Nadal, durante la presentación de la Laver Cup en Praga.

Nadal, durante la presentación de la Laver Cup en Praga. Martin Divisek Efe

Tenis Entrevista con el número uno del mundo

Rafael Nadal: “El radicalismo crea problemas en todos los ámbitos de la vida”

El campeón de 16 grandes charla a solas con EL ESPAÑOL en Praga, ahonda en su personalidad y reflexiona sobre algunos de los conflictos más importantes del mundo moderno.

Rafael Plaza Praga (enviado especial)

“¡Cinco minutos tarde!”. Rafael Nadal (Mallorca, España; 1986) recibe a su entrevistador apuntando con el dedo índice a su reloj para recordarle que es impuntual. El número uno del mundo, que viste chaqueta de deporte azul, pantalón negro y zapatillas grises, se cita con este periódico en el corazón del O2 Arena de Praga, donde este fin de semana ha disputado la edición inaugural de la Laver Cup que ha dejado escenas increíbles, como por ejemplo la del mallorquín jugando junto a Roger Federer un partido de dobles por primera vez.

Falta poco para que llegue el mediodía y la conversación tiene lugar en una sala vacía en la que únicamente están el campeón de 16 grandes y Tomeu Salvà, uno de sus mejores amigos y entrenador en la academia que el tenista abrió el pasado mes de octubre en Manacor. Nadal, que no para de gesticular para apoyar las palabras que va diciendo, no renuncia a ninguna pregunta, y muchas veces tiene motivos para hacerlo porque no todos los deportistas están dispuestos a desvelar su opinión sobre asuntos delicados.

El balear, que el próximo mes de octubre será premiado por este periódico como León de EL ESPAÑOL en una gala en el Teatro Real de Madrid, acaba de ganar el Abierto de los Estados Unidos para mantener viva su candidatura a mejor jugador de todos los tiempos, pero el diálogo con este diario se mantiene casi siempre alejado de sus méritos con la raqueta en la mano. Aunque sea inevitable hablar del Nadal tenista, más aún tras completar una nueva resurrección en 2017, la entrevista busca ahondar en la persona que está detrás del mito. Y el número uno mundial acepta hacerlo sin problemas. 

Las grandes figuras del mundo del fútbol no conceden entrevistas. 

Yo doy las entrevistas que me recomiendan. Tengo gente que trabaja para mí y siempre me dejo aconsejar por ellos, pero llega un momento dado en el que también necesito mi tiempo. Hay veces que digo: ‘Chicos, no puedo más’. Y cuando no puedo más, no puedo más. Lo que no me gusta es ir a hacer cosas de mala gana. Sé que tengo que hacer algunas cosas por obligación, pero llega un momento dado en el que estoy saturado y sé que no voy a a poder atender bien a la gente. Entonces, intento apartarme y encontrar mis espacios. Cuando hago las cosas las intento hacer de la mejor forma posible. La gente que me entrevista no tiene ninguna culpa de mi cansancio.

¿Alguna vez se ha creído una estrella? Tiene que ser difícil no endiosarse después de haberlo ganado todo durante más de una década para convertirse en uno de los mejores de la historia.

No sé cómo explicárselo muy bien. Está un poco relacionado con el lugar del que vienes, con la educación que has recibido y con las personas que tienes al lado. He crecido en un entorno muy normal y sigo viviendo igual. Si no me pasó con 19 años, cuando todo me vino de sopetón siendo joven y corría el riesgo de que me sobrepasase, con 31 años mucho menos. Después de todo lo que he vivido no creo que llegue el momento de que eso ocurra. Siempre me he tomado las cosas con tranquilidad, cuando era un adolescente y ahora que ya no lo soy.

No soy ningún modelo de nada. Soy una persona que juega bien al tenis

¿Cómo se gana alguien su confianza?

Sinceramente, la confianza conmigo se gana más o menos rápido. Soy bastante confiado en general. No soy desconfiado, hasta que me demuestran lo contrario. No desconfío hasta que alguien me da motivos para hacerlo. Entonces cambia un poco la película.

