El pan maltés o ħobż tal-Malti.

El pan maltés o ħobż tal-Malti.

Actualidad gastronómica Día Mundial del Pan

Así es el inigualable pan de la capital panadera de Malta, donde se esconden más de 20 hornos de leña

El ħobż tal-Malti es un producto tradicional que sigue elaborándose de forma artesanal y que forma parte del patrimonio gastronómico nacional.

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Por las calles empedradas de Qormi, en el corazón de Malta, el aire huele a pan recién hecho. No es casualidad. Esta localidad, conocida como la capital panadera del país, es el alma del ħobż tal-Malti, el pan maltés por excelencia.

Entre sus callejones aún se escuchan las puertas de hierro de los hornos abrirse al amanecer, mientras más de veinte panaderías familiares encienden sus fuegos de leña para repetir un ritual que lleva siglos alimentando a la isla.

El pan maltés es identidad del país. Su historia se remonta al siglo XVI, cuando los Caballeros de San Juan construyeron graneros subterráneos en La Valletta para asegurar el suministro de grano a la población. Desde entonces, el pan se convirtió en símbolo de subsistencia y orgullo nacional.

Hoy, el ħobż tal-Malti sigue elaborándose con masa madre, harina local y una pizca de agua marina, que aporta ese toque salino tan característico.

El proceso de fermentación lenta y el horneado en piedra, a fuego de leña, dan como resultado una hogaza de corteza dorada y crujiente, con una miga húmeda, ligera y ligeramente ácida, que encapsula el sabor del Mediterráneo.

Qormi, a ritmo del horno

A primera vista, Qormi podría parecer un tranquilo pueblo maltes, pero basta con caminar sus calles para descubrir el latido constante de sus hornos. En cada esquina, un aroma distinto cuenta una historia.

Los panaderos comienzan su jornada antes del alba, moldeando la masa con manos curtidas por el calor del fuego y la paciencia del tiempo.

Uno de los hornos tradicionales donde se cuece el pan maltés.

Uno de los hornos tradicionales donde se cuece el pan maltés.

El pan aquí no es producto de prisa, sino de precisión. Se cuece lentamente, con el mismo respeto con que se hizo durante generaciones. Cada hogaza es una pieza viva del patrimonio gastronómico maltés.

La tradición panadera de Malta va más allá del ħobż tal-Malti. La ftira, con su forma de anillo y textura aireada, es otro emblema de la isla. En 2020, la UNESCO la reconoció como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, confirmando su relevancia como símbolo de identidad colectiva.

No menos popular es el ħobż biż-żejt, o “pan con aceite”, una receta humilde pero profundamente mediterránea. Con base de pan maltés o ftira, se unta con pasta de tomate, se rocía con aceite de oliva, se sazona con sal y pimienta, y se acompaña con atún, aceitunas, alcaparras o el característico queso ġbejna.  

Hobż biż-żejt o pan con aceite.

Hobż biż-żejt o pan con aceite.

De pan en pan por Malta

Viajar por Malta también es posible a través de sus panes. En La Valletta, cafés y panaderías celebran las recetas tradicionales, mezclando el aroma de la masa madre con la historia viva de la ciudad amurallada. En Żebbuġ y Ħamrun, las panaderías familiares conservan sus hornos de piedra, donde el fuego se enciende con la misma madera que usaban sus abuelos.

Y cada octubre, Qormi se viste de fiesta con el Lejl f’Casal Fornaro, una noche entera dedicada al pan. Las panaderías abren hasta tarde, los hornos resplandecen como faros y las calles se llenan de música, demostraciones y degustaciones. Es un homenaje a la masa, al trabajo artesanal y a una comunidad que, generación tras generación, sigue alimentando su historia con harina, fuego y alma.