Corrado Giaquinto: 'Alegoría de la Justicia y la Paz', 1753 - 1754

Corrado Giaquinto: 'Alegoría de la Justicia y la Paz', 1753 - 1754 Museo Nacional del Prado

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Del matriarcado a Gandhi, un viaje intelectual por las paces del mundo

La Universidad de Granada traduce al español las 'Interpretaciones de la paz en la historia y la cultura' de Wolfgang Dietrich, un defensor del diálogo intercultural.

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Wolfgang Dietrich (historiador, filósofo cultural y académico universitario austriaco) es, en palabras de Mario López-Martínez, de la Universidad de Granada, “un viajero intelectual por las paces del mundo”.

'Interpretaciones de la paz'.

'Interpretaciones de la paz'. EUG

Título: Interpretaciones de la paz en la historia y la cultura

Autor: Wolfgang Dietrich

Editorial: Universidad de Granada

Año de edición: 2026

Disponible en Editorial Universidad de Granada

Disponible en Unebook

Un pensador que ha contribuido “de manera decisiva” a ampliar los horizontes conceptuales de este campo de investigación, “proponiendo una lectura plural de las concepciones de la paz y desarrollando un enfoque innovador para la transformación de conflictos”. Un defensor del diálogo intercultural cuya carrera ha estado estrechamente ligada a la Universidad de Innsbruck.

Con la traducción de Interpretaciones de la paz en la historia y en la cultura (Editorial Universidad de Granada), obra publicada en Alemania en 2008 (y primer tomo de una tetralogía sobre la materia), Matthias Gossner y Diego González Algara buscan hacer accesible su pensamiento al lector en español.

A Dietrich le preocupa “la multiplicidad de la paz”, y ha buscado medios didácticos para transmitir esta idea. Plantea que existen al menos dos grandes familias de cosmovisiones y concepciones de la paz, la “energética” y la “moral”. Dedica un capítulo a cada una, y otros tres a los conceptos “modernos”, “posmodernos” y “transracionales” de la paz.

El filósofo destaca que hay muchas respuestas posibles, muchos caminos, hacia las diferentes formas de paz, hacia las paces. En sus perspectivas sobre las concepciones “energéticas” de la paz recurre a las investigaciones históricas sobre el matriarcado y a las culturas en las que la Gran Madre, la Gran Diosa o la Gran Ramera, representaba el principio supremo.

Del símbolo local y mágico de fertilidad en la idea del monoteísmo matriarcal pasa a los rituales más míticos de la personificación del poder y del espacio, del tiempo y de la materia, simbolizados en la celebración de la Boda Santa como fiesta de la paz. Es la paz desde la armonía, en la que prevalece el componente masculino, mientras que en la paz desde la fertilidad lo hace el femenino. La Gran Tríada del taoísmo, que se refiere a la relación entre el cielo, el hombre y la tierra, ofrece un enfoque más amplio y completo.

Las concepciones energéticas de la paz, afirma Dietrich, pueden encontrarse en todas partes a través del tiempo y el espacio, incluso bajo la superficie de un mundo capitalista. Pero hay que entender que la paz energética “nunca es un estado y no está ligada a condiciones objetivas”: comienza en el interior de uno mismo “y se extiende desde allí como una vibración armoniosa hacia toda la sociedad, la naturaleza y el universo”. Es la iluminación o despertar del budismo.

Dietrich pasa a discutir las características de las imágenes de paz basadas en la moral, para lo que acude al concepto de Período de la Era Axial de Karl Jaspers, adoptado por Karlheinz Koppe. Formula esta hipótesis: “Los héroes individuales utilizaron situaciones de crisis excepcionales para escapar de su fatídico destino en el sacrificio, para aferrarse al poder mundano y sesgar la paz energética de sus comunidades de manera que les permitiera establecer un dominio duradero.

El vehículo para ello son las instituciones político-económicas-militares que permiten la acumulación de la propiedad privada y su defensa”. Y estudia el impacto de esta ética guerrera en el concepto de la paz en las sociedades sedentarias. El shalom hebreo “es una paz que conecta energéticamente la sociedad, la naturaleza y lo sobrenatural”.

El budismo ofrece la imagen ideal de una comprensión energética de la paz, con una ética “convincente, pero no imperativa, que separa lo incondicional de lo absoluto”. El pensador observa que, desde la Era Axial, el taoísmo ha sido “la contrapartida energética de la ideología moral estatal del confucianismo”.