La madre de una amiga siempre dice que Rafa Nadal es el hijo perfecto, el novio perfecto, el marido perfecto… Algo así como un modelo universal e inalcanzable.

Soy una persona normal y corriente, no soy ningún modelo de nada. Soy una persona que juega bien al tenis. Las cosas han salido muy bien y las he llevado con normalidad. También mi familia y mi entorno. He intentando que mi actitud dentro y fuera de la pista fuera la correcta durante todos estos años. Cometo errores, como todo el mundo. No soy un hijo modelo y he roto platos como todo el mundo. Claro que he hecho cosas que a mi madre no le habrán gustado y sigo haciendo cosas que a mi madre no le gustan. Sigo rompiendo platos, pero soy una persona normal, igual que todas las demás.

“Sin que suene arrogante, porque no lo soy”. Esa frase la lleva repitiendo usted durante casi toda su carrera. ¿Ha tenido miedo de que la gente lo pensase?

No me da miedo que la gente piense que soy un arrogante, me daría miedo que lo pensase la gente que tengo a mi alrededor. Al final, muchas veces los que están fuera se hacen una imagen de lo que pueden ver, pero realmente no nos conocen. Claro que a nivel mediático es infinitamente mejor tener una buena imagen. A mí me gustaría ser recordado como una persona educada y buena gente. Lo más importante es que los míos, los que tienen una convivencia diaria conmigo, hablen bien de mí. Esas son las personas que realmente hacen que mi vida sea mejor. Una persona tiene que ser querida por la gente que tiene cerca. Normalmente, eso ocurre cuando eres buena persona. Y casi siempre significa que eres feliz.

Nadal, durante su partido ante Isner en la Laver Cup.

Nadal, durante su partido ante Isner en la Laver Cup. Martin Divisek Efe

En muchos casos, estamos ante un mundo de deportistas que son muy buenos actores. ¿Cómo se diferencia la humildad de la falsa humildad?

La gente que tiene falsa humildad… hay un momento dado en el que se descubre el pastel. Es algo que no se puede esconder de por vida. Hay momentos de tensión en los que salen las cosas, la verdadera forma de ser o de actuar. Pero también le digo una cosa: la gente con falsa humildad tiene algo positivo porque saben perfectamente qué es lo correcto. Aunque no lo sientan, al menos son capaces de reconocer lo que está bien y lo que está mal. Eso ya es un paso.

¿Falta autocrítica?

Siempre es lo mismo. Muchas veces, la gente opina de algunas cosas desde el desconocimiento. Si todos nos exigiéramos más a nosotros mismos, en lugar de exigir tanto a los demás, el mundo iría mejor.

¿La burbuja de la fama está hinchada?

Es algo que no me planteo. Vienen a pedirme un autógrafo y firmo. Vienen a pedirme una foto y me la hago. Y así todas las veces que puedo. No sé si está hinchada o no, yo estoy muy agradecido. La satisfacción es inmensa cuando veo el cariño de tanta gente, sobre todo en España. Cuando estoy en casa mi vida es muy normal y esa es mi vida real. 

Si todos nos exigiéramos más a nosotros mismos, en lugar de exigir tanto a los demás, el mundo iría mejor

Soy consciente de que mi fama no es por ser Rafa Nadal, es por lo que Rafa Nadal ha hecho en el tenis. Sé que todo esto tiene una fecha de caducidad. Intento no creerme que esto es lo normal, ni que vaya a ser algo de por vida. Es mejor no levantar mucho el vuelo porque la gente quiere estar cerca de ti, pero ni por lo que eres, ni por lo que dices. Es simplemente por lo que mi trabajo me ha llevado a hacer, por lo que conseguido dentro de una pista de tenis. No voy a estar ahí metido eternamente. Y le digo algo: las cosas importantes de la vida están fuera de la pista y mi futuro también está fuera de la pista de tenis, que es donde espero pasar muchos años.

En Acapulco jugó con la rodilla derecha vendada por “seguridad”, pero luego el cuerpo le ha respetado por primera vez en mucho tiempo. ¿Cuántas veces ha competido con dolor este año?

