Image: Felicidad Moreno, en la diana

Image: Felicidad Moreno, en la diana

Arte

Felicidad Moreno, en la diana

Obra reciente

15 noviembre, 2007 01:00

Hipnóptico, 2007

Galería La nave. La Nave, 25. Valencia. Hasta el 5 de enero. De 2.000 a 12.800 e.

Suprimidos los motivos vegetales que adornaban la obra de Felicidad Moreno (Lagartera, Toledo, 1959) hasta finales de los años noventa, a base de acrílicos, óleos, esmaltes, spray y emulsiones, sus cuadros posteriores ofrecieron la prolongación de esa pintura en una nueva dimensión, en la que entraron en juego los formatos. Aquellos cuadros sacaron a la vista, a modo de dianas, un color que buscaba la disconformidad tonal y se aplicaba en los fondos. Llevando la pintura a tomar parte en todo tipo de encuentros fortuitos, Felicidad Moreno entablaba una extraña síntesis entre fondo y superficie. De este modo, consiguió crear un insólito mestizaje en el que intervenían variopintos cruces genéticos, derivados de una caótica conjunción cósmica.

La obra actual, que no es sino una expansión de la misma, se sitúa en un trapecio en el que la pintora trata de zigzaguear los peligros de un formalismo que podría caer en las redes del decorativismo. La dinámica de la abstracción en pintura tras la consecución de la pura forma, ha dado mucho que pintar en el siglo pasado, hasta llevar a la pintura a los límites de un abismo, en el que las marchas atrás o la búsqueda de sus propios reflejos a partir de todo tipo de espejismos, han sido en el último tiempo salidas posibles para no lanzarse al precipicio. Que Felicidad Moreno haya decidido permanecer en el trapecio y suspender su pintura en un ingrávido juego de fantasías formales, podría mantenerla a salvo de las redes. Sus saltos ahora en el espacio vacío de la experimentación de la mano de los gestos infográficos, a los que también han recurrido afamados pintores como Albert Oehlen -por citar una cuota de altura en esta carpa-, justificarían los posibles movimientos pictóricos que recuperan lo op de otro tiempo tecnológico, llevándolo al centro del torbellino perceptivo en nuestra epidermis visual contemporánea.

Así, los mandalas, dianas y visiones cósmicas a los que recurre Felicidad Moreno en sus últimos trabajos se sitúan en ese complejo universo de luces y colores, en los que actúa, como señaló Guillermo Solana en estas mismas páginas, sin solemnidad y sublimidad, llevada por un sentido lúdico en el que parece sentirse a salvo, en tanto disfruta del propio ejercicio de la pintura: a ver.