Ian Gibson, este martes en el Instituto Cervantes. Foto: Matias Chiofalo (Europa Press)

Ian Gibson, este martes en el Instituto Cervantes. Foto: Matias Chiofalo (Europa Press)

Letras

Ian Gibson: "Me excluyeron de las excavaciones para encontrar a Lorca. Eso es la 'mala follá' granadina"

El hispanista irlandés publica 'No me encontraron', libro en el que revisa el polémico caso de los restos del poeta desde la fallida búsqueda de 2009.

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Después de más de medio siglo a vueltas con la muerte y el paradero de los restos de Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, Granada, 1898 - Alfacar, Granada, 1936), el hispanista irlandés Ian Gibson, biógrafo del poeta, ha decidido dar carpetazo a sus publicaciones sobre el polémico caso con el libro No me encontraron. La fosa de Lorca: crónica de un olvido (Aguilar).

Sin embargo, confía en que de una vez por todas la Administración opere responsablemente y ponga en marcha un proyecto serio con una apuesta decidida para encontrar, al fin, la fosa en la que fue enterrado. "El hallazgo de sus restos podría ser un factor de reconciliación", dice Gibson a El Cultural.

El hispanista no concibe cómo España, que "podría ser el país más culto de Occidente", tenga esta deuda con el máximo símbolo de todos sus desaparecidos en fosas comunes. "La mitad de este país vivió cuarenta años con terror. Si hoy los descendientes buscan los huesos de sus abuelos, no hay deseo de venganza. Es un proceso necesario y cristiano", asevera.

Gibson llegó a Granada en los años 60, en pleno franquismo, fascinado con la obra y la figura del autor de Poeta en Nueva York, y obsesionado con su asesinato, de cuyos pormenores hemos conocido múltiples versiones: sobre el tipo que lo detuvo (el falangista Ramón Ruiz Alonso, padre de las actrices Emma Penella y Terele Pávez, que prescindieron de sus apellidos para su nombre artístico), el presunto asesino confeso (Juan Luis Trescastros Medina habría presumido por los bares de Granada de haberle dado "dos tiros en el culo por maricón") y el posible motivo: por rojo, por masón, por homosexual...

Sin embargo, el campo de trabajo de Gibson, además de ser su biógrafo por excelencia, ha sido la búsqueda de la fosa en la que supuestamente está enterrado y sus restos, cuyo paradero se desconoce aún. En Granada conoció a Manuel Castilla Blanco, el encargado de enterrar el cadáver del poeta en 1936. Este condujo al hispanista a un olivo ubicado en el paraje de Fuente Grande, en Alfacar (Granada). Le señaló el lugar exacto donde introdujo su cuerpo, pero también los del maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, a solo unos metros de donde habrían sido fusilados.

Un fotograma de 'Lorca, muerte de un poeta', serie de Juan Antonio Bardem basada en la biografía de Ian Gibson

Un fotograma de 'Lorca, muerte de un poeta', serie de Juan Antonio Bardem basada en la biografía de Ian Gibson

Corría el año 1966 entonces, habían pasado treinta desde el asesinato. Hoy, seis décadas después de aquel momento junto al enterrador de Lorca, Gibson sigue creyendo que aquel hombre decía la verdad. Sin embargo, sus huesos ya no están ahí. Lo supimos en 2009, cuando la Junta de Andalucía, que había promovido unas excavaciones en la zona, informó de que los arqueólogos no habían encontrado restos humanos. Además, "con la evidencia científica de que nunca hubo enterramientos" en ese lugar, rezaba el informe.

Sin embargo, Gibson sigue convencido de que aquel proyecto fue un "despropósito" técnico y de localización. "Deberían haber ampliado la búsqueda, creo que la preparación fue fallida", considera. El hispanista, además, "habría sugerido no empezar a buscar sin mirar también en los alrededores del olivo". En todo caso, el paraje había sido alterado desde entonces: se había plantado, por ejemplo, un pinar en un lugar donde podría haber aún cuerpos sepultados.

El hispanista aún se muestra molesto por no ser invitado a las excavaciones. "Sé que me van a atacar, pero me pareció injusto después de décadas investigando y de mi relación con el enterrador, de quien tengo incluso grabaciones". ¿El motivo de su exclusión? Gibson no puede evitar pensar en los prejuicios de algunos "contra el guiri que lo quiere saber todo". O sea, una mezcla de envidia y de "la famosa 'mala follá' granadina". "Los andaluces de otras provincias dicen eso de los granadinos, ¿no?".

