Poema incluido en una carta de Cela a Dolores Franco y manuscrito de una misiva dirigida a Cela el 24 de febrero de 1938. Diseño: Rubén Vique

Poema incluido en una carta de Cela a Dolores Franco y manuscrito de una misiva dirigida a Cela el 24 de febrero de 1938. Diseño: Rubén Vique

Letras

Cela enamorado: 'Quiéreme como un perro pero quiéreme', escribió a la alumna de Ortega que se casó con Julián Marías

En 1934 el autor de 'La colmena' comenzó a cartearse con Dolores Franco, discípula de Ortega y Gasset. La Fundación Banco Santander recupera en su colección 'Obra Fundamental' esta correspondencia inédita.

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Camilo José Cela (Iria Flavia, 1916 - Madrid, 2002) y Lolita Franco (Madrid, 1912 - 1977) se conocieron en el verano de 1934, y fueron vecinos en Las Rozas hasta que un incendio arrasó la casa de los Cela. Desde entonces y hasta enero de 1943, cuando el escritor le envió un ejemplar de la primera edición de La familia de Pascual Duarte, se cartearon con frecuencia y mucha complicidad.

De lo mundano y lo sublime

Camilo José Cela y Dolores Franco

Edición de Adolfo Sotelo Vázquez
Fundación Banco Santander, 2026
296 páginas. 20 €

Cuando se conocieron, Cela estaba preparando oposiciones a Aduanas obligado por su padre, que se negaba a que estudiase Filosofía y Letras por ser "una carrera propia de señoritas".

Ya eran amigos cuando él le escribe la primera carta que se conserva, fechada el 9 de septiembre de 1934. En ella, el futuro nobel protesta por el poco caso que le hace Dolores: "Solo, sin ti —¿me entiendes ahora?—, yo no tengo razón para seguir escribiendo —¡qué cruel eres!– bellos versos. [...] Yo te tenía un poco de miedo y bailaba y pasaba por la vida –¡infeliz de mí!, ¿por qué se me ocurrió salir de ahí?— porque no tenía, como tú, un amigo —Ortega— que me dijese que sí. [...] Te pido que quemes todas mis poesías, ¡pobres poesías mías, nunca debieron ser!, pero te pido también que, si alguna vez ves algo de mí –menos yo–, te fijes sólo en Camilo José, no en un pobre rubio flaco, mi razón de ser".

Ella le responde dos días después y le vuelve a ofrecer su amistad. De hecho, aunque duda de si el joven poeta es "bastante dueño" de sí mismo, le asegura que no hay en ella "desdén o compasión" y confiesa cómo "el que me tuvieses algo de miedo, al principio me divertía un poco; luego, me mortificaba". En cuanto a romper sus poemas, se niega a hacerlo contundentemente: "Eso nunca, ¡no me conoces!".

A partir de ese momento, las misivas se multiplican. Él le envía sus nuevos poemas y ella le invita a abandonar las vanguardias y a ser más sincero: "Creo que te vas centrando y te vas encontrando. Estás mucho más libre de influencias y no hay 'retórica de vanguardia': surges tú mismo. Me parece que esto tiene una doble importancia: primero, lo que significa de autenticidad; segundo, que tú eres de una generación posterior a la retórica de vanguardia, que tú has de ser un poeta de una época distinta y nueva" (24 de septiembre de 1934).

"Solo, sin ti —¿me entiendes ahora?—, yo no tengo razón para seguir escribiendo", confiesa Cela a Dolores en 1934

Mientras Cela suspira por encontrarse con ella ("yo desearía verte algún día, porque tu compañía me es muy necesaria"), Lolita intuye otras intenciones y se ofrece, como siempre, a ser (solo) su amiga: "A veces no sé a qué atenerme respecto a ti… Tal vez es porque tú lo has querido; quizá, diferencias esenciales; tal vez depende de mí, aunque yo no lo he querido, y sí ser tu buena amiga" (7 de octubre de 1934).

Para desengañarlo, le aconseja que tenga novia, y la respuesta de Cela es brutal: "Te agradezco los consejos [...]. Una novia dulce y buena con quien hablar… ¡Ah, mi amiga! Sólo tuve una novia, a quien quise —y quiero— tanto como desprecio, y para eso un día se le ocurrió decirme 'con tus ideas de comunista estrafalario y tu manera de ser, no lograrás ganar una peseta'. Le dije que 'bueno' y me marché. Después de eso, ¡qué voy a intentar!" (26 de diciembre de 1934).

Entre malentendidos, más poemas, anuncios de publicaciones, encuentros frustrados, confidencias y consejos, pasan los meses, con alguna pendencia y muchos descubrimientos. Cela, por ejemplo, le refiere numerosas peleas con su padre por culpa de sus estudios y le da cuenta de sus nuevas amistades, entre las que destaca María Zambrano, "buenísima y cariñosísima. Todo lo que se diga de ella es poco" (4 de noviembre de 1935).

La Guerra Civil lo cambiará todo. Dolores se derrumba tras el asesinato de su hermano Emilio en una checa, y es Cela quien debe darle ánimos. Es entonces cuando el Camilo José enamorado se muestra sin disimulo. Así, el 17 de agosto de 1936 le suplica: "Si no me quieres como amigo, quiéreme como a un mueble o como a un perro, pero quiéreme, Lolita".

Ella, más honesta que cruel, le desengaña otra vez. De hecho, lleva años hablándole de Julián Marías, con quien acabará casándose y teniendo 5 hijos, entre ellos el narrador Javier Marías. Quizá por eso, Cela no disimula su encono hacia Marías y, tras leer un artículo del filósofo, escribe: "Yo no sé si tendrá mucho mérito bajo el punto de vista filosófico; desde el punto de vista literario me parece —con toda sinceridad— bastante deficiente, y desde ambos —también con toda sinceridad—, demasiado pedante" (7 de febrero de 1936).

Sin embargo, cuando tras la guerra unos traidorzuelos (su amigo Carlos Alonso del Real y el catedrático Julio Martínez) delaten al joven discípulo de Ortega y este sea encarcelado y juzgado, Cela no dudará en enviar un certificado garantizando su intachable conducta durante la guerra.

La gratitud de Dolores, sin embargo, no nubla su honestidad. Cuando Cela le envía su Pascual Duarte, se muestra implacable: "La perspectiva elegida… ¡no la puedo comprender! ¿No te ha sido horroroso, como una enfermedad ingrata, asomarte a la ventana humana del alma de Pascual Duarte?… Y respecto a técnica, ¿no sigue siendo técnica de novela naturalista, ya superada en la literatura?" (1 de febrero de 1943).

Fiel a sí misma, en una de las últimas cartas del libro, sin fecha, insiste: "No escribas sino cuando tu alma vibre, cruja o tiemble". La respuesta de Cela no se conserva, si es que llegó a responder a semejante prueba de amistad.