Margaryta Yakovenko. Foto: Jacobo Medrano.

Margaryta Yakovenko. Foto: Jacobo Medrano.

Letras

Margaryta Yakovenko, escritora ucraniana: "Es importante ponerles cara a los muertos de las guerras"

La periodista y autora publica 'Ocupación', una crónica familiar tiznada de rabia y desconsuelo de la guerra que lleva cuatro años azotando Europa.

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Margaryta Yakovenko (Tokmak, 1992) supo que iba a escribir Ocupación (Seix Barral) desde el mismo momento en que Rusia invadió Ucrania, pero no se sentó ante el ordenador hasta el 25 de febrero de 2025, cuando se cumplían tres años del inicio de la guerra. “No sabía si iba a ser una ficción, un ensayo, una crónica personal, pero necesitaba volcar lo que estaba sintiendo”, explica a El Cultural.

Portada del libro 'Ocupación', de Margaryta Yakovenko.

Portada del libro 'Ocupación', de Margaryta Yakovenko.

Pregunta. ¿Tuvo algo que ver la desolación, incluso cierto sentimiento de culpabilidad, por no haber estado junto a su abuelo cuando murió y no haber podido enterrarlo en una Tokmak invadida y derrotada?

Respuesta. Sentía más rabia y enfado que culpabilidad. Creo que todos tendríamos que tener derecho a enterrar a nuestros muertos. También sentía que las guerras son solo números para mucha gente, y que detrás de cada víctima siempre hay una historia que si no se cuenta se pierde. Por eso es importante ponerles cara a los muertos de las guerras.

P. ¿Tiene claro ya dónde está su casa y qué es la patria? Porque al final del libro escribe: “Mi Ucrania ya no existe. Es un frente”.

R. Creo que el concepto de patria se ha pervertido a lo largo de la historia. No sé cuál sería la mía, aunque sí tengo muy claro dónde nací, Tokmak. Mi geografía personal es esa ciudad, esos primeros recuerdos, las calles, los tilos... Tengo el sentimiento de haber perdido esa patria, que no es un país exactamente, aunque mientras los rusos estén allí, mi patria seguirá siendo Ucrania.

P. Hace unos días decía Valeria Luiselli que no nos podemos permitir el lujo de la desesperanza, y que es también una postura política no sucumbir a la tentación de la catástrofe. ¿Cómo se logra cuando la tragedia le atañe a uno personalmente, como en su caso?

R. Esa es una pregunta complicada, porque yo tiendo al pesimismo. Mi sensación es que todo puede ir a peor, así que el optimismo que siento es el de poder avisar de que lo que cuento le puede pasar a cualquiera en cualquier lugar del mundo. Tampoco Ece Temelkuran en Cómo perder un país y en La nación de los extraños es muy optimista cuando lanza el mismo aviso: esto que me ha pasado os puede pasar a vosotros, y si dejamos que al final gobierne el mal, ellos lo tendrán mucho más fácil.

P. Su abuelo, que había sido comunista y soviético toda la vida, murió sin entender el motivo de la guerra. ¿Jamás perdió su fe? Porque explica en Ocupación que para él la Unión Soviética no era solo su infancia, sino toda su vida.

R. Yo creo que nunca comprendió la guerra y tampoco la esperaba. Estaba al final de su vida, enfermo, cansado y, no, para mí que nunca lo asumió. Uno no elige su biografía, no elige dónde nacer, ni siquiera el idioma que hablas. Lo digo también en el libro, porque yo me he criado como rusófona, y los idiomas no son ideológicos sino circunstanciales, y en mi infancia el idioma que predominaba era el ruso.

P. Además, su familia era de origen ruso...

R. Sí, aunque al final descubrí que mis bisabuelos habían sufrido en primera persona cómo el estado totalitario soviético les despojó de todo lo que habían tenido, de sus tierras, sus casas, obligándolos a irse a otro país, porque ser ruso no te protegía del horror.

P. Cuando estalló la guerra usted sintió que el mundo se había vuelto loco. ¿La locura se ha hecho pandemia?

R. Sí, desde luego no va a mejor, pero ¿se ha vuelto el mundo loco o le hemos dado el poder a unas personas que no son capaces de mantener el bienestar de la gente? Creo que en parte somos culpables de eso. Las dictaduras, como los estados totalitarios, no nacen de un día para otro, van probando hasta dónde pueden llegar a someternos sin que digamos nada hasta que es demasiado tarde, tenemos las manos atadas y no podemos hacer nada. Ahora mismo estamos en ese momento de locura. Una cosa es lo que ha pasado en Rusia, donde no hay elecciones democráticas desde hace décadas y se ha perpetuado en el poder Putin, y otra lo que ha sucedido en Estados Unidos con Trump, donde la gente le ha votado y le ha dado ese poder.

P. ¿Lo peor es que hayan coincidido en el tiempo Putin, Trump y una Europa en su momento ético más bajo?

R. Sí, pero eso dice más de nosotros que de ellos. Mi sensación es que hay una especie de sopor general, de anestesia. Por mucho que haya voces procedentes de los países totalitarios que vayan avisando, no veo que haya mucha reacción.

P. ¿Qué es lo que más le ha decepcionado de la postura europea y estadounidense?

R. Tengo la sensación, compartida con más ucranianos, de que tanto Europa como Estados Unidos siempre se han esforzado en dar a Ucrania lo suficiente para resistir, pero no para ganar. Recuerde cómo Ucrania pedía tanques que tardaron casi dos años en llegar, o esos aviones que aún no han llegado. Mientras, Ucrania sigue resistiendo y Putin no ha conquistado aún Kiev.

P. ¿Cree que Putin se va a detener en Ucrania o están en peligro Lituania o Finlandia?

R. Tengo la sensación de que Putin jamás se enfrentaría a la OTAN, antes la hace reventar desde dentro con Trump a su lado. Así que no, no creo que haya un enfrentamiento directo entre Rusia y la OTAN porque Rusia perdería.

P. Volviendo al libro, ¿qué queda de la niña que solo quería bailar El lago de los cisnes y jugar con su abuelo?

R. Pues queda poco, pero con este libro he logrado volver a conectar con ella. La infancia es una parte de verdad de uno mismo tan pura que es una pena que la vayamos perdiendo con los años.

"Creo que tanto Europa como Estados Unidos se han esforzado en dar a Ucrania lo suficiente para resistir, pero no para ganar”

P. ¿Volverá algún día a Tokmak? ¿O la ciudad que amaba es ya inalcanzable?

R. Volveré. La verdad es que ese es el libro que quiero escribir, el de mi vuelta.

P. ¿Qué cree que opinaría su abuelo de Ocupación? ¿Le gustaría o pensaría que ha contado demasiado?

R. Me habría gustado preguntárselo. Mi padre echa de menos muchos fragmentos que me ha ido contando después de que terminara de escribir el libro, y me hizo gracia, porque mi padre y mi abuelo se parecen mucho y pensé que también mi abuelo creería lo mismo.

P. ¿Qué le gustaría enseñarle a su abuelo de su vida en España? Porque se instaló en un pueblo de Murcia, con su familia, a los siete años, tiene nacionalidad española y actualmente vive en Madrid.

R. ¿Sabe? Mis abuelos nunca vinieron a España, nunca les dieron los visados. Les habría enseñado cómo es la vida aquí, porque ellos solo habían viajado a países bajo la órbita soviética, y mi abuelo sentía muchísima curiosidad por todo, por las calles españolas, las carreteras, los cables eléctricos, todo. Me da pena que ellos no hayan podido verlo.