Peter Jackson en el Festival de Cannes. Foto: EFE/EPA/SEBASTIEN NOGIER / POOL

Peter Jackson en el Festival de Cannes. Foto: EFE/EPA/SEBASTIEN NOGIER / POOL

Cine

Peter Jackson en Cannes: "Aunque va a destruir el mundo, no me desagrada la inteligencia artificial"

El director de la trilogía de 'El señor de los anillos' ha reconocido en el arranque de La Croisette, donde ayer recibió la Palma de Oro honorífica, que se encontraba trabajando en el guion de una película sobre Tintín.

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La primera vez que Sir Peter Jackson (Pukerua Bay, Porirua, Nueva Zelanda, 1961) recaló en Cannes lo hizo en el Mercado, con una película de ínfimo presupuesto que había estado rodando junto a un grupo de amigos los fines de semana de cuatro largos años. Mal gusto (1987) era el colofón a un 'háztelo tú mismo' que había arrancado con la cámara super-8 de sus padres y el anhelo de convertirse un día en especialista en efectos especiales.

"Podía haber vuelto a Nueva Zelanda y haber continuado trabajando de fotograbador, pero regresé convertido en cineasta", ha compartido el hoy venerado realizador, guionista y productor, expulsado entonces por acudir en pantalones cortos a una proyección en el Palais donde estos días se le ha hecho entrega de la Palma de Oro de Honor.

Jocoso, ha compartido su desconcierto al saberse merecedor de la distinción, tan descabellada como, ha comparado, convertirse "en bailarín de ballet o campeón de salto olímpico".

Robert de Niro lo precedió el año pasado y, en ediciones anteriores, figuras incontestables del séptimo arte como Agnès Varda, Marco Bellocchio, Jane Fonda, Jodie Foster y Meryl Streep.

Jackson es uno de los responsables, junto a autores de su quinta y de sus filias como Sam Raimi y Guillermo del Toro —del que anoche se proyectó en la sección Cannes Classics, entre ovaciones, la restauración de El laberinto del fauno (2006)— de la respetabilidad que hoy en día tiene el género.

Thunderbirds, King Kong y Harryhausen

"El cine de terror es una buena manera de romper mano, ya que la imaginación la vuelcas en que el resultado sea lo más gore posible para crear un mayor impacto. El guion y los actores no pesan tanto", ha aducido un enamorado del cine stop motion de Ray Harryhausen al que, de chaval, le encantaba crear monstruos de plastilina, construir marionetas de goma y naves espaciales con rollos de papel higiénico con los que después filmaba cortos de animación de un minuto.

La serie Thunderbirds le encaminó hacia un acercamiento artesanal a su oficio, pero la película que le hizo decidir su vocación fue King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933), de la que en 2005, ya con acceso a holgados presupuestos, realizó su propia versión.

La distancia con el original la marcó en el amor por el monstruo en el corazón de la película, "ya que Fay Wray se pasa gritando todo el metraje en el original", y el homenaje, en su cameo como artillero para emular a Cooper, que había sido aviador en la I Guerra Mundial y en el icónico final de la película de los años treinta interpreta a uno de los pilotos que vuelan en un biplano hacia el simio.

De ahí que la audiencia asistente a la cita atendiera con expectación a su opinión acerca del uso de la inteligencia artificial en el cine. "Aunque va a destruir el mundo, en el plano profesional no me desagrada, porque la contemplo como otro efecto especial más", ha expuesto, aunque lamenta que el debate en torno a su permisión haya sido una cortapisa para que el actor que interpretó a Gollum a partir de la técnica de la captura de movimiento en su trilogía de El señor de los anillos, Andy Serkis, ganara el Oscar.

La mayor amenaza que, bajo su parecer, apremia regular es la usurpación de imágenes de los elencos sin su permiso. "No veo ningún problema en que se cree una réplica de alguien mediante inteligencia artificial, como así ha sucedido en la última entrega de Indiana Jones, pero siempre y cuando se hayan obtenido los derechos de esa persona, del mismo modo que se pagan los derechos de la adaptación de libros".