No quiero hablar de dolores, lo digo en serio. No me gusta hablar tantas veces de esto. Yo tengo mis cosas e intento manejarlas de la mejor forma posible, como puedo. Mi objetivo es terminar la temporada en condiciones y luego ver si hay cosas que arreglar de cara a 2018. A día de hoy, estoy centrado en lo que tengo que hacer: jugar bien en la gira asiática y llegar lo mejor preparado a la parte final del año. Eso es lo único importante para mí.

Aceitunas fuera, chocolate fuera, refrescos fuera… ¿Qué es lo que más le ha costado quitarse para equilibrar un poco la dieta?

Me cuesta todo, pero es como siempre: cuando coges la rutina es más fácil. Por ejemplo, tras terminar el Abierto de los Estados Unidos he ido de un lado para otro, he perdido esas rutinas y he hecho las cosas más desordenadas. En cambio, cuando coges una rutina y estás centrado es todo más sencillo. Lo complicado es adquirir la rutina. Se escuchan muchas cosas, por ejemplo hablando de entrenamientos. ¡Qué duro es entrenar cinco horas! Si estás acostumbrado a entrenar dos horas es muy duro entrenar cinco, pero si entrenas cinco llega un momento en el que es una rutina y no te cuesta tanto hacerlo. Es un tema de costumbres.

Las cosas importantes de la vida están fuera de la pista y mi futuro también

A principios de año añadió un tercer entrenador a su equipo. ¿Carlos Moyà le ha ayudado más a su tenis o a su cabeza?

Carlos ha sido un apoyo muy bueno. Vino con ilusión y con la creencia de que haciendo una serie de cosas mis resultados podían ir a mejor. Y me ha servido, ha sido una inyección de energía positiva para mí. Hemos cambiado un poco la forma de entrenar. Para Toni [Nadal, su tío y entrenador] también ha sido bueno. Cuando llevamos tantos años dentro de una misma rutina es complicado cambiar según qué tipo de cosas que ya se dan por hechas cada día. No hablo de Francis Roig, porque él está más en Barcelona y convivimos durante los torneos. En Mallorca, en los entrenamientos diarios, ha llegado una persona nueva como Carlos y ha venido con unas ideas para entrenar un poco distintas, más específicas. Cuando llega alguien nuevo también es más fácil escuchar porque es algo diferente. Y para Toni, a la hora de hablar conmigo, tener el refuerzo de la idea de Moyà lo ha hecho todo más sencillo. Han formado un gran equipo durante el año y estoy muy satisfecho con el trabajo de los tres. 

¿Jugarán el dobles juntos alguna vez?

¿Por qué no? Si Carlos está sano podríamos jugar y ser competitivos. Aunque ya veremos, depende del calendario. Yo juego pocas veces dobles, solo cuando pienso que me pueden ayudar al individual. Normalmente, suelo jugar dobles en las primeras semanas del año o en algún torneo muy específico. 

Toni lo deja en dos meses. ¿Quién va a ser la tercera pata del banco el año que viene?

Tengo que organizarlo de una manera un poco distinta a estos últimos años. Veremos cómo queda todo. No puedo perder de vista que Carlos tiene hijos y no puede viajar tantas semanas y que Francis también tiene un trabajo, y no está todo el tiempo disponible. También estoy seguro de que si necesito a Toni en algún momento estará dispuesto a venirse conmigo. Y en la academia tengo muchísima gente preparada para echarme un cable. Necesito organizarlo todo, pero esto se hace un poco más adelante, cuando termine el año. 

¿De verdad no le motiva alcanzar a Federer tras colocarse a tres grandes de distancia?

La verdad es que no. Para mí, no era un reto ser número uno este año y ahora puede llegar a ser un objetivo intentar terminar la temporada en esa posición después de todo lo que ha pasado. ¿Lo de Federer? Ahora mismo no es ni un reto ni un objetivo. Ojalá se diera en el futuro, y entonces pasaría a serlo. Soy feliz con lo que hago, estoy centrado en mi carrera y no me preocupo mucho de los demás.

Nadal y Federer, durante el partido de dobles que jugaron en Praga.

Nadal y Federer, durante el partido de dobles que jugaron en Praga. David W Cerny Reuters

¿Qué supuso competir por primera vez de la mano en Praga?

