Portada de 'Help 2', disco benéfico de War Child Records.
Los discos de marzo: de Jorge Drexler a 'Help 2', el álbum benéfico que condensa el mejor talento de la época
Destacan también el folclore asturiano de Rodrigo Cuevas, lo nuevo de Kim Gordon, exvocalista de Sonic Youth, y el neosoul de la británica Raye.
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Taracá
Jorge Drexler
"Se preguntarán que hacemos cantándole al amor mientras el mundo se va al carajo. Ni más ni menos que nuestro trabajo", escribe Jorge Drexler en su nuevo disco, el decimoquinto del cantautor uruguayo.
Grabado en su mayoría en Montevideo y construido junto a una joven guardia de productores uruguayos, el álbum coloca el candombe como eje rítmico y emocional: once canciones en poco más de media hora donde la clave de los tambores sostiene todo.
Es un disco de sonido deliberadamente antiguo —madera, cuero, coro—, pero de rabiosa actualidad en su lírica: ahí está la IA, las guerras, las pantallas, los algoritmos, filtrados por la mirada de alguien que sigue creyendo en el vínculo y en la conversación como única salida.
También la de un artista desprejuiciado y con olfato para rodearse de jóvenes talentos, como demuestran las colaboraciones con Ángeles Toledano o Young Miko.
Si Tinta y tiempo (2022) era un disco sobre la espera y la pausa, aquí Drexler se toma el tambor como excusa para celebrar la vida, hablar de duelo, de gratitud y de cómo seguir bailando cuando el presente aprieta. El resultado es uno de los álbumes más cálidos (y bailongos) de su trayectoria, pequeño en duración pero grande en ideas.
Play Me
Kim Gordon
A sus 72 años, la cantante de Sonic Youth está más interesada en seguir atravesando límites que en explotar la nostalgia, y lo demuestra en su último álbum en solitario. Llega dos años después de The Collective (2024), el disco en el que desafió la censura de Trump componiendo una canción solo con palabras vetadas por su gobierno.
Este disco, aunque breve, no se queda corto en su reivindicación: desfilan las tecnológicas, los millonarios de Silicon Valley, la economía de las apps y la cultura de las playlists, convertidas en meros datos y rendimiento.
Este imaginario opresivo crea un álbum áspero, donde Gordon proclama más que canta —con un spoken word heredero de la no wave—. Se reúne de nuevo con el productor Justin Raisen para levantar un trabajo atípico en una estrella del rock, que se acomoda sobre bases de trap, hip hop old school y grime, pero estamos hablando de Gordon.
Las canciones son como fogonazos; 'Play Me' y 'Black Out' rozan el rap sobre beats mínimos y sintetizadores sucios; 'Nail Bitter', 'Dirty Tech' o 'Post Empire' llevan esa estética a un terreno aún más futurista. Entre medias se cuelan momentos más rock, como 'Girl With a Look' o 'Not Today'.
Un disco corto capaz de sintetizar el malestar contemporáneo: ruidoso, sarcástico y, a ratos, sorprendentemente pegadizo.
Manual de belleza
El artista asturiano completa su trilogía folclórica, que comenzó con Manual de Cortejo (2019), Manual de Romería (2023), con este tercer disco, repleto de su folk asturiano mutante.
Producido de nuevo junto a Eduardo Cabra (ex Calle 13), el disco mezcla pasodobles futuristas e himnos verbeneros para contar lo que significa para él la belleza, fuera de cualquier normatividad.
De hecho, es uno de los pocos artistas que usan lenguaje inclusivo con naturalidad, como una forma más de hablar del mundo que le rodea.
El universo que imagina está lleno de cómplices: Massiel en 'Un mundo feliz', Ana Belén en 'Sácame a bailar', Mala Rodríguez en 'BLZA', o las catalanas Tarta Relena en la tonada sintetizada de 'El pañuelín'.
