Cesare Pavese. Foto: Altamarea.

Cesare Pavese. Foto: Altamarea.

Letras

'Trabajar cansa', de Cesare Pavese: una premonición de su última tarde en el mundo

El poeta que revolucionó la poesía italiana desde el primer poema concibió este libro como un retratos de soledades, hombres y mujeres enfrentados a las condiciones materiales de su entorno.

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Setenta y cinco años después de su muerte, seguimos hablando de Cesare Pavese (1908-1950). Y, lo que es más importante, leyéndole. El huésped discreto que una noche de fines de agosto de 1950 se quitó la vida en la habitación 49 del Hotel Roma de Turín, el autor de una de las despedidas más célebres de la literatura ("Todo esto da asco. // No palabras. Un gesto. No escribiré más"), sigue viviendo entre nosotros gracias a sus novelas y relatos (El bello verano, La luna y las hogueras), sus poemas y a ese diario feroz y desolador que es El oficio de vivir, reflejo en el tiempo de una sensibilidad refinada y fuertemente analítica, incapaz de contentarse con las ideas recibidas o las primeras impresiones.

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Trabajar cansa

Cesare Pavese

Traducción de Carlos Clavería
Altamarea, 2025
312 páginas. 24,90 €

Su poesía ha sido objeto de numerosas traducciones a nuestro idioma desde aquellas tempranas versiones de José Agustín Goytisolo. Solo en Visor contamos con una edición de sus Poesías completas (1995) a cargo de Carles José i Solsora y otra de Trabajar cansa (2019) por José Muñoz Rivas, experto pavesiano. Por no hablar de la Poesía completa (Barnacle, 2025) que preparó el gran poeta argentino Jorge Aulicino.

Ahora ve la luz esta nueva traducción de Trabajar cansa por Carlos Clavería Laguarda, quien, como Muñoz Rivas, incluye los dos textos críticos que Pavese dedicó a su propia poesía. A este material el traductor añade un lúcido epílogo que no solo retrata al autor y a su obra, sino que estudia con elegancia las dificultades que plantea su traslado al español.

Lavorare stanca, publicado en 1936, en Florencia, por Edizioni de Solaria, fue el primer libro de Pavese, su estreno editorial, y pasó prácticamente desapercibido. Constaba de 45 poemas que suponen una ruptura casi total con la lírica italiana del momento, no solo los rescoldos de la retórica dannunziana, sino también el gusto por la elipsis y la oblicuidad expresiva de los "herméticos" (de cuya lección de reticencia, sin embargo, tomó buena nota).

Y esto es así desde el primer poema, "Los mares del sur", que tan importante fue a la hora de fijar un ideal de estilo, una manera de abordar el material que fuera capaz de sacarle todo su potencial narrativo y de sugestión sin caer en un prosaísmo de vuelo bajo. Que Pavese estuviera convencido de su logro no quita para que tardarse en ser aceptado y comprendido. Tampoco la segunda edición de 1943, esta vez en Einaudi, muy ampliada y revisada –y que esta edición sigue fielmente–, fue capaz de cambiar la situación.

Lo social y lo económico tienen su lugar aquí, pero casi más importante es el peso de la tierra, lo telúrico, el cuerpo...

Pavese planteó este libro como un conjunto de retratos de hombres y mujeres solos, enfrentados a las condiciones materiales de su entorno. Estamos ante poemas que son estampas en movimiento, viñetas narrativas donde se perfila un personaje o se insinúa un trasfondo de experiencias con una mezcla característica de pesimismo y fuerza vital. Sin costumbrismo ni fácil moralina, eso sí.

Lo social y lo económico tienen su lugar aquí, desde luego, pero casi más importante es el peso de la tierra, lo telúrico, la fuerza del sol y del viento y de la lluvia, el cuerpo como lugar que genera conciencia a partir de lo que percibe, lo que recibe desde fuera. La profunda sensualidad de El bello verano ya está presente en estos poemas, aunque a veces la corriente erótica se vea truncada por la misoginia ambiente y una visión negativa de las relaciones humanas.

La memoria y la atmósfera de su Piamonte natal se entrecruzan con visiones ariscas de la vida urbana, como en ese poema homónimo donde no podemos evitar ver una premonición de su última tarde en el mundo. En Trabajar cansa está ya, en sustancia, todo Pavese. Solo hay que tirar del hilo.