Sabía que era un momento especial dentro de nuestra historia, que es muy larga. Habíamos hablado hace años de jugar juntos, pero al final no pasó y por diferentes circunstancias no volvimos a hablar del tema. Todos los ingredientes estaban en su sitio para que el partido fuera inolvidable y así fue. Jugamos un encuentro único, muy especial. Jugué con alguien al que he tenido toda mi vida enfrente. Todo fue muy bonito. Tanto la preparación como el instante de salir a la pista. Lógicamente, te da confianza saber que tienes a un jugador así a tu lado, que en los momentos importantes va a responder seguro.

París confirmó la semana pasada que los Juegos Olímpicos de 2024 se jugarán en Roland Garros, el lugar más importante de su carrera. ¿No se le coge un pellizquito en el corazón al ver que tendrá 38 años?

Si hablásemos de los de Tokio 2020 todavía, pero en 2024… Serán en tierra batida, sí, pero tendría que ir de entrenador (risas). ¡Faltan siete años y entonces tendré 38! Llevo 300 años jugando a tenis, no creo que esté jugando hasta los 38, y menos aún siendo competitivo. Este es mi sentimiento a día de hoy, lo que luego pueda suceder no puedo saberlo. No soy adivino. El 2024 me queda muy lejos, ya me gustaría llegar a los de 2020. Ese sí que sería un gran objetivo. 

¿Se ve como entrenador?

No sé si sería buen entrenador o no. De momento no me lo planteo, pero no le digo que no porque hay muchos jugadores que dijeron que nunca serían entrenadores y luego están por aquí. Ahora mismo no me veo, otra cosa es que me vea en la academia ayudando a los chicos diariamente y jugando con ellos. Nunca se sabe lo que puede pasar en el futuro. Me veo más en la academia, en lugar de viajar durante varias semanas con un jugador. Dentro de cinco o 10 años ya veremos.

Me gustaría llegar a los Juegos Olímpicos de 2020. Ese sí que sería un gran objetivo

¿Habría sido buen jugador de fútbol?

Supongo que no.

¡Pero si marcaba goles hasta con las orejas!

Sí, y también había muchos tenistas muy buenos en esas edades y se han quedado por el camino. ¿Que lo hacia bien jugando a fútbol? Sí, incluso me habían subido de categoría y jugaba con gente mayor que yo. El problema es creerse la película: yo destacaba, pero jugaba en el Manacor, el equipo de mi pueblo. Mi pueblo es uno entre los miles y miles que hay en España. Y que luego yo haya hecho una carrera buena en el mundo del tenis no significa que hubiese sido bueno en otras cosas. 

Hace un año, habló de que le gustaría ser presidente del Real Madrid…

No, yo no dije eso. Fue lo de siempre. Lo único que me molesta de los periodistas, que no sé si es culpa de los periodistas, de los editores o de otras personas, son los titulares. Uno intenta hablar de todo y luego se busca el titular para que la gente se meta a leer la entrevista. Yo lo entiendo, pero llega un momento en el que uno se cansa. Estás hablando en una entrevista y no puedes estar tranquilo porque a la más mínima que digas una palabra un poquito fuera de tono sabes que va a ser el titular. La pregunta fue: ¿Te gustaría ser presidente del Real Madrid? Y yo dije que sí, claro. Esa es la realidad. De aquí a que lo pueda ser… pues está muy lejos, y posiblemente no ocurra. Es como si me preguntan ahora si me gustaría ganar Wimbledon el año que viene. ¡Pues claro que me gustaría volver a ganarlo!

No le iba a preguntar eso.

Ya, pero quería explicárselo.

Como aficionado, ¿se ha vuelto loco el mercado con fichajes multimillonarios que han reventado todos los récords?

Supongo que sí, que es todo una locura, pero también hay algo que es cierto. ¿Dónde está la locura y dónde deja de estar la locura? ¿Dónde está el bien y dónde está el mal? ¿Qué es éticamente correcto y qué no lo es? Son líneas que nos marcamos nosotros y seguro que su línea no es igual que la mía. No está claro dónde está lo correcto y lo incorrecto. Nos marcamos esas líneas y luego hablamos, pero sin saber si tenemos la razón o no.

