Dan Walsh, remero olímpico.

Dan Walsh, remero olímpico.

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Dan Walsh (46), remero olímpico, sobre su deuda: "Llegué a reunir 47.000 euros para poder seguir compitiendo"

El medallista en Pekín 2008 cuenta en el Wall Street Journal sus dificultades económicas durante su etapa como profesional.

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G.E.
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Dan Walsh sabe lo que es subir a un podio olímpico y, al mismo tiempo, vivir con la tarjeta al límite. El remero estadounidense, bronce en los Juegos de Pekín 2008 , contó cómo sus ciclos olímpicos estuvieron marcados por la deuda y por una gestión económica al límite del desastre.

Lo hizo en el pódcast financiero del Wall Street Journal. En el episodio "Going for Gold: The Financial Hurdles Facing Olympic Athletes", Walsh admite que cada ciclo hacia unos Juegos suponía hipotecar su futuro. "Entraba en deuda en cada ciclo olímpico", explica al periodista J.R. Whalen, antes de concretar el punto de inflexión: "Llegué a contraer unos 47.000 euros de deuda con una cooperativa de crédito", recuerda, ya retirado.

Su historia desmonta la idea de que una medalla olímpica garantiza estabilidad financiera. Walsh detalla que buena parte del agujero se generaba en el día a día del centro de alto rendimiento: alojamiento, gasolina, viajes internos y, sobre todo, comida.

Como remero de élite, necesitaba entre 6.000 y 10.000 calorías diarias para sostener la carga de entrenamiento, un nivel de consumo que disparaba la factura del supermercado. "Todo el efectivo que entraba se iba en lo esencial y la comida acababa muchas veces en la tarjeta de crédito", admite en la conversación.

Esa espiral se repetía en cada ciclo olímpico. El remero confiaba en las primas por resultados para "tapar" el agujero que él mismo iba calculando: hasta dónde podía dejar crecer la deuda sin que se volviera impagable.

Dan Walsh, durante una competición.

Dan Walsh, durante una competición.

Cuando el bote funcionaba, las medallas permitían respirar; cuando no, tocaba asumir que el siguiente año empezaba ya lastrado por los intereses acumulados. "Intentaba equilibrar el saldo pensando: 'si ganamos medalla en el Mundial, ese dinero me permitirá bajar la deuda a este nivel y no más'", relata.

Walsh explica que no se trata de un caso aislado, sino de un patrón bastante común entre deportistas de deportes "no profesionales": ingresos irregulares, una carrera deportiva corta y la presión constante por financiar viajes, material y estancias fuera de casa.

Su punto de inflexión llegó tras quedarse fuera del equipo en 2012 por problemas de salud. Sin Juegos y con decenas de miles de dólares pendientes, tuvo que salir del agua para salvar sus cuentas.

Consiguió un puesto de entrenador en la Universidad de Northeastern y, desde ahí, empezó a ordenar su economía. "Acabé con alrededor de 47.000 euros de deuda y, por primera vez desde 2010, pude decir que estaba casi libre de deudas, aparte de la hipoteca", explica.

En el pódcast, Walsh insiste en que el gran error de muchos atletas es no tratar su carrera como un negocio. Entrenan como profesionales, pero gestionan el dinero como amateurs.

Frente a eso, defiende tres ideas básicas: presupuestar de verdad, aceptar que habrá años en rojo y poner un tope claro a la deuda asumible. En su caso, aprender a decir "no" a determinadas competiciones o concentraciones fue tan importante como decir "sí" a un trabajo estable cuando el cuerpo ya no respondía igual.

La experiencia le ha llevado a adoptar un papel casi pedagógico con las nuevas generaciones de remeros. Walsh explica que muchos chavales llegan a la selección sin apenas nociones de finanzas personales, deslumbrados por la idea del uniforme de Estados Unidos.

Pero sin entender que, detrás, hay billetes de avión, alquileres y tarjetas de crédito. "Hay que tratar la carrera deportiva como una empresa: saber cuánto entra, cuánto sale y qué parte puedes permitirte perder", resume.