Roman Khimei y Yarema Malashchuk: ' Open World', 2025. Foto: Cortesía de los artistas

Roman Khimei y Yarema Malashchuk: ' Open World', 2025. Foto: Cortesía de los artistas

Arte

Los artistas ucranianos que traen la cotidianidad de la guerra al Museo Thyssen

Roman Khimei y Yarema Malashchuk presentan un emocionante relato audiovisual en una exposición organizada en Madrid por TBA21.

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La representación arquetípica de la guerra está ligada a la bomba que cae. Sin embargo, esta imagen opaca la vida tensada que tiene lugar entre ataque y ataque. De esos momentos también están hechos los conflictos armados: aparentemente no hay nada que ver, pero todo lo que antes era la normalidad ha tomado un sentido diferente.

Roman Khimei y Yarema Malashchuk. Pedagogías de la guerra

Museo Thyssen-Bornemisza / TBA21. Madrid. Comisaria: Chus Martínez. Hasta el 21 de junio

Con excelente comisariado de Chus Martínez, la nueva exposición de la Fundación TBA21 en el Museo Thyssen-Bornemisza indaga en la transformación del día a día en la Ucrania atacada por Rusia. Roman Khimei y Yarema Malashchuk, dúo de jóvenes artistas ucranianos nacidos en 1992 y 1993 respectivamente, titulan su propuesta Pedagogies of War (Pedagogías de la guerra).

A través de cuatro obras videográficas de gran belleza formal y presencia instalativa, ponen en cuestión los lugares comunes con los que se muestra la guerra, introduciéndonos en la terrible cotidianidad de la existencia bajo amenaza. Desde el principio, la exposición se mueve en el espacio ambiguo entre la simulación y la vivencia.

Con The Wanderer (El caminante, 2022) vemos a los propios artistas escenificar la postura de los cadáveres de los soldados rusos, en un siniestro tableau vivant que tiene lugar en el paisaje de los Cárpatos.

Para Open World (Mundo abierto, 2025) toman el nombre de la pieza de los videojuegos que permiten explorar el entorno virtual: aquí acompañamos a un perro robótico teledirigido por un adolescente ucraniano desplazado por la guerra. Lo que originalmente era un dispositivo de uso militar sirve para que el joven pueda visitar remotamente su casa o su colegio.

Yarema Malashchuk, Roman Khimei: 'You Shouldn’t Have to See Thi's, 2024. Foto:  Mathias Völzke

Yarema Malashchuk, Roman Khimei: 'You Shouldn’t Have to See Thi's, 2024. Foto: Mathias Völzke

Cuando llegamos a la tercera sala, la intimidad de lo grabado es todavía mayor. You Shouldn’t Have to See This (No deberías tener que ver esto, 2024) está compuesto por una videoinstalación de seis canales donde contemplamos a niños y niñas ucranianos durmiendo, en un entorno con moqueta y cortinas rosas. Pero la incomodidad de invadir ese instante privado aumenta al saber que quienes descansan forman parte de las más de 20.000 personas trasladadas forzosamente a Rusia, de las cuales solo unas pocas pudieron volver.

La exposición concluye con el tríptico audiovisual We Didn’t Start This War (Nosotros no empezamos esta guerra, 2026). Aunque esta obra emplea para sí una afirmación que se repite en Ucrania desde el inicio de la invasión rusa, en ella no aparece la guerra. Sus tres pantallas muestran tan solo escenas aparentemente intrascendentes en la ciudad de Kiev: gente caminando, hablando por teléfono, conduciendo o durmiendo.

Pero lo que parece real es una escenificación en la que todo son actores: durante la guerra, la “normalidad” prosigue, pero lo hace a modo de simulacro. Las pedagogías de la guerra de Roman Khimei y Yarema Malashchuk nos enseñan cómo los contextos bélicos generan una normalidad alucinada que se desarrolla y perpetúa en el ámbito del día a día. Es fundamental que podamos “desaprender” sus hábitos de pensamiento, percepción y actos. Porque si la guerra es cotidiana, la paz también lo es.