Image: Combatientes requetés en la Guerra Civil española
Soldados nacionales durante la guerra civil
Julio Aróstegui (1939-2013), que fue catedrático de Historia contemporánea de la Universidad Complutense ofreció una primera entrega de este estudio en 1991. Como advierte Luis Hernando de Larramendi, en el artículo a la memoria del autor que abre el libro, se trató de una edición tan deficiente desde el punto de vista editorial que, en realidad, cabe hablar de un libro completamente nuevo. Eso ha sido posible por el trabajo de corrección y ampliación que realizara Aróstegui, y por el cuidadoso trabajo de edición llevado a cabo por Jesús Martínez Martín, colega, discípulo y amigo entrañable del autor fallecido.La recuperación del texto ha sido posible por el apoyo de la Fundación Ignacio de Larramendi que ha dedicado siempre una especial atención a los estudios del carlismo y de todos aquellos aspectos que son parte de la comunión tradicionalista. Hace tres años la Fundación patrocinaría un monumental volumen -Requetés. De las trincheras al olvido- , con un prólogo de Stanley G. Payne y un epílogo de Hugh Thomas, en el que se recogían centenares de biografías de combatientes tradicionalistas.
El carlismo, mucho más allá de su inmediata significación política, engloba todo un mundo de referencias culturales y afectivas sin el que sería muy difícil entender buena parte de la vida española de los dos últimos siglos. Su apuesta por la Monarquía tradicional y los valores cristianos marcó profundamente a muchas personas que aún hoy, cuando casi se ha desvanecido el proyecto político que dio origen al movimiento, siguen participando de un sentido de comunión en esos valores. El proyecto carlista, que se había cerrado en falso con el abrazo de Vergara de 1839, continuaría siendo una opción política que afloraría en diversos momentos y, como señala Aróstegui en el libro, era la más antigua de las agrupaciones políticas españolas existentes en los años treinta del siglo XX. De ella surgirán los combatientes requetés que, en julio de 1936, unieron sus armas a las de los militares sublevados en África y en otras plazas españolas. La movilización carlista proporcionó a los sublevados una fuerza de choque decisiva en el norte de España. Los tercios carlistas controlarían la línea fronteriza hasta Irún y cortarían el contacto con Francia de los territorios vascos leales a la República. También amenazarían Madrid pero no llegaron a rebasar la línea del frente de Somosierra.
Julio Aróstegui, que ya había hecho un importante aproximación al mundo carlista a partir de su temprano estudio sobe el carlismo alavés y la guerra civil de 1870-1876, pasó a estudiar a los combatientes carlistas de la guerra civil de 1936, a partir del gran acopio documental que, en la década de los cincuenta del siglo pasado, habían realizado Ángel Lasala y Javier Lizarza. El trabajo de ambos no llegaría a publicarse, pero Aróstegui pudo completarlo con los recursos documentales que se abrieron a los investigadores a partir de 1975.
El resultado final del trabajo se articula en siete extensos capítulos en los que, después de analizar los antecedentes y el fenómeno de las milicias voluntarias, se pasa revista a las unidades militares carlistas de acuerdo con su procedencia regional. Navarra, el País Vasco y Asturias, Aragón y la Cataluña interior, junto con Andalucía fueron las más importantes regiones originarias de los tercios carlistas que se organizaron en la guerra, con lo que se repetía la conocida geografía del carlismo español. El volumen, exquisitamente cuidado en esta ocasión, consta de unos valiosos índices -onomástico y toponímico- que vienen exigidos por la naturaleza del estudio y resultan imprescindibles para la consulta de investigadores y lectores interesados en el mundo carlista. También cuenta con un anexo de recuentos y estadísticas globales, que permiten hablar de un contingente que fluctuaría entre los quince mil y los veintitres mil combatientes durante los meses que duró el conflicto. Sobre el campo de batalla quedarían algunos miles de ellos pero, al no ser completos los datos, el autor ha preferido no aventurar una cifra total de los muertos en combate. En cualquier caso, este trabajo póstumo de Julio Aróstegui está llamado a convertirse en una obra indispensable para la historia militar de la guerra civil.