Image: El monstruo de la lluvia
Una manifestación de la vida psíquica infantil es el miedo nocturno. En las pesadillas, en el acoso de monstruos o en el temor a la oscuridad la imaginación tiene un poder ilimitado que al tiempo que da vida a seres fantásticos, lo hace a través de un discurso lógico. Por eso genera una confusión entre lo real y lo imaginado que hace que la explicación sea para el niño insuficiente y sólo lo consuele el afecto. Ahora bien, pasado el pánico, la literatura cumple una función catalizadora.
En El monstruo de la lluvia, Marilar Aleixandre plasma con acierto la doble naturaleza racional-irracional del miedo infantil. La verosimilitud del monstruo-pesadilla permite que el pequeño lector se reco-nozca en la historia y des-cubra que la imaginación le permite enfrentar y superar su temor. Por su parte, las ilustraciones de Pablo Amargo recrean a la perfección el vertiginoso movimiento onírico característico del mal sueño y su lirismo gráfico nos permite proyectar nuestros monstruos en sus imágenes.
En El monstruo de la lluvia, Marilar Aleixandre plasma con acierto la doble naturaleza racional-irracional del miedo infantil. La verosimilitud del monstruo-pesadilla permite que el pequeño lector se reco-nozca en la historia y des-cubra que la imaginación le permite enfrentar y superar su temor. Por su parte, las ilustraciones de Pablo Amargo recrean a la perfección el vertiginoso movimiento onírico característico del mal sueño y su lirismo gráfico nos permite proyectar nuestros monstruos en sus imágenes.