Está de acuerdo con Jaspers en que los griegos “fundaron el Occidente como categoría intelectual y política”, pero, “como investigador de la paz del siglo XXI”, no se identifica con su “euforia civilizatoria” y sus “valoraciones eurocéntricas de este hecho”. Con el período griego de la Era Axial y con Aristóteles surge una estructura de pensamiento que constituirá la comprensión occidental de la paz en su carácter cristiano a largo plazo.

Las cosmovisiones orientales enfocan el problema de la paz desde la armonía, mientras que la filosofía griega, con Platón como eje, se centra en el problema de la paz desde la verdad. Y es que, a través de la construcción de la razón, la lógica y la verdad que surgió en torno al alma, la Europa de la Era Axial diseña un nuevo concepto de la paz.

Cicerón establece la ética imperial de la paz de Roma, y el padre de la Iglesia Aurelio Agustín cruza la frontera entre una comprensión energética y una moral de la paz: sobre la base de su doctrina “el Occidente cristiano asesinará, torturará y saqueará en todo momento y en todos los países”.

La pax y la guerra justa experimentan un nuevo clímax en la ética del compromiso de Tomás de Aquino. Todos los escolásticos se preocupaban por la gran paz, la pax. El islam incide en la oferta de la paz como un derecho de hospitalidad. Como conclusión: la paz moral tiene mucho que ver con el futuro y el pasado, pero poco con el presente. Y para ser narrable necesita un tema: no es autosuficiente.

Llegamos a las interpretaciones modernas de la paz. Al pensador le importa demostrar que la imagen de paz que creó la modernidad europea “no estaba obligatoriamente en el espíritu de una concepción ilustrada del ser humano”.

Por sus reflexiones desfilan Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Bartolomé de las Casas, Thomas Hobbes, Hugo Grotius, John Locke, David Hume, Jean-Jacques Rousseau, Immanuel Kant, Karl Marx, antes de plantear la base mecanicista de la imagen moderna de la paz (Descartes y Newton resultan aquí fundamentales).

En cuanto a las interpretaciones posmodernas, aclara que la posmodernidad no es una despedida de la modernidad sino su transformación, su radicalización en forma de elaboración crítica, con Nietzsche (que redescubre lo energético en el contexto moderno) como primer gran referente. Repara en el “punto crucial” de Fritjof Capra, en la teoría de los sistemas socio-científicos de Immanuel Wallerstein y en las propuestas estructuralistas y postestructuralistas (Claude Lévi-Strauss, Michel Foucault…).

En la tradición posmoderna de la investigación sobre la paz en Europa continental resulta destacable la figura de Johan Galtung, que reflexiona sobre el concepto de violencia estructural. Por último, analiza la “superación” de estos enfoques, con Jürgen Habermas, Jean-Francois Lyotard, Gianni Vattimo y otros. Queda, entre otras, la idea de que “la paz posmoderna elude la diferencia entre el deber y el ser”.

Las interpretaciones transracionales, sobre una modernidad desvanecida, abren un terreno nuevo en el pensamiento sobre la paz. Dietrich convoca a Gandhi, Ghaffar Khan, Jiddu Krishnamurti, Rajneesh Chandra Mohan (Osho), que considera la meditación como religión, y el Dalai Lama. Son importantes las contribuciones del subcontinente indio a la comprensión global de la paz.

Reflexiona sobre la polimorfa pax universalis de las paces transpersonales (el camino hacia la paz transpersonal pasa por el miedo y por el deseo) e introduce la psicología humanista, con Abraham Maslow y otros. La paz transracional siempre va más allá de los límites de la persona y se adentra “en su oscilación con el entorno”.

El pensador muestra su “decisión metodológica a favor de la psicología de los chakras del yoga”. Finalmente, las concepciones transracionales de la paz se derivan de una fusión de coordenadas éticas y estéticas, lo que quizá no sorprenda del todo al lector. Y una observación pertinente: “La transracionalidad no niega la racionalidad. Tampoco la supera, sino que la atraviesa y complementa con el componente estético que siempre es inherente a las relaciones interpersonales, pero que la modernidad no ha observado demasiado”. Una esfera de investigación que el filósofo seguirá explorando en sus posteriores obras.