A propósito, en el libro señala que el poeta y director del Instituto Cervantes Luis García Montero se manifestó en contra de aquellas excavaciones. En la entrevista, Gibson añade: "Y consta que pasó por allí un día y dijo: 'No vais a encontrar nada'. Como si él supiera algo… Yo no sé qué sabe exactamente, le podemos preguntar ahora", comenta. En aquel momento, cuenta, estaban Eduardo Castro y Francisco Vigueras, de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica (AGRMH).

El poeta secundaba el argumento de la familia Lorca, que temía que la recuperación se convirtiera en un circo mediático. "Bueno, Luis García Montero es amigo mío, aunque no íntimo. El caso es que su relación con la familia era estrecha", resuelve el hispanista.

Las fricciones con la familia Lorca, que siempre se ha opuesto a la búsqueda de los restos del poeta, tienen especial relevancia en este libro, en cuya primera parte se reproduce el diario de Gibson –publicado en 2010– sobre las primeras excavaciones, mientras que la segunda es un análisis de las nuevas polémicas, a partir de las noticias surgidas desde entonces.

Laura García-Lorca, sobrina del poeta y portavoz de los herederos, dijo en El Cultural que "simbólicamente, tiene muchísima más fuerza que esté enterrado con otros fusilados". Sigue, por tanto, la línea de sus familiares, algunos ya fallecidos, lamenta Gibson. "Incluso en un documental dice muy fríamente que no quiere que encuentren a su tío. Pero es que eso revelaría datos sobre su muerte. Por ejemplo, si fue torturado antes de morir. Yo creo que sí".

A propósito, en el libro desliza una curiosa relación: la de Manuel Fernández-Montesinos, sobrino del poeta, y Antonio Ernesto Molina Linares, exvicepresidente de la Diputación de Granada, entonces en manos del PSOE: el primero era el padrino de la hija del segundo.

Molina Linares ostentaba este cargo cuando, en 1986, se inauguró en Alfacar el parque Federico García Lorca, con motivo del 50 aniversario del asesinato. Durante las obras, unos operarios habrían descubierto restos óseos, pero "algunos tenían prisa por inaugurar el parque y esos huesos molestaban, así que los movieron".

Lo cuenta Gibson en esta entrevista, pero también lo confesó Molina Linares en 2008, un año antes de las excavaciones, en el diario granadino Ideal. "Se sabía que al hacer allí el parque era posible que a lo largo de las obras aparecieran restos, y así ocurrió", relató el exvicepresidente.

Habían transcurrido más de veinte años, por lo que el caso habría prescrito, pero Gibson se sigue preguntando si la estrecha relación entre este y el sobrino del poeta, que había sido diputado del PSOE y era padrino de su hija, pudo determinar un silencio pactado para evitar el escándalo.

Gibson, en fin, deduce que Molina Linares y José Antonio Valdivia Gómez, responsable de las obras del parque –también reconoció en 2021 el hallazgo de los operarios durante las obras–, pudieron haber presenciado el descubrimiento de los restos y pusieron "rápidamente al tanto de lo ocurrido a su compadre Fernández-Montesinos", según leemos en No me encontraron.

Por otro lado, está José Antonio Rodríguez Salas (entonces guarda del parque y actualmente diputado en el Congreso por Granada), que "dice tener un libro sobre el tema", según Gibson. "Es una locura que el Partido Socialista no haga nada por aclarar esto", lamenta.

¿Y dónde se movieron los restos, si hay que obviar las versiones alternativas, de las que Gibson desconfía: que el padre se llevara el cadáver y esté enterrado en la Huerta de San Vicente bajo la habitación del piano, que el franquismo se deshiciera de ellos, que esté en Estados Unidos en la tumba de su padre, que esté en Madrid junto al cuerpo de su madre, que esté en Buenos Aires...? "Yo creo que está debajo de la fuente del parque de Alfacar", sostiene Gibson, que lamenta que un informe dijera que "no podían trabajar allí porque había algo en la fuente. Una excusa patética".

El hispanista, sin embargo, no pierde la esperanza. Que el PP de Juan Manuel Moreno Bonilla haya revalidado su victoria en Andalucía no tendría por qué ser una mala noticia, pues el líder popular prestó buena disposición desde el inicio a continuar con la búsqueda. Sin embargo, la más que probable entrada de Vox en el gobierno complicaría las cosas. "Con Vox será más difícil porque quieren desmantelar la Ley de Memoria Democrática", concede.

A propósito, Gibson considera que "las heridas no se cierran mientras haya muertos en las cunetas. La derecha dice eso porque sus heridas sí se cerraron, al poder recuperar a sus muertos, como en Paracuellos". Por eso "es importante averiguar", dice. Además, "así se alejan falsas teorías". Entre todas las que le han llegado, como la que dice que está en la mezquita-catedral de Granada, prefiere una de su propia cosecha: "Yo creo que está en la luna. Es Pierrot, en versión española, mirando a la luna".