Es un álbum luminoso y juguetón, atravesado por una mirada política clara: defender la tierra para que no se convierta en mercancía, celebrar los cuerpos disidentes y las fiestas que todavía pueden ser refugio.
THIS MUSIC MAY CONTAIN HOPE
RAYE
El título del álbum es ya una potente declaración de intenciones, pero Raye en sí misma lo es. Aunque lo parezca, la cantante británica no es nueva en la industria musical: lleva una década componiendo para otros y poniendo su voz al servicio de hits ajenos, antes de poder contar su propia historia.
Ahora, en su segundo largo, firma un álbum que, a lo largo de 17 canciones y más de 70 minutos, se mueve del soul al jazz y al R&B y al pop, con una orquestación de musical viejo Hollywood —lo mejor de Chicago y Cabaret—.
Tras convertir su primer disco, My 21st Century Blues (2023), en una catarsis a corazón abierto, RAYE entrega en This Music May Contain Hope un disco igual de intenso, pero menos devastador.
Aquí sigue hablando de ansiedad ('I Hate the Way I Look Today'), las adicciones ('Click Clack Symphony', una colaboración con nada menos que Hans Zimmer), relaciones tóxicas ('Beware The South London Boy') y la crisis de fe en su trabajo, pero se permite imaginar qué viene después del derrumbe ('Happier Times Ahead').
Quizá su narrativa resulte demasiado compleja por momentos, pero en esa ambición está su fuerza. También en esa pose de diva, digna de cualquier frontwoman de soul de los 70. Curiosamente, la cantante fue al mismo colegio que otra de las británicas llamadas a renovar el género, Olivia Dean. Más nos vale no perder a ninguna de vista.
HELP! (2)
War Child Records
Paul McCartney, Sinéad O'Connor, Oasis, Blur, Radiohead, Paul Weller…Todos ellos acabaron juntos en 1995, cuando la ONG War Child decidió reunir al britpop en un solo álbum para recaudar fondos para niños afectados por la guerra de Bosnia.
Tres décadas después, HELP (2) intenta replicar el gesto con una nueva hornada de estrellas: Arctic Monkeys, Fontaines D.C., Damon Albarn, Cameron Winter, The Last Dinner Party, Big Thief, Wet Leg, Kae Tempest, Olivia Rodrigo, Black Country New Road, King Krule, Arlo Parks… También aparecen bandas como Pulp y Depeche Mode, que bien podrían haber figurado en el primer disco, cerrando el círculo entre los noventa y el presente.
Un álbum que funciona, quizá precisamente gracias al mejunje de estilos con el que cada artista decide tomar partido en un momento en que los niños siguen siendo protagonistas de demasiadas guerras. Muchas de estas canciones son versiones: 'Black Boys on Mopeds', de Sinéad O'Connor, pasa a manos de los irlandeses Fontaines D.C., con el prodigioso Grian Chatten al frente, y 'Sunday Morning', de The Velvet Underground, se vuelve más espectral en la voz de Beth Gibbons, cantante de Portishead.
Pero el álbum también deja temas inéditos importantes, como 'Opening Night', de Arctic Monkeys, su primera canción nueva desde 2022, que presenta el proyecto y devuelve a la banda a un esplendor que parecía perdido. O 'Warning', del líder de Geese, Cameron Winter, que confirma por qué es uno de los compositores y vocalistas más carismáticos de su generación.
El miedo y la sensación de vivir en un mundo inestable atraviesan las letras de canciones como 'Obvious', de Wet Leg. Otras toman partido explícito por las víctimas: 'Don’t Fight the Young', de Young Fathers, recuerda que los jóvenes no eligen las guerras, y 'When the War is Finally Done', de Foals, adopta la voz de un soldado muerto demasiado pronto.
El resultado es un álbum-escaparate que permite tomarle el pulso al mejor talento de esta generación sin olvidar por qué se juntan aquí.