Image: Susan Meiselas

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Exposiciones

Susan Meiselas

24 julio, 2002 02:00

Carnival Strippers, 1974

Canal de Isabel II. Santa Engracia, 125. Madrid. Hasta el 15 de septiembre

Susan Meiselas (Baltimore, E.E.U.U., 1948) es una de esas trotamundos con un buen puñado de años a sus espaldas trabajando cámara en mano por todos los rincones del mundo. Muy reconocida por sus trabajos como fotoperiodista en América Central, son famosos sus libros sobre Nicaragua y El Salvador, países en los que retrató los oscuros avatares bélicos y las dolorosas penurias de los años ochenta que, como es sabido, permanecen lamentablemente vigentes.

La exposición Intimate Strangers comprende dos de sus más afamadas series: Carnival Strippers, una de las primeras, y Pandora’s Box, la más reciente. Meiselas ha combinado su trabajo periodístico con una evidente inclinación artística. Su interés por el tema del género y la identidad, sujetos centrales en su obra, le ha llevado a inmiscuirse en esa densa nebulosa que es el strip-tease y el sadomasoquismo, parajes grisáceos desde los que define las particularidades del género en un contexto que permite la inversión de sus postulados tradicionales. Así, Carnival Strippers, serie en blanco y negro, muestra una intención idealizadora al retratar a las strippers. Muy acertado el título de la muestra en relación con esta serie pues refleja claramente la cercanía a veces pegajosa e inquisidora con la que Meiselas se ha aproximado a sus modelos despojándolos de su dudosa aureola para convertirlos, en muchos de los casos, en seres ajenos a la marginalidad. Pandora’s Box, sin embargo, se perfila como una serie más dura. Con un cromatismo ardiente, la artista se adentra en un territorio en el que el hombre, supuesto símbolo de poder, es sometido, siempre voluntariamente, a distintas vejaciones sexuales. Tienen estas imágenes una atmósfera asfixiante, un ambiente donde se palpa el sudor y se escuchan los gritos de hombres que ya no ejercen un papel dominante sino que pagan por sufrir, y que juegan un rol que no juegan a menudo, ni en el trabajo ni en sus casas, mientras se enfundan el disfraz de víctima como se lo enfundaron, sin intención alguna, las mujeres en los terribles episodios que la artista ha presenciado en sus viajes.