El mercado de Pamplona donde la huerta sigue a un paso y la compra se recoge en taquillas

El mercado de Pamplona donde la huerta sigue a un paso y la compra se recoge en taquillas

Reportajes gastronómicos

El mercado de Pamplona donde la huerta sigue a un paso y la compra se recoge en taquillas inteligentes

El Mercado del Ensanche demuestra que un mercado de abastos puede adaptarse a nuevos horarios, usos y generaciones sin la necesidad de convertirse en un espacio gourmet.

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En la vida ajetreada que llevamos, escaparse a hacer la compra puede convertirse, a veces, en una pequeña odisea. Lo fácil es recurrir a las grandes superficies, donde todo está en el mismo sitio y el tiempo parece ir más rápido. Pero hay una experiencia que no se puede replicar entre pasillos infinitos y carros idénticos: la de comprar en un mercado.

Los mercados siguen siendo uno de los mejores lugares para tomarle el pulso a una ciudad. Aunque en los últimos años muchos se hayan transformado en espacios gastronómicos, con barras, mesas altas y apenas unos cuantos puestos de abastos resistiendo entre ellos. Ejemplos como el Mercado de Vallehermoso, en Madrid, son buena prueba de esa evolución.

Sin embargo, todavía existen mercados que continúan siendo exactamente aquello para lo que nacieron: lugares de compra cotidiana, puntos de encuentro, espacios donde la calidad se ve, se toca y se conversa. Mercados donde el producto manda, donde se pregunta, se recomienda y se vuelve. El Mercado del Ensanche de Pamplona es uno de ellos.

Más de 70 años ofreciendo calidad de primera

En su centro, justo donde se cruzan los pasillos, un reloj se lleva todas las miradas. Y es que no es un elemento decorativo sin más. Durante años, bajo ese reloj hubo una fuente que servía para lavar pescado y verduras, cuando el género llegaba directamente del campo o del puerto y se trabajaba allí mismo.

Mercado del Ensanche abrió sus puertas en 1948 y es hoy el mayor de los tres mercados municipales de Pamplona. Ocupa toda la planta baja de una manzana del Segundo Ensanche, con accesos por las cuatro esquinas y más de 2.600 metros cuadrados dedicados a la venta de producto fresco.

Setenta y tantos puestos conforman una de las despensas más completas de la ciudad, organizada a la manera clásica: carnicerías, pescaderías, fruterías, pollerías, panaderías, encurtidos, flores, quesos y conservas.

Más allá de las cifras, lo que define al Ensanche es su función. Aquí se viene a comprar. A hacer la compra diaria o semanal, a preguntar qué ha entrado ese día, a interesarse por la temporada o a dejarse aconsejar.

La huerta como ventaja competitiva

Una de las claves que explica la vigencia del Mercado del Ensanche está fuera de sus muros. A menos de un kilómetro, junto al río Arga, se extienden las huertas de la Magdalena, uno de los espacios agrícolas históricos de Pamplona. Esa cercanía convierte al mercado en un ejemplo casi literal de producto de proximidad: entre la tierra y el mostrador hay apenas quince minutos andando.

Las verduras que se venden en muchos de sus puestos, como en Zabalza, llegan recién recogidas y siempre de temporada. Algunas familias hortelanas llevan generaciones trabajando esas tierras y comercializando su producción en el propio mercado, manteniendo un circuito corto que hoy se reivindica como valor añadido.

A esa huerta cercana se suman productos procedentes de otras zonas de Navarra: de la Ribera, de la Zona Media, de distintos valles. Carnes de ganaderías navarras, pescado del Cantábrico que entra a diario, quesos de montaña, pan elaborado cada mañana... No faltan puestos delicatessen, de preparados, una herboristería, salazones, encurtidos...

Modernizarse sin dejar de ser un mercado municipal

Lejos de quedarse anclado en el pasado, el mercado está en constante evolución. ¿Lo último? Ha ido incorporando soluciones prácticas para adaptarse a la vida actual y a los diferentes ritmos de ciudad a la vez.

El ejemplo más significativo son las taquillas inteligentes que instalaron hace tres años, pensadas para resolver una realidad concreta: el mercado abre por las mañanas de lunes a jueves y no todo el mundo puede comprar en ese horario.

El sistema de taquillas, de bajo consumo y respetuosas con el medio ambiente -la mitad de ellas son refrigeradas y la otra mitad no refrigeradas- permite encargar la compra al puesto habitual por teléfono o WhatsApp. El comerciante deposita el pedido en una taquilla refrigerada y el cliente recibe un código QR con el que puede recogerlo por la tarde.

Se trata de una solución sencilla que mantiene el vínculo con el mercado y facilita que quienes trabajan puedan seguir comprando de esta forma y con mayor calidad, sin límite de horarios.

Además, en 2025, el Ensanche reforzó su papel como espacio comunitario con la apertura de una sala polivalente dentro del propio mercado. Un aula totalmente equipada con cocina, mesas, sillas y pantallas, para acoger actividades gastronómicas, charlas, presentaciones y talleres, concebida para poner en valor el producto local y así poder estrechar la relación entre el mismo y su entorno.

Este espacio ha permitido programar iniciativas que van más allá de simplemente hacer la compra. Entre ellas, talleres de cocina intergeneracionales que reúnen a jóvenes y personas mayores en torno a recetas tradicionales como el ajoarriero o los menudicos de cordero.

De esta forma han conseguido compartir conocimientos y experiencias que forman parte de la cultura gastronómica cotidiana y que muchas veces se pierden en el olvido al no transmitirse y no tratarse de recetas escritas. También se organizan catas, encuentros con productores y actividades vinculadas al calendario gastronómico.

Buena parte de toda esta evolución responde a Diego Cantero, coordinador del Ensanche, uno de los impulsores de los cambios que han permitido modernizar el funcionamiento del propio, sin alterar la esencia del mercado.

Vida, música y rutina

Por si fuera poco, el mercado es también un espacio vivo en el sentido más literal. En la plaza central se celebran actuaciones musicales puntuales, eventos culturales y actividades de todo tipo. Desde un concierto navideño a un ciclo musical, en colaboración con la Escuela de Música Joaquín Maya.

Esa combinación de la rutina que supone hacer la compra y diferentes actividades lúdicas, explican buena parte de su atractivo. Mientras muchos mercados han optado por convertirse en espacios de ocio gastronómico, aquí se ha elegido otro camino.

Ha incorporado servicios, ha modernizado su funcionamiento y ha abierto nuevos espacios, pero ha mantenido intacta su función principal: abastecer a Pamplona con producto cercano y de calidad.