Hildemaro Solís, agente inmobiliario con residencia en un pueblo de Guadalara y trabajo en Madrid

Hildemaro Solís, agente inmobiliario con residencia en un pueblo de Guadalara y trabajo en Madrid YouTube (Hildemaro Solís)

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Hildemaro trabaja en Madrid y vive en un pueblo de Guadalajara: "La vida rural no es más barata, pero la pago feliz"

Este agente inmobiliario explica los costes que aparecen al mudarse fuera de una gran ciudad y por qué prefiere este estilo de vida

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Las claves

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Hildemaro Solís se mudó de Madrid a Alovera, Guadalajara, donde sigue trabajando en la capital pero vive en un entorno rural.

Contrario a lo que se piensa, Hildemaro afirma que la vida en el pueblo no es más barata, aunque la disfruta más por la calidad de vida.

Vivir en una vivienda más grande implica gastos adicionales como limpieza, seguros e impuestos, que pueden igualar o superar los costes de la ciudad.

El uso del coche y los desplazamientos diarios suponen otro gasto importante, aunque Hildemaro intenta reducirlos organizando sus horarios.

Mudarse fuera de Madrid no siempre significa ahorrar dinero. Hildemaro Solís lo descubrió después de cambiar la capital por Alovera, un pueblo de Guadalajara, donde ahora disfruta de una vivienda y un ritmo de vida diferentes mientras mantiene su vínculo laboral con Madrid.

Su conclusión es clara: "La vida en el pueblo no es más barata, es mentira, pero la pago feliz". El caso de este agente inmobiliario venezolano refleja una tendencia que también se aprecia en las localidades próximas a la Comunidad de Madrid.

Según los últimos registros del Instituto Nacional de Estadística (INE), la población de Guadalajara ha crecido entre un 1,5 y un 2 % interanual, por encima de la media nacional.

Hildemaro cuenta su experiencia a través de su canal de YouTube, donde analiza las diferencias entre ambos modelos de vida. Para él, una de las principales ventajas de abandonar Madrid está en la vivienda: la presión inmobiliaria es menor y permite acceder a propiedades con más espacio que las que se encuentran habitualmente en la capital.

Sin embargo, tener una casa más grande no significa necesariamente gastar menos. Los impuestos pueden aumentar en función de los metros cuadrados o de elementos como un vado, mientras que el mantenimiento también puede exigir un presupuesto mayor.

Una vivienda más grande también genera gastos

La experiencia del propio Hildemaro sirve como ejemplo. El tamaño de su vivienda le ha llevado a contratar a una persona para encargarse de la limpieza dos veces por semana, un gasto que se suma a los habituales de cualquier hogar.

El seguro es otro de los costes que pueden variar al pasar de un piso a una vivienda unifamiliar. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), asegurar este tipo de propiedades puede resultar más caro, aunque el precio final depende de las características del inmueble y de las coberturas contratadas.

Por eso, comparar únicamente el precio de la vivienda no permite conocer el coste real del cambio. Algunos gastos pueden reducirse, mientras que otros aparecen o aumentan al disponer de más espacio y una propiedad diferente.

A cambio, Hildemaro considera que obtiene algo que para él tiene más valor: calidad de vida. La tranquilidad, el espacio y la posibilidad de organizar su día de otra manera compensan esos gastos adicionales.

El coche, otro coste del cambio

Vivir fuera de Madrid también plantea el problema de los desplazamientos. Para muchas personas que residen en pueblos, el coche resulta necesario para acudir al trabajo o acceder a determinados servicios, lo que añade combustible, mantenimiento y tiempo al presupuesto.

Hildemaro intenta reducir ese gasto organizando sus horarios. Según explica, los trayectos pueden suponer 40 o 50 minutos al volante por sentido, una situación que también le lleva a limitar el uso del vehículo.

"Si me organizo los horarios no tengo la necesidad de moverme en coche, y para mí eso es calidad de vida", asegura. Además, reconoce que los accidentes son uno de sus principales temores y que esa es otra razón para evitar desplazamientos innecesarios.

Su experiencia demuestra que mudarse a un pueblo cercano a Madrid no tiene por qué ser una fórmula para ahorrar, sino una decisión basada también en otros factores. En el caso de Hildemaro, la cuenta final no se mide únicamente en euros. Aunque la vida rural no sea más barata, considera que lo que recibe a cambio merece la pena.