Dahlia de la Cerda, escritora y filosofa mexicana.

Dahlia de la Cerda, escritora y filosofa mexicana. Cristina Villarino

El Cultural

Dahlia de la Cerda, la voz desde los márgenes: "Sobre nuestros cuerpos se impone una colonización violenta"

La escritora, filosofa y activista visita Madrid y cuenta el origen de su humor negro, la violencia estructural y la necesidad de potencia y de ternura.

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"No puedo cambiar mi pasado, porque lo escribió un hombre, pero sí puedo cambiar mi presente, si lo escribe una mujer que me ayude a redimirme, que me dé dimensiones, que me haga compleja, con errores, pero también con bondades".

Así concluye Medea me cantó un corrido (Sexto Piso, 2025), la última novela de Dahlia de la Cerda (Aguascalientes, 1985) una de las voces más potentes, incómodas y necesarias de la literatura actual.

La filósofa, y activista, escribe desde y para los márgenes. En sus obras, no busca la elegancia académica, ni representar a las "víctimas santas". Lo que hay es la crudeza del barrio y mujeres con agencia que abortan y ejercen violencia.

Dahlia propone un espejo para reflejarnos en la oscuridad de la otra y asimilar un dolor que es, ante todo, colectivo. Sus obras abren un diálogo sobre esa opresión estructural que asfixia a buena parte de la población mundial.

Tatuajes, anillo y detalles de Dahlia de la Cerda.

Tatuajes, anillo y detalles de Dahlia de la Cerda. Cristina Villarino

Cansada por el cambio de horario y las horas de vuelo, la escritora aterriza en Madrid con el ritmo revertido; suele dormirse a las 3 de la mañana todos los días viendo TikToks o leyendo.

Tiene el pelo largo, oscuro y liso, que enmarca su rostro y cae sobre su cuerpo. Las gafas de sol negras cubren su mirada, creando un contraste con un vestido blanco, luminoso, y los tatuajes que asoman como dibujos vivos sobre su piel.

Los estragos de la opresión

En una cafetería del centro, confiesa que está enganchada a la nueva temporada de The Boys: "Es una parodia inteligente de la realidad, sobre todo del avance de la derecha y el racismo". Comentario muy en su línea.

Ese humor, casi negro, atraviesa todos sus libros para diseccionar los privilegios de clase, género y raza. "A mi esposo le molesta porque dice que no me tomo nada en serio, ni siquiera cuando nos asaltaron en Brasil", ríe. Como dice ella misma, es un humor que raya lo inapropiado.

Dahlia de la Cerda.

Dahlia de la Cerda. Cristina Villarino

Pero ella defiende que los mexicanos son así: "Creo que son estragos de la colonización. Encontramos formas de resistencia al trauma a través del humor, el baile y la música". Es una forma de reconstruir una identidad frente a los procesos coloniales, aunque hayan interiorizado ciertas condiciones.

"Mucha gente quiere emular al Norte Global por los beneficios que otorga el sistema. Es más conveniente ser una 'buena colonizada', como ser una 'buena mujer'" heterosexual que no ocupa mucho espacio ni se ríe fuerte. Sobre nuestros cuerpos hay una suerte de colonización violenta que impone restricciones y afecta nuestros derechos".

La que no pertenece

Su Medea es la paria, la que no pertenece, la que ayuda a las mujeres de la periferia mexicana a abordar. La autora no la ve como un monstruo que mata por celos, sino como una mujer que rompe con el mandato de la maternidad y el estado en un contexto de traición absoluta.

Es el síntoma de un cambio de paradigma: ahora los sujetos racializados y precarizados escriben desde su propia experiencia, arrebatándole el relato al capital cultural ajeno. Por eso brota la furia. Y en su escritura se nota, especialmente ante la injusticia, la discriminación o, como ella misma dice con ironía, "cuando está premenstrual".

Perras de reserva (Sexto Piso, 2019) es pura rabia femenina, nacida de pérdidas personales como el feminicidio de su prima y la falta de recursos para cuidar dignamente a su padre en sus últimos días.

"Perdí a una amiga porque su esposo, un fanático religioso, no la dejó ir al hospital. Mi psicóloga dice que debo evaluar alternativas para no convertirme en una asesina serial de agresores", bromea.

Hacia el cuidado y la ternura

Sin embargo, el tiempo ha matizado su pulso. "A los 30 años solo sentía furia porque sabía que no habrá justicia; a los 40, tras dar clases en comunidades marginadas de Aguascalientes, mi escritura se movió hacia el cuidado y la ternura".

Ver a niños de doce años reclutados como "halcones" o trabajando en la obra desde el alba la hizo valorar el cuidado, aunque sin abandonar la reivindicación de clase. Son contextos que la atraviesan profundamente. Pese a su éxito y su mejora económica, sigue viviendo en una colonia popular en una zona de "amortiguamiento" en un barrio de clase obrera.

Dahlia de la Cerda.

Dahlia de la Cerda. Cristina Villarino

Dahlia de la Cerda.

Dahlia de la Cerda. Cristina Villarino

No se muda porque se siente cómoda; su casa es grande y se adapta a las necesidades de su familia y sus perros. "Mantengo las dinámicas de mi barrio: compro jamón por rebanadas o queso por cuartos; me siento 'traidora a mi clase' si compro el paquete completo en el supermercado", afirma.

Pero el contraste es total: ayer recorría el Museo del Prado con guía personal y mañana regresará a su colonia donde en su cabeza siempre suena la cumbia. Algunos vecinos ya saben que es escritora "por culpa del Booker", pero recuerda que, al principio, pensaban que su ascenso social se debía a que vendía droga.

No quiere ser definida como una superestrella porque no se siente tal, y tampoco quiere serlo. "Bueno, me encantaría facturar millones, así tendría el dinero para comprarme una casa igual de grande en una zona donde pudiera sacar a pasear a mis perros a medianoche sin que me asalten".

Reivindicar la potencia

En un entorno diseñado para borrarte, su respuesta es la resistencia. Es reconocer que el golpe es injusto y no querer acostumbrarse a él. "Resisto porque estoy rodeada de mucho agradecimiento, aunque recibo mucho odio en internet". Para ella, viajar 36 horas y bajarse del avión para dar una charla en el Reina Sofía ante lectoras que viajan desde Pamplona es, también, su forma de resistencia.

Dahlia de la Cerda.

Dahlia de la Cerda. Cristina Villarino

Dahlia reconstruye lagunas históricas para palpar ese malestar colectivo y transformarlo en potencia. "El empoderamiento puede ser individual; aprendí mucho de un libro de 50 Cent sobre trabajar con astucia, pero solo me sirvió a mí. Sin embargo, la potencia es cuando escribes algo que hace que un montón de personas digan 'yo voy a hacer esto'".

En su activismo, ha dado voz a los desaparecidos y consejos útiles a quienes buscan una beca. Se enfrenta al canon blanco y defiende la estética de las mujeres de periferia y el goce material.

"¿Por qué quedarme en un país que celebra la muerte de sus hijos? Porque también vi flores crecer en medio de la podredumbre. Patronas que alimentan migrantes. Morras quemando todo para que una desconocida tenga verdad y justicia. Vi solidaridad, vi compañerismo, vi resistencia. Vi a la muerte darse la vuelta ante el cuidado colectivo". Así, escribe para nosotras en su última obra.