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Letras

'Una filosofía de la risa', la catarsis cómica de Bernat Castany: bromear sobre calcetines o sobre Trump

El ensayista distingue entre chistes "realistas", de alcance universal y propósito filantrópico; y chistes "idealistas", de alcance grupal y propósito ridiculizador.

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Bernat Castany Prado (Barcelona, 1977) defiende la tesis de que, merced a su capacidad de suspender el juicio afirmando la naturaleza ambigua y paradójica de la realidad, el humor nos facilita una lucidez preciosa. Otorga el chiste una especie de inteligencia escéptica y alegre, gracias a la cual entendemos que la vida… no se puede entender.

Portada de 'Una filosofía de la risa'

Portada de 'Una filosofía de la risa'

Una filosofía de la risa

Bernat Castany Prado

Anagrama, 2026
400 páginas. 21,90

La filosofía del humor la han practicado tres generaciones de humanismo europeo (Erasmo, Montaigne, Cervantes). En un estudio previo sobre el escepticismo de Borges, el autor empleó una línea argumental no alejada de esta.

En se sostiene además que el humor tiene un estatuto formal: se puede bromear tanto sobre números, sobre vicios, sobre calcetines o sobre Donald Trump. Es algo transversal. No obstante, el rasgo por excelencia que Castany reconoce en lo cómico es el "desinterés", noción que procede de la estética clásica y de la teoría de las artes.

O sea, cuando algo nos hace reír lo tomamos como algo no útil, pero completo en sí mismo: además, nos place (a veces, en forma de carcajadas). La sección segunda del tratado discurre en el mentado campo: habla de la "catarsis cómica" y recuerda la teoría romántica del "símbolo", inagotable y ambiguo como un buen chiste (p. 114).

En la lucidez que otorga al humorismo encuentra Castany distancia y afecto hacia nosotros y hacia los demás. Subraya la perspectiva moral y política. Distingue nuestro autor chistes "realistas", de alcance universal y propósito filantrópico; y chistes "idealistas", de alcance grupal, tribal o de clase, y propósito ridiculizador. Apoyándose en Spinoza, defiende que la primera especie cómica promueve la alegría general, sin ácidos maltratos, y que ésta incrementa las "potencias" de los hombres.

Tal efecto estimula los genuinos valores igualitaristas con los que debe contar toda democracia sana. Así, la segunda mitad del trabajo versa sobre los vínculos entre el liviano humor y la felicidad (sección 3); entre el humor liberador y la tolerancia... "Un chiste machista o racista", sostiene, "que recoge y difunde una visión deformada de la realidad, es más falso, y más triste" (p. 66). La sección 4, titulada "Las uvas de la risa", lo desarrollará.

Este tema nos va a fascinar siempre. Junto con la gaseosa sutileza del humor, advertimos la heterogeneidad abrumadora de los objetos de la risa a nuestro alrededor. ¿Existe la fórmula filosofal que explique la esencia cómica del gesto del mimo, el sarcasmo de Jane Austen, la novatada del matón, el disfraz ridículo, una pintada obscena o el resentido chascarrillo del oscuro tuitero? Incluso las obras clásicas de Freud o Bergson fracasan en dar cuenta del misterio cómico de manera integral.

En la lucidez que otorga al humorismo encuentra Bernat Castany distancia y afecto hacia nosotros y hacia los demás

Castany, que exhibe una bibliografía amplia y nutrida, nos ofrece un completo estado de la cuestión. Y unas categorías operativas. Ahora bien, hay algo esencial que las filosofías de la risa no consiguen pescar con sus generalizaciones: la cualidad.

¿Hay un "humor triste" y otro "humor alegre"? ¡Sea! Pero en cada grupo podríamos hablar de un chiste "fallido" o "logrado", ¿en qué rayos reside la, nunca mejor dicho, gracia? Aunque una filosofía sobre la tragedia propende a ser trágica en sí misma, una meditación del humor no suele ambicionar resultar graciosa. Pero Una filosofía de la risa sí lo procura.

La "apología de la comicidad verbal" resulta clave a la hora de valorar el desenfadado estilo del escrito. Un ejemplo al azar: "Por eso, iba Robinsón, crusó, y lo atropellaron" (p. 285). O: "Al agua pathos" (p. 118). O: "Jesucristo es Platón aplastado contra el cielo, porque no se le abrió el parasubidas. Mec, mec" (p. 105). La última: "…hacernos merecedores de lo real. O de L’Oréal, porque nosotros lo valemos…" (p. 344).

Portada de 'Las risas del arte'

Portada de 'Las risas del arte'

Las risas del arte

Catedrático de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Pompeu Fabra, Carlos Reyero (Santander, 1957) aborda en su último libro algo tan serio como La risa del arte (Cátedra). Casi nada escapa a su mirada sabia y profunda sobre numerosas obras maestras de todos los tiempos: ni la "risa equívoca de lo grotesco" ni lo carnavalesco o monstruoso. Risas festivas, burlescas, incluso diabólicas que atraviesan los siglos y que actúan como retrato social, elemento de persuasión, de ataque y, ante todo, de reflexión.