Su traslación de la obra magna de Tolkien a la gran pantalla fue un intento de salvar al medio centenar de técnicos de efectos visuales que habían estado trabajando en su comedia de terror Agárrame esos fantasmas (1996) con un proyecto de fantasía.

La película protagonizada por Michael J. Fox había sido la segunda producción de la compañía que había fundado junto a Richard Taylor y Jamie Selkirk en Wellington, Weta Digital. Su puesta de largo había sido Criaturas celestiales (1994). El drama que dio a conocer a Kate Winslet se basaba en el caso real Parker-Hulme, un asesinato perpetrado en Nueva Zelanda en los años cincuenta por dos amigas que mataron a la madre de una de ellas a golpes de ladrillo.

"Todo en esta película está basado en hechos reales, incluso las secuencias de fantasía", ha subrayado el creador. La originalidad de Jackson y de su guionista y pareja de vida, Fran Walsh, estuvo en que, aunque el acercamiento a la tragedia se planteó como una investigación, con conversaciones con policías y juristas, el resultado no es el de un true crime al uso, ya que incorporaron los fragmentos alucinatorios del diario de una de ellas.

Con El señor de los anillos hizo otro tanto, pero a la inversa. "No entramos por la puerta de la fantasía, sino por la histórica", ha revelado su artífice, quien cimentó una trama protagonizada por elfos, gigantes, trolls y medianos en un anclaje como el que hubiera articulado cualquier biopic sobre un monarca inglés.

Cuando Peter Jackson se embarcó en la gesta que luego le procuró 13 Oscar, pecó de optimista. Nunca antes se había afrontado algo remotamente parecido en las Antípodas del mundo. Una producción de ese calado solo se rodaba en Hollywood. "Pero éramos optimistas, teníamos la creencia ingenua y la determinación de que podíamos hacerlo. De haber tenido la experiencia, hubiéramos estado muy asustados. Lo cierto es que resultó muy duro, pero nos fuimos dando cuenta sobre la marcha".

Su faro durante el rodaje fue el actor que daba vida a Frodo, el personaje que también guía a la comunidad del anillo en el original literario. "A diferencia de otros actores, que llegan a los rodajes con sus ideas y pretenden imponerte su película, Elijah Wood estaba ahí para ayudarme a hacer realidad la mía. No importaba si yo estaba de bajón un día, cada jornada acudía con una energía optimista".

El director le ha dedicado estas palabras en vivo a su intérprete talismán, que estaba sentado en las butacas de la Sala Debussy. La víspera, Wood le había hecho entrega de la Palma de Oro en la ceremonia de inauguración, con un discurso donde había alabado la primera etapa de su carrera, jalonada de películas "extrañas, hilarantes y sangrientas" y su hito en las nueve horas de la trilogía que los unió para siempre, por su capacidad "para trabajar con tres películas a la vez en la mente" y para procurar una atmósfera de hermandad a un proyecto de tal escala.

Preguntado por sus próximos proyectos, Jackson ha revelado que hace años que le ronda la idea de filmar la Operación Chastise, un ataque aéreo de los aliados a las represas alemanas en la cuenca del Ruhr durante la Segunda Guerra Mundial. "La historia real es mucho más interesante que la película Los destructores de diques (Michael Anderson, 1955) porque mucha de esa tecnología era alto secreto y no pudieron incluirla en aquel largometraje. Es una historia fascinante sobre la invención y la resolución de problemas para alcanzar un objetivo", ha resumido.

Más alborozo ha generado entre las más de un millar de personas asistentes a la clase magistral su confidencia de que horas antes, en la habitación de su hotel, había estado trabajando en el guion de una nueva aventura de Tintín tras producir El secreto del unicornio (Steven Spielberg, 2011). "El acuerdo con Steven consistía en que él rodara una y luego yo, otra. Hace ya 15 años que me comprometí y ya me siento un poco avergonzado".