A mi modo de entender, claro que es una locura, es una barbaridad de dinero, pero en teoría para eso está la UEFA. Es el organismo que tiene que controlar si es desmesurado o no. Por eso existe el Fair Play financiero. Si se pueden hacer estos fichajes será porque los clubes pueden asumirlos. Si los clubes pueden asumir los precios, si pueden seguir viviendo, ganando y siendo viables, entonces no es una locura. Es sencillo. Si las contrataciones están fuera de lo que uno puede asumir es una locura, si no lo están significa que no es ninguna locura. 

Nadal, durante un partido de la Laver Cup.

Nadal, durante un partido de la Laver Cup. David W Cerny Reuters

Este verano no le quitaba ojo a uno de los ordenadores de la zona de jugadores de Cincinnati cuando ocurrió el atentado terrorista de Barcelona.

Claro que cuando veo los desastres que ocurren me llevo las manos a la cabeza, como cualquier persona que tenga un sentimiento humano normal. Qué barbaridad y qué tristeza cuando ocurren esas cosas, pero no soy un experto. Estamos hablando de algo que desconocemos totalmente. Creo que desconocemos el problema real porque quizás no nos lo cuentan del todo. En este sentido, es complicado hablar de las causas porque nos quedan un poco lejos. El origen del problema, todas las cosas que ocurren en esos países, lo que ha podido suceder en el pasado… Es difícil poder analizarlas y descubrir la raíz de todo esto. Se me hace difícil tener una opinión formada.

¿Dónde está el origen del conflicto?

El origen del conflicto no lo sé y la solución tampoco, aunque hay algo evidente. El radicalismo crea problemas en todos los ámbitos de la vida. Hay veces que se confunden la emoción y la pasión con el fanatismo y el radicalismo. Se pueden vivir las cosas con emoción y pasión sin llegar a la radicalización. Ocurre en el tema del terrorismo, ha ocurrido en conflictos que hemos tenido antes en España, como con ETA en el País Vasco, y está ocurriendo ahora en Cataluña.

Lo que pasa en el fútbol no se puede separar del yihadismo o de Cataluña. Todo tiene un denominador común

El origen de la radicalización viene de las dos partes, no hay que hacer solo culpable a una de ellas. Siempre hay que tener la mente abierta para analizar las cosas y saber que cuando hay un problema no solo proviene de un lado. Es igual que cuando hay problemas en el mundo del fútbol con los aficionados que hacen auténticos desastres. Para mí, se puede vivir todo con la máxima emoción sin llegar a la radicalización. Y va muy conjunto en todos los ámbitos de la vida. Lo que pasa en el fútbol no se puede separar del yihadismo o de Cataluña. Todo tiene un denominador común: el radicalismo.

En los últimos días ha hablado muchísimo sobre el desafío secesionista de Cataluña, hubo algunos titulares que le desagradaron, pero…

El problema es que veo el titular y yo dije muchas otras cosas. Claro que me molesta. Lo hemos hablado antes, la mayoría de la gente no entra a leer la entrevista, se queda con el titular y… ¿Que estaba mal dicho el titular? No sé si estaba mal dicho lo que dije. A algunos no les habrá gustado y a otros sí. Puede seguir hablando, pero mi respuesta era otra.

¿Por qué cree que se ha llegado a la situación actual?

En los últimos tiempos ha habido una serie de personajes que han ayudado a que esta situación llegue a un punto de difícil retorno. Era un conflicto que estaba ahí, un sentimiento que se vivía desde la tranquilidad, y ha habido una serie de personajes que han encendido la mecha. Se ha complicado todo. Sinceramente se lo digo, se me hace muy difícil hablar de esto porque todo lo que digo se coge con pinzas. Algunos grupos políticos se pueden sentir mal por lo que digo o no digo y lo mismo con otras personas. Por supuesto que tengo una opinión formada y he dicho lo que creo que puedo decir. Desgraciadamente, mi opinión real del problema no puedo decirla en este mundo actual.