Alessandro Piperno.

Alessandro Piperno. Libros del Asteroide

Letras

'Aire de familia', de Alessandro Piperno: el peligro de enseñar a Flaubert y otras trampas contemporáneas

El autor italiano explora la cancelación y la fragilidad del prestigio en una afilada y sensacional sátira contemporánea.

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Alessandro Piperno (Roma, 1972) es un autor guadianesco en nuestro sistema editorial. Ello conlleva que su obra no pueda entenderse en todo su esplendor. Un claro ejemplo es Aire de familia, notable por sí sola, aunque, en realidad, es la segunda parte de Di chi è la colpa (2021), inicio de una serie protagonizada por la familia Sacerdoti.

Portada de 'Aire de familia'.

Portada de 'Aire de familia'. Libros del Asteroide

Aire de familia

Alessandro Piperno

Traducción de Carlos Gumpert. Libros del Asteroide, 2026. 424 páginas. 24,95 €

Aire de familia es una novela sensacional por el dominio que tiene su autor tanto de los mecanismos narrativos como por la forma de brindar temas idóneos para crítica y lectores. Su primera parte nos presenta un perfil con aroma autobiográfico.

El profesor Sacerdoti es un escritor de éxito que enseña literatura francesa en una universidad romana. La vida parece sonreírle pese a la cercanía de su quincuagésimo aniversario, una tontería en comparación con lo que le depara el futuro próximo.

Un buen día recibe una carta del decanato para asistir a una comisión de seguimiento académico. Intenta informarse, pero no da con la tecla justa y se persona al cónclave desnudo, aunque sin sorprenderse cuando comprueba que una compañera más joven, para más inri influencer, lo acusa de usar frases misóginas en su asignatura dedicada a Gustave Flaubert.

Por supuesto, Sacerdoti no tiene culpa alguna de lo dicho por el escritor, pero en nuestra época quitar las comillas a lo escrito hace dos siglos es fácil, bien por ignorancia, bien por interés por destrozar a un oponente, como ocurre aquí. La única solución para redimirse y seguir con sus clases es escribir una carta de arrepentimiento

Al mismo tiempo, Verónica, una muy pía compañera de instituto a la que sobó las tetas por aquel entonces, fallece a punto de cumplir los cincuenta. El funeral es la excusa para repasar, entre antiguos conocidos, errores y vergüenzas, hasta desatar un vendaval porque alguien registra un arrebato verbal del profesor contra la trepa que quiere hundir su carrera.

Con estos elementos tendríamos para un extraordinario documento centrado en la decadencia de los estudios en Europa, los trucos inefables para activar la cultura de la cancelación y el modo de triunfar de ciertos personajes que brillan por su mediocridad, pero Piperno no quería esto con Aire de familia.

Por eso, poco después da una vuelta de tuerca y saca de su chistera un billete para encauzar la trama hacia lo normativo, engañándonos porque el encuentro con su abogada promete intensas emociones, que lo serán con un calado bien diferente al previsto.

Aire de familia es una novela sensacional gracias al dominio de Piperno de los mecanismos narrativos

De repente el pobre Sacerdoti, educado en su infancia por un tío dandi, se ve casi obligado a hacerse cargo de Noah, un lejanísimo sobrino, huérfano tras el inesperado fallecimiento de su madre a causa de una avalancha en la montaña.

Como pueden entender, asistimos a una fusión del pasado con el presente. El profesor deviene su tío y Noah el chico potencial profesor. El primero pasa de ser misántropo y faltón a un encanto feliz por redescubrirse en otra tesitura, sin duda más humana y clave para superar el camino hacia la vejez con nuevos estímulos. De ser nada se transforma en padre mientras asiste a la fascinante evolución del joven, envuelta en las contradicciones y rituales del judaísmo, motivo que es una marca de la fábrica Piperno.

Aire de familia tiene un sinfín de ingredientes óptimos. Su primer tramo daría para legar desde lo ficticio un documento sobre lo delirante de estos últimos años. En cambio, por lo dispuesto en su segundo segmento, se opta por caramelizar el relato con estilo, lo que no es criticable porque cada uno elige lo que quiere y el resultado final se adecua a todos los públicos.