Jessie Buckley en los últimos premios BAFTA. Foto: Lounis Tiar / Zuma Press / Europa Press

Jessie Buckley en los últimos premios BAFTA. Foto: Lounis Tiar / Zuma Press / Europa Press

Cine

Jessie Buckley, una estrella inesperada en la carrera hacia el Oscar

Su papel en 'Hamnet' como esposa de Shakespeare ha convertido a la actriz irlandesa en una de las apuestas más seguras de los premios de Hollywood.

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Durante años, Jessie Buckley (Irlanda, 1989) fue una de esas actrices que trabajaban sin hacer demasiado ruido, moviéndose entre el teatro, la televisión, el cine independiente e incluso la música, lejos del foco de Hollywood.

Su trayectoria no ha seguido el camino habitual de las estrellas instantáneas: ha estado marcada por etapas de incertidumbre, momentos de invisibilidad profesional e incluso periodos de depresión, tal y como ella misma ha reconocido.

Sin embargo, su extraordinaria capacidad de transformación —un físico que cambia con cada personaje, acentos camaleónicos y una intensidad interpretativa poco común— terminó por convertirla en una presencia cada vez más difícil de ignorar.

Ese trabajo silencioso, sostenido durante más de una década, ha estallado finalmente en los últimos meses. Con 36 años, la actriz irlandesa ha pasado de ser un nombre relativamente desconocido para el gran público a convertirse en una de las grandes protagonistas de la temporada de premios. Su excelente interpretación en Hamnet le ha valido prácticamente todos los reconocimientos importantes: desde el Globo de Oro hasta el Critics’ Choice, numerosos premios de asociaciones de críticos y, estos últimos días, el Bafta británico y el del Sindicato de Actores.

Un ascenso fulgurante que la ha situado, casi de repente, en la primera línea de la carrera hacia los Oscar, y si los pronósticos se cumplen, este domingo la veremos subir al escenario con esa mezcla de nervios, sonrisa y naturalidad que la caracteriza para recoger la primera estatuilla de su carrera.

Y es que el impacto de Buckley en Hamnet no se explica solo por la intensidad de su interpretación, sino por la manera en que logra convertir una historia profundamente íntima en una experiencia universal. En la película dirigida por Chloé Zhao y basada en la novela de Maggie O'Farrell, Buckley interpreta con fiereza a Agnes Shakespeare, una mujer que vive entre lo espiritual y lo terrenal y cuyo mundo se quiebra tras la muerte de su hijo.

Sin embargo, lo que la actriz consigue en pantalla no es únicamente representar el duelo, sino habitarlo. Su Agnes parece conectada con la naturaleza, con los ciclos invisibles de la vida y la pérdida, una figura casi arcaica que recuerda a los personajes femeninos de las tragedias clásicas y que dialoga con el propio legado de William Shakespeare, cuyo teatro siempre ha explorado la frontera entre el dolor privado y la creación artística.

De alguna manera, la interpretación de Buckley nos invoca a que Hamlet, la obra más famosa del dramaturgo, nace precisamente de ese vacío emocional que convierte el duelo de una madre en el germen de una de las tragedias más importantes de la historia de la literatura.

Del teatro al cine de autor

Nacida en Killarney, el suroeste de Irlanda, Buckley creció en una familia bastante normal —su madre era profesora de canto— y desde muy pequeña estuvo rodeada de música. De hecho, durante años parecía más probable que su futuro estuviera en los escenarios musicales que en el cine.

Su primer contacto con la fama llegó de una manera curiosa, a través de la televisión. En 2008 participó en I'd Do Anything, un concurso de la BBC que buscaba a la actriz protagonista para una nueva producción del musical Oliver! en el West End londinense. Buckley no ganó el programa —quedó segunda— aunque esa “derrota” terminó siendo lo mejor que pudo pasarle: decidió alejarse del foco mediático y formarse como actriz, entrando en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art (RADA).

Durante varios años su carrera avanzó con discreción, alternando teatro y televisión, hasta que llegó uno de los papeles que la lanzaría definitivamente al cine con Wild Rose (2019), donde interpretaba a una joven escocesa obsesionada con convertirse en cantante de música country en Nashville.

La paradoja es que Buckley no era especialmente fan del country antes del rodaje. Para preparar el personaje pasó meses escuchando a artistas clásicos del género y trabajando un impecable y rudo acento escocés. El resultado fue tan convincente que muchos espectadores pensaron que directamente era una cantante profesional reconvertida en actriz.

La película no solo confirmó su talento interpretativo sino también su faceta musical, ya que Buckley puso voz a varias canciones de la banda sonora. Ese vínculo con la música cristalizaría años más tarde con la publicación de For All Our Days That Tear the Hear (2022), un disco grabado junto al músico de Suede Bernard Butler donde conviven el folk, el pop de cámara y donde brilla la sensibilidad lírica de la actriz.

A partir de entonces su carrera comenzó a diversificarse con rapidez. En 2020 protagonizó el perturbador filme de Charlie Kaufman Estoy pensando en dejarlo, y al año siguiente alcanzó uno de los momentos clave de su trayectoria con La hija perdida, la adaptación dirigida por Maggie Gyllenhaal.

En la película interpretaba la versión joven del personaje encarnado por Olivia Colman, un papel breve pero decisivo que le valió una nominación al Oscar como mejor actriz de reparto y que selló su sintonía artística con Gyllenhaal, quien volvió a contar con ella para la reciente ¡La Novia!. “Cuando nos conocimos se produjo un auténtico encuentro de mentes y almas. No sabría explicarlo del todo, pero Maggie y yo hablamos el mismo idioma artístico”, ha dicho Buckley sobre su relación con la actriz y directora.

Jessie Buckley en un momento de 'Hamnet'.

Jessie Buckley en un momento de 'Hamnet'.

El ascenso de la actriz irlandesa continuó consolidándose con dos proyectos muy distintos pero igualmente reveladores. Por un lado llegó Men (2022), la inquietante fábula de terror psicológico dirigida por Alex Garland, y ese mismo año participó también en Ellas hablan, el intenso drama coral dirigido por Sarah Polley.

Dos películas muy distintas entre sí que, sin embargo, terminaron por confirmar algo que ya parecía evidente: Jessie Buckley posee una presencia magnética y una sensibilidad interpretativa capaz de habitar con naturalidad relatos complejos, incómodos o emocionalmente exigentes. Cualidades que vuelven a quedar plenamente demostradas en Hamnet, donde su interpretación termina de redondear el prestigio que ha ido construyendo con paciencia y riesgo a lo largo de los años.

Un prestigio que, si nada se tuerce, podría encontrar este domingo un nuevo impulso en los Oscar. Pero más allá de premios y estatuillas, la trayectoria de Buckley parece destinada a seguir moviéndose con naturalidad entre el cine de autor, el teatro y la música, siempre un poco al margen de los caminos más previsibles de Hollywood.

Quizá por eso su posible consagración tenga también algo de símbolo cultural: el reconocimiento a una actriz que ha construido su lugar desde la sensibilidad artística y la búsqueda personal. Y Hamnet, con su mezcla de tragedia íntima y resonancia literaria, parece el escenario perfecto para ese reconocimiento.