Imagen de ilustración de un padre e hijo.

Imagen de ilustración de un padre e hijo. E. E.

Ciencia

La psicología dice que los hijos que se ven obligados a asumir el rol de padres crecen con más necesidad de aprobación

La 'parentificación' también puede dejar adultos perfeccionistas, incapaces de pedir ayuda y acostumbrados a cargar con responsabilidades ajenas.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves
Las claves

La parentificación ocurre cuando un menor asume responsabilidades de adulto, cuidando a sus padres o siendo su principal apoyo emocional.

Esta situación suele darse por enfermedades, falta de recursos o ausencia de un progenitor, y es más común en hijas mayores.

Las personas que vivieron parentificación tienden a buscar aprobación, presentan dificultades para pedir ayuda, establecer límites y confiar en otros.

La experiencia puede generar perfeccionismo, necesidad de controlar, sentimientos de culpa y la tendencia a priorizar las necesidades ajenas sobre las propias.

Durante la infancia, algunos hijos terminan ocupando un lugar que no les corresponde: cuidar de sus propios padres. Esta dinámica, conocida como parentificación, puede dejar huellas en la vida adulta.

La parentificación aparece cuando un menor se ve obligado a asumir responsabilidades propias de un adulto, tanto en el terreno práctico como en el emocional, convirtiéndose en cuidador de alguno de sus progenitores.

En estos casos, el hijo puede encargarse de las tareas domésticas, tomar decisiones o convertirse en el principal apoyo emocional de su padre o madre. Cuando algo sale mal, además, puede sentirse culpable.

Esta situación suele aparecer cuando falta una relación saludable entre cuidador y menor. Puede darse, por ejemplo, cuando existen enfermedades físicas o mentales que dificultan que los progenitores puedan cuidarse adecuadamente.

Aunque la parentificación puede afectar a niños de cualquier género, la psicóloga Kaytee Gillis señala que es especialmente frecuente entre las hijas, sobre todo las mayores, por las expectativas culturales asociadas al cuidado familiar.

Roles intercambiados

No siempre existe una intención consciente de colocar al menor en ese papel. En determinadas familias, la falta de recursos, la pobreza o la ausencia de un progenitor pueden provocar una dependencia excesiva del hijo mayor.

Sin embargo, que esta situación no sea deliberada no elimina sus consecuencias. Haber tenido que asumir responsabilidades adultas demasiado pronto puede influir en la forma en que esas personas afrontan sus relaciones durante la edad adulta.

Una de las características más frecuentes es una responsabilidad excesiva acompañada de una gran autosuficiencia. Quienes crecieron dependiendo de sí mismos pueden tener dificultades para aceptar ayuda o apoyarse en otras personas.

También pueden experimentar problemas para mostrarse vulnerables. Acostumbrados a ser quienes mantienen la fortaleza familiar, pedir ayuda puede generar ansiedad o miedo, al haber aprendido desde pequeños que debían resolverlo todo.

La necesidad de cumplir expectativas puede favorecer además el perfeccionismo. Algunas personas intentan destacar en los estudios, el trabajo y sus responsabilidades personales para compensar inseguridades o conservar una sensación de control.

Otra dificultad habitual aparece al establecer límites. Al haber aprendido a priorizar las necesidades ajenas, pueden tener problemas para distinguirlas de las propias, lo que afecta al autocuidado y al espacio personal.

También puede surgir una necesidad constante de cuidar o solucionar los problemas de los demás. Esa conducta puede llevarles a mantener relaciones en las que vuelven a desempeñar el papel de persona responsable.

Entre los rasgos descritos también aparecen dificultades para confiar y establecer relaciones saludables. En algunos casos, pueden sentirse atraídos por parejas emocionalmente indisponibles o por vínculos caracterizados por una elevada disfunción.

La necesidad de aprobación ocupa igualmente un lugar destacado. Al haber aprendido a obtener reconocimiento mediante el cuidado de los demás, pueden vincular su propia valía con satisfacer expectativas y conseguir que otros estén contentos.

Finalmente, pueden aparecer sentimientos de culpa y resentimiento. Por un lado, existe malestar cuando sienten que no cumplen todas las expectativas; por otro, por haber perdido parte de una infancia normal.

La experiencia tampoco afecta únicamente a la manera de relacionarse. Quienes fueron parentificados pueden haber sido considerados especialmente maduros para su edad, debido precisamente a las responsabilidades adultas que tuvieron que asumir.

Esa apariencia de madurez puede trasladarse a sus decisiones y relaciones posteriores. Algunas personas buscan vínculos con parejas mayores, donde encuentran familiaridad y validación a través de sus comportamientos de cuidado.