Imagen de Melissa Sánchez.

Imagen de Melissa Sánchez. YouTube

Sociedad

Melissa, limpiadora en España: "En mi país trabajaba en un banco y aquí soy una ama de casa, no cuentan los títulos"

La trabajadora del servicio de limpieza o del hogar confesó cómo había cambiado su situación al emigrar de Honduras a España.

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Las claves

Melissa Sánchez, hondureña, trabaja desde hace 12 años en España en limpieza y cuidado de personas mayores, tras dejar un empleo bancario en su país.

En España, muchos inmigrantes ocupan empleos en hostelería, construcción y servicio doméstico, donde se requiere poca formación formal y hay alta demanda.

Melissa ha tenido que adaptarse a tareas desconocidas y exigentes, superando desafíos físicos y emocionales para mantener a su familia en Honduras.

Ahora, Melissa gana entre 1.400 y 1.500 euros mensuales y afirma que, pese a las dificultades, no piensa regresar a su país de origen.

Se estima que en España hay alrededor de 9,4 millones de personas nacidas en el extranjero. Los sectores donde el trabajo inmigrante es más importante son: hostelería, construcción y servicio doméstico y empleo del hogar.

Esto se debe a que, por lo general, suelen ser profesiones con entrada rápida al mercado laboral, con pocos requisitos formales y mucha demanda estable.

Un caso así es el de Melissa Sánchez, una mujer de origen hondureño que se dedica al servicio de limpieza y del hogar, tal como contaba en el canal de YouTube de Quique Vasquez Historias de Migrantes.

Trabajando en España

Melissa Sánchez llegó a España hace cerca de 12 años con la maleta llena de sueños y la incertidumbre golpeando fuerte. "Estoy aquí desde el 2014, desde junio de 2014", dice con una mezcla de orgullo y nostalgia en la voz.

Lo que en Honduras comenzó como estudios de mercadotecnia y un trabajo en el banco terminó transformándose en algo totalmente diferente: limpiar casas y cuidar personas mayores.

"En Honduras estaba estudiando mercadotecnia, no terminé la carrera, pero aquí tampoco cuentan mucho los títulos de allá", explica, recordando cómo tuvo que reinventarse para sobrevivir en un país nuevo.

La adaptación no fue sencilla. Pasar de atender clientes en un banco a encargarse de tareas del hogar fue un desafío físico y emocional. "Nunca había tenido que limpiar a una persona mayor, limpiarle la caca a una señora, y eso al principio marca mucho", confiesa.

Con el tiempo, Melissa fue aprendiendo y adquiriendo rapidez y técnica. "Al principio lo que ahora hago en tres horas antes lