Nihi Sumba y la inmensidad del océano Índico.
Más allá del satay y el nasi goreng: así se come en uno de los mejores hoteles del mundo en una remota isla de Indonesia
A una hora de vuelo desde Bali, NIHI Sumba es uno de los primeros resorts de lujo de la salvaje Sumba. Comer con los pies en la arena mientras observas las mejores olas del mundo, es uno de sus atractivos.
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Sumba no es Bali. Y esa es, precisamente, la clave. A solo una hora de vuelo de la isla más famosa de Indonesia, Sumba permanece ajena al ruido, a los beach clubs abarrotados al atardecer y los cafés de especialidad como punto de encuentro.
Aquí no hay prisa, ni pasa el tiempo. Hay selva, sabana, arrozales, playas vírgenes y una cultura ancestral que no se escribe en libros, sino en tejidos ikat.
Y en medio de este paisaje casi intacto se levanta Nihi Sumba, uno de los hoteles más celebrados del mundo, donde la gastronomía es una forma de entender el lugar.
Nihi Sumba y en un paseo en caballo en el mar.
Comer donde acaba el mundo
Nihi Sumba ocupa más de 230 hectáreas de jungla prácticamente virgen en la costa oeste de la isla, frente a una playa privada que es leyenda entre surfistas por su ola Occy’s Left.
Todavía conserva ese espíritu rústico con el que nació, con duchas al aire libre, senderos de piedra, vida descalza, pero hoy lo combina con un lujo sereno y profundamente conectado con el entorno.
Nihi Sumba, sus 230 hectáreas y 28 villas.
Pero lo que distingue a Nihi Sumba del resto de los resorts paradisíacos no es solo su diseño o su gastronomía inspirada en ingredientes locales. Es la razón de ser del lugar: no es un hotel que vive de Sumba, sino para Sumba.
Desde que Claude y Petra Graves se establecieron en Sumba en los años 80, quedó claro que la belleza del lugar convivía con desafíos profundos: falta de agua potable, ausencia de sistemas de salud adecuados, malaria generalizada, escasez educativa y dramáticas tasas de malnutrición.
Así nació The Sumba Foundation® en 2001, una organización sin ánimo de lucro que, junto con el hotel, se convirtió en el motor de cambio en la isla. Con la llegada de inversores como Chris Burch y la consolidación de la familia Burch en el proyecto, este propósito se amplió.
El Pasola es un ritual ancestral de la isla de Sumba donde se celebra una batalla caballo
Hoy la Nihi Foundation y la Burch Family Foundation sostienen un vasto tejido de iniciativas comunitarias que van mucho más allá de la tarjeta de presentación de este resort de cinco estrellas.
Todo esto convierte al hotel, con 28 villas y todas ellas con piscina privada, en mucho más que un destino para viajeros adinerados: es uno de los mayores empleadores de la isla y una fuerza activa en la mejora de la calidad de vida local.
Villa Maranga, una de las estancias de Nihi Sumba.
La fundación se financia en parte por las donaciones de huéspedes y por los propios beneficios del resort, participando de un proyecto que ya ha impactado positivamente a más de 45.000 sumbaneses.
Del huerto a la jungla
Ese vínculo se nota, sobre todo, en la mesa. Aquí no se viene a buscar una carta internacional estándar ni a repetir clichés de la cocina indonesia. Aunque no discriman un rico nasi goreng, se viene a comer Sumba.
Nio Beach, uno de los espacios gastronómicos de Nihi Sumba.
Buena parte de los ingredientes salen del huerto orgánico del hotel, que abastece a sus tres espacios gastronómicos: el informal Nio Beach Club, con pescados recién capturados y carnes a la parrilla; el Boathouse Bar, ideal para cócteles al atardecer; y Ombak, el restaurante principal, donde las barbacoas de inspiración indonesia miran al océano.
Un almuerzo entre arrozales.
Además de experiencias memorables como la cena en la plaza o el almuerzo entre arrozales que se reservan aparte, a lo largo de la semana organizan otros eventos como la Jungle Dinner, bajo un cielo de estrellas y con los pies en la arena.
Una cena en la playa.
Aquí el menú es cerrado, con vinos cuidadosamente seleccionados, cócteles y detalles como un pan de masa madre que no se espera encontrar en un sitio así. Toda su repostería es casera, variada y realmente excelente.
El marisco es siempre fresco y la repostería casera.
La cocina de Nihi va mucho más allá del satay y el nasi goreng. En los desayunos —como los que se sirven en su Spa Safari antes de un memorable tratamiento, como el masaje equino que recomiendan no perderse— aparecen yogures caseros, chía, granola, zumos naturales y panes vegetales de masa madre y semillas.
En las mesas surgen recetas locales como el soto ayam, el gado gado, el gulai ikan, el delicado bubur sumsum o el kolak de boniato y coco.
Los desayunos son legendarios y también los llevan a la habitación, flotando.
Hay platos que cuentan la isla: el nasijagu, elaborado con maíz (jagung) y hojas de yuca machacadas; combinaciones de arroz y verduras como el rowe pakoda; o el manu pata uni, pollo cocinado en leche de coco y hierbas, servido con arroz aromático.
Taro, maíz y mandioca sustituyen al omnipresente arroz en muchas recetas, recordando que esta es otra Indonesia. Incluso las ensaladas verdes llegan con un relato detrás, porque cada ingrediente tiene un origen cercano y una razón cultural.
El chef, la comunidad y el alma del lugar
En Nihi, el lujo no se entiende sin impacto. El 90% del personal es local y muchos empleados pertenecen a comunidades cercanas como Wahola, donde se practica la religión ancestral marapu y los muertos no se incineran, sino que se entierran cerca del mar. “Tratamos de sumergir la cultura en la estancia”, explica Nina, custodia de la cultura sumbanesa.
Esa filosofía se materializa en iniciativas como Chef Goes to Kampung, un intercambio culinario en el que los cocineros del hotel visitan aldeas locales para cocinar junto a las mujeres de la comunidad, mezclando nutrición contemporánea con técnicas ancestrales.
Los caballos son el alma de Sumba.
Aquí se cena descalzo, con los pies en la arena o bajo el dosel de la selva. Mientras tanto, los caballos Sandalwood —símbolo cultural de la isla— se bañan cada mañana en el mar, los niños exploran la naturaleza y algunos huéspedes regresan año tras año, desde hace más de dos décadas, porque sienten que vuelven a casa.
En Sumba creen firmemente en el afterlife. “Si hay otra vida”, dicen algunos locales, “soñamos con vivirla aquí”. Después de probar su cocina, entender su respeto por la tierra y compartir mesa bajo las estrellas, uno empieza a pensar que quizá ese más allá se parezca bastante a una cena en Nihi Sumba.