La cocinera Roberta Cipri y unos huevos en el purgatorio iStock
Roberta, cocinera: "Los huevos más sabrosos no son los fritos; se cocinan con salsa de tomate y mozzarella rallada"
Una receta para rebañar el plato que, si tienes a mano una salsa de tomate casera (o una buena de bote), se hace en menos de lo que tardas en poner la mesa.
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- Comensales: 2
Tres ingredientes, una sartén y un cuarto de hora. Eso es todo lo que separa una cena aburrida de una cena saludable para rebañar el plato.
Estos huevos en el purgatorio típicos de la cocina napolitana son uno de los mejores ejemplos de que lo bueno no tiene por qué ser complicado.
La receta es de Roberta Cipri, una cocinera italiana afincada en Costa Rica y responsable del restaurante Aroma Roma en San José, que la ha compartido en su perfil de Instagram (@chefrobertaofficial).
Y es tan fácil como una buena salsa de tomate, huevos cocinados dentro de ella y un puñado de queso por encima. Sin horno, sin complicaciones, pero, a ser posible, con una buena barra de pan.
¿Qué son los huevos en el purgatorio?
El nombre suena dramático, pero la explicación es mucho más terrenal. Uova in purgatorio es una receta napolitana de origen humilde que aparece documentada al menos desde el siglo XIX.
Los huevos se cocinan sumergidos en una salsa de tomate burbujeante y recuerdan a las almas que, según la tradición católica, ansían esquivar las llamas del infierno y alcanzar el cielo.
La versión de Roberta añade mozzarella y parmesano, que hace que la receta sea algo más contundente que el original napolitano, pero también mucho más gocha.
En algunas zonas del sur de Italia se le echan también guindilla, alcaparras o aceitunas, pero la base siempre es la misma: tomate, huevo y pan para no dejar ni rastro en el plato.
Hacer la scarpetta: el arte italiano de rebañar el plato
En Italia, al acto de rebañar la salsa del plato con un trozo de pan se le llama fare la scarpetta, literalmente, "hacer el zapatito".
El nombre viene de la forma que adquiere el pan al curvarse entre los dedos mientras recoge los restos de la salsa, como una pequeña zapatilla que recorre el plato. Lo que en España llamamos "hacer barquitos".
Es un gesto que en la alta cocina se consideró durante mucho tiempo una falta de educación, pero que en la mesa familiar italiana siempre ha sido un signo de que la comida estaba buena de verdad.
"Con esta receta es obligatorio hacer la scarpetta", avisa Roberta en el vídeo. Y tiene razón, porque dejar salsa en el plato cuando hay yema cremosa y mozzarella fundida sería casi un delito gastronómico.
Receta de huevos con tomate y queso
Ingredientes
- Salsa de tomate casera o de bote de calidad, 400 ml
- Huevos, 4 ud
- Mozzarella fresca, 100 g
- Parmesano rallado, 2 cucharadas
- Aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas
- Ajo, 1 diente
- Albahaca fresca, unas hojas
- Sal, al gusto
- Pimienta negra, al gusto
- Pan rústico o ciabatta, cantidad necesaria para las bruschette
Paso 1
Ponemos aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia y añadimos el diente de ajo pelado. Sofreímos a fuego medio hasta que el ajo esté dorado y haya soltado su aroma.
Paso 2
Agregamos la salsa de tomate, salpimentamos y dejamos cocinar a fuego medio-bajo durante unos 10 minutos, hasta que la salsa reduzca ligeramente y oscurezca de color.
Paso 3
Hacemos cuatro huecos en la salsa con el dorso de una cuchara y cascamos un huevo en cada uno, directamente sobre la salsa.
Paso 4
Repartimos la mozzarella troceada por encima de los huevos y la salsa. Tapamos la sartén y cocinamos a fuego suave durante 5 minutos, hasta que la clara esté cuajada y el queso fundido.
Paso 5
Mientras tanto, cortamos el pan en rebanadas y las tostamos en una sartén o en el grill del horno (o en la freidora de aire) hasta que estén crujientes por fuera.
Paso 6
Retiramos del fuego, espolvoreamos con el parmesano rallado y unas hojas de albahaca fresca. Servimos directamente en la sartén con las bruschette al lado.
Huevos a la española: recetas con historia para no olvidar
Aunque parezca lo contrario, la cocina española también tiene una larga tradición de recetas con huevo que van mucho más allá de la tortilla, los huevos rellenos y los huevos fritos.
Algunas, casi olvidadas, bien merecen seguir teniendo un hueco en nuestras mesas. Los huevos carlistas, también llamados huevos encapotados, huevos a la navarra o huevos al colchón, son una preparación ingeniosa que consiste en freír huevos en abundante aceite, dejarlos enfriar y envolverlos en una bechamel espesa.
Una vez cuajado el envoltorio, se empanan como si fueran croquetas y se fríen por segunda vez hasta que quedan dorados y crujientes por fuera. Al cortarlos, la yema debe estar todavía líquida.
Se cree que el nombre viene del último cuarto del siglo XIX, porque los colores del plato recordaban a la bandera del bando carlista, aunque es posible que la receta existiera antes y adoptara ese nombre tras el conflicto.
Más literarios son los duelos y quebrantos, el plato que Cervantes puso en la dieta semanal de don Quijote cada sábado.
Aunque su composición exacta ha dado lugar a décadas de debate entre filólogos y cocineros, la versión más aceptada en La Mancha consiste en unos huevos revueltos con torreznos y chorizo.