Una escena de 'Greedfall: The Dying World'

Una escena de 'Greedfall: The Dying World'

Homo Ludens

'Greedfall: The Dying World', la corrupción moral del colonialismo

La precuela del título de 2019 nos pone en la piel de un nativo que descubre un continente en decadencia tras ser secuestrado por potencias coloniales.

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Spiders es un estudio parisino que siempre ha demostrado un nivel de ingenio y creatividad considerables que no siempre se han visto compensados con una capacidad técnica a la par. Sin embargo, en la última época sí que parecía que habían encontrado un espacio donde crecer en ambos sentidos y el futuro se antojaba halagüeño.

Greedfall (2019) y Steelrising (2022) demostraron un perfeccionamiento paulatino de sus mecánicas de combate, favoreciendo un esquema de acción visceral cada vez más pulido, el primero con su ambientación colonial y el segundo con su Revolución Francesa protagonizada por autómatas. Greedfall: The Dying World supone su intento sincero por convertirse en los sucesores de Bioware en Europa mientras nos invitan a explorar un mundo fascinante de naciones en disputa.

Ambientado apenas unos años antes del primer título, Vriden Gerr es una joven que se prepara para el ritual que la elevará a un rango de líder espiritual de su clan entre los nativos de Teer Fradee, una isla incorrupta que codician las potencias coloniales del continente.

Tras sufrir una emboscada, es secuestrada junto a sus compañeros y trasladada en pésimas condiciones allende los mares, donde es liberada por insurgentes que se oponen a los tejemanejes del general Kurnaz, un aristócrata con ambiciones imperialistas y responsable último de su secuestro.

Después de sobrevivir a varios lances, se hace con un barco y una tripulación de renegados con la que deberá navegar la compleja situación política del continente, estableciendo alianzas y buscando una manera de financiar una expedición que le permita retornar a su hogar mientras desbarata los pérfidos planes de Kurnaz.

El continente de Gacane ocupaba el fascinante prólogo del primer Greedfall, pero el resto del juego tenía lugar en el ecosistema primigenio de Teer Fradee, donde encarnábamos a un príncipe de la Congregación de Mercaderes que buscaba entre los nativos una cura para la plaga que asolaba el viejo mundo.

En esta precuela, las tornas cambian por completo, un reflejo de la estructura del primero que busca analizar el fenómeno del colonialismo desde el punto de vista del colonizado. Dicho esto, las ciudades de Gacane, inspiradas en las pinturas de Rembrandt, son visualmente más interesantes y atractivas que los entornos selváticos de Teer Fradee, que en Greedfall (2019) se volvían monótonos con demasiada rapidez.

El punto fuerte indiscutible de esta propiedad intelectual es sin duda el fascinante entramado geopolítico que conjura. La talasocracia de los Nauts radicada en la isla de Uxantis, la Congregación de Mercaderes con sus pugnas dinásticas en la urbe de Peren, la teocracia de Theleme, la confederación de estados libres de influencia otomana que establece su capital en Olima, etc.

Es un mundo que evidentemente nos retrotrae a la Europa del siglo XVII, pero que baraja los diferentes elementos geopolíticos para establecer su propio camino fantasioso. Cada uno de los miembros de nuestra tripulación pertenece a una nación diferente, ofreciendo un variado punto de vista que nos permite navegar las complejidades del continente con garantías a pesar de nuestra condición de forasteros en tierra extraña.

Un momento de 'Greedfall: The Dying World'

Un momento de 'Greedfall: The Dying World'

Por otro lado, los puntos débiles del juego también resultan igual de obvios. De una manera un tanto incomprensible, Spiders ha optado por abandonar todo el trabajo que habían estado haciendo hasta el momento y adoptar un esquema de combate inspirado en Dragon Age: Origins (2009) y Star Wars: Knights of the Old Republic (2003), los clásicos de Bioware. Es lo que viene a denominarse como "Real Time with Pause", un sistema a medio camino entre la acción y la componenda estratégica del combate por turnos que no satisface las pulsiones ni de unos ni de otros.

Si los clásicos de Bioware mencionados ocupan un lugar preponderante en la memoria de los más veteranos es por sus logros narrativos, no por la cochambre funcional de sus mecánicas. Las razones por las que prácticamente nadie utiliza este sistema hoy en día son obvias. Impone un ritmo antinatural que muchos encontramos tedioso, y el equilibrio es casi imposible.

Por suerte, Spiders parece ser consciente de sus carencias y ha incluido unas opciones para personalizar la experiencia, con modificadores de la dificultad que me han permitido sortear todas las escaramuzas a partir del momento en que mi paciencia se agotó con la invencibilidad activada y haciendo doble de daño, reduciendo por completo la frustración de un sistema de aciaga conceptualización.

Merece muchísimo la pena inclinarse por esta opción porque lo que Greedfall: The Dying World tiene que ofrecer en el resto de apartados es muy meritorio. La trama se sigue con interés y tiene mucho que decir de un tema tan controvertido y que sigue estando en el centro de la conversación pública (solo hay que atender a las disputas en curso entre el gobierno de México y la Corona).

Los personajes del elenco principal están muy bien construidos y cada uno cuenta con una trama específica que profundiza en su trasfondo biográfico, componiendo retratos psicológicos completos. El aspecto visual de las ciudades es arrebatador y las interpretaciones de los actores rayan a un nivel excelente.

Una escena del videojuego 'Greedfall: The Dying World'

Una escena del videojuego 'Greedfall: The Dying World'

Un final apresurado, un villano ausente y algunos recortes puntuales (la subtrama de Till ha sido arrancada sin misericordia) nos permiten intuir que quizá Spiders se haya visto obligado a lanzar el juego antes de tiempo, probablemente por presiones financieras.

Es muy posible que sea el canto de cisne del estudio. El espacio de los juegos de presupuesto medio es más competitivo que nunca. Aun así, se habrán ganado un puesto en las crónicas del desarrollo francés con los dos Greedfall y con Steelrising, probablemente su título más conseguido. Los tres dignos representantes del Eurojank, esos títulos un tanto zarrapastrosos en lo técnico pero dotados de una personalidad inconfundible y de una creatividad desbordante.

Greedfall: The Dying World

Estudio: Spiders
Editora: Nacon
Directora creativa: Jehanne Rousseau
País: Francia
Plataformas: PC, Xbox Series, PlayStation 5