Ludwig van Beethoven

Ludwig van Beethoven .

Música

'Breve historia herética de la Música Clásica': una inmensa alegoría sobre la conquista de los sonidos en Europa

Alessandro Baricco traza un sorprendente recorrido desde los polifonistas hasta las grandes obras maestras de la música.

Una forzada explicación “agraria” que deja logradas imágenes.

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En su anterior ensayo musical, El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin, Alessandro Baricco (Turín, 1958) denunciaba la arrogancia en que, desde hace un par de siglos, viene incurriendo la música clásica: prurito de trascendencia, aire de superioridad, cultivo de lo difícil, desprecio del entretenimiento... Era una regañina de profeta: excesiva, exuberante y perspicaz, con abundancia de verdades intercaladas entre ocurrencias.

Cubierta de 'Breve historia herética de la Música Clásica'.

Cubierta de 'Breve historia herética de la Música Clásica'. Feltrinelli

Breve historia herética de la música clásica

Alessandro Baricco
Traducción de Xavier González Rovira

Feltrinelli, 2026. 168 páginas. 19,90 €

Su Breve historia herética de la Música Clásica –que no tiene nada de herética; es puro clickbait, como las vacas– es una inmensa y sorprendente alegoría: un neolítico musical. Baricco llama cazadores-recolectores a los polifonistas, desde Léonin a Palestrina, y los imagina en el bosque de los sonidos, recogiendo con devoción aquellos que Dios había situado al alcance de su mano.

A los maestros de después, desde la seconda prattica monteverdiana hasta la Eroica, los ve como agricultores, dueños de granjas en las que se doblegaba la creación sonora mediante feroces torsiones.

Completan el cuadro alegórico los contemporáneos, de Beethoven acá. Aparecen como geniales incendiarios que, tras dinamitar las granjas musicales, salieron despavoridos en todas direcciones, dejándose el público atrás. "Grandioso éxodo", lo llama. También, "diáspora".

Es verdad que, para hablar de música sin tecnicismos, es inevitable recurrir a metáforas, pero creo que Baricco va esta vez demasiado lejos. Es difícil suscribir su explicación agraria de la historia de nuestra música, porque suena muy forzada y, en última instancia, resulta estéril.

El alma de Hegel... dejaba una airosa moraleja: la reivindicación del deleite, de la espectacularidad, de la libido incluso, en el arte musical. Esta Historia breve no conduce más que a un planetarismo sonoro vagamente poshumanista y difícil de asumir.

Lo que no significa carente de interés, porque Baricco es un pensador inteligente, conocedor de la música y, además, un gran narrador. La prosa aquí es laxa, sin la higiene y la apretura de la de "Las vacas", pero, por lo mismo, se lee más rápido.

Baricco combina la necesaria llaneza técnica con el empaque que conviene a la asombrosa gesta que relata, la que hizo posible las catedrales sonoras de Josquin, Bach, Wagner, Mahler y Ligeti.

En su afán sintetizador, crea compulsivamente imágenes y no para de rebuscar hasta dar con una frase. No hay página sin dos o tres; algunas, simplistas; muchas, logradas. El gregoriano: "Un invencible silencio que germinó bajo la piel del desastre". Bach y Beethoven: "La ferocidad estetizante del colonizador". El temperamento igual: "Sutil genocidio". Berio: "Triste forma de alegría". Los temas musicales: "Esquirlas de vida".

Y un bonito hallazgo: en el Renacimiento, la música fue el único arte que no tuvo espejo griego. Tuvo que renacer a pelo, sin una triste ruina, copia romana o traducción árabe de la que partir.