de estar conectados, los vínculos pueden haberse vuelto más fragmentados y digitales, mientras la soledad emocional puede aparecer incluso estando acompañado.

Al mismo tiempo, los millennials cuentan con una mayor conciencia sobre la importancia de la salud mental. Hablar de estos problemas ya no resulta tan tabú, aunque reconocerlos no significa saber gestionarlos.

El psicólogo también los presenta como una generación puente, porque intenta cuestionar patrones familiares y formas de hacer heredadas. Romper con aquello considerado normal puede implicar culpa, conflicto interno y sensación de no encajar.

Desde esta perspectiva, Quevedo plantea que comprender este contexto no significa buscar culpables. Para los millennials, asumir que están intentando hacer las cosas de otra manera puede ayudar a interpretar su malestar.