Entramos en la casa de Lolita Flores (67 años)

Entramos en la casa de Lolita Flores (67 años)

Corazón

Entramos en la casa de Lolita Flores (67 años) en el centro de Madrid: 200 metros cuadrados de estilo clásico y minimalista

Conocemos a fondo todos los detalles del hogar de la actriz y cantante en el Paseo de la Castellana.

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La casa de alquiler de Lolita Flores en el centro de Madrid se ha convertido en uno de los puntos más apreciados de su vida pública: un piso amplio, lleno de luz, recuerdos familiares y pequeños guiños a la historia del clan Flores, con vistas privilegiadas al Paseo de la Castellana.

No es una mansión desmesurada, pero sí un hogar muy personal, de unos 200 metros cuadrados, en una de las zonas más cotizadas del norte de la capital.

El piso de Lolita se ubica en pleno corazón urbano de Madrid, en el eje Chamberí-Castellana, una franja donde el metro cuadrado se paga caro y las vistas a la Castellana son casi un lujo de colección.

Se trata de una vivienda de unos 200 metros cuadrados, en la zona de Cuzco-Chamartín, con un mercado donde los alquileres amplios y bien situados superan con facilidad los 3.000 euros mensuales.

Según distintos portales inmobiliarios, pisos familiares en ese tramo de Castellana se mueven entre los 2 y 3 millones de euros en venta, una cifra que ilustra hasta qué punto se trata de un enclave privilegiado.

Varios medios estiman que el alquiler que podría pagar la artista rondaría entre los 2.500 y más de 3.000 euros al mes, aunque ella nunca ha confirmado la cifra.

El gran escenario de la casa es el salón, una estancia abierta que integra zona de estar y comedor, pensada para recibir visitas y, sobre todo, para presumir de skyline madrileño.

Los ventanales de suelo a techo se asoman al Paseo de la Castellana, bañando de luz natural un espacio dominado por textiles coloridos, alfombras y piezas de mobiliario con aire vintage.

En las imágenes que la propia Lolita ha compartido se aprecia un llamativo sofá turquesa, butacas en tonos vivos y estanterías repletas de libros, fotos y pequeños objetos que convierten el salón en una especie de altar doméstico a su biografía.

No falta la huella de Lola Flores: una escultura de bronce y cuadros con su rostro presiden la zona principal, reforzando esa sensación de que la casa es también un homenaje permanente a "La Faraona".

Aunque el salón acapara titulares, Lolita insiste en que su verdadero refugio es el dormitorio. Frente al colorido del resto de la casa, su habitación apuesta por un estilo más sereno, con el blanco como protagonista y un aire más minimalista dentro del exceso cálido del resto del piso.

El hogar de Lolita

La vivienda, de estilo clásico, cuenta con tres habitaciones y dos baños, suficientes para compartir techo con su hijo Guillermo Furiase y para recibir a sus nietos, que tienen su propio rincón de juegos en el salón.

Entre juguetes, alfombras y estantes repletos, la casa se percibe vivida, lejos de la perfección fría de las revistas de decoración y más cerca del caos acogedor de una familia de artistas.

El piso del centro es también el resultado de una historia de caída y reinvención. La artista vendió su antiguo chalet de La Moraleja para saldar una importante deuda con Hacienda y desde entonces "vive de alquiler", como ella misma ha explicado.

Ese cambio de vida la ha llevado a abrazar la libertad del alquiler en una de las zonas más deseadas de Madrid, priorizando luz, ubicación y calidad de vida por encima de la propiedad.

Y ahí, entre compromisos televisivos, giras y viajes, la casa de Castellana funciona como ancla: un piso urbano, luminoso y sentimental que, solo con ver las fotos, invita a hacer clics... y a quedarse un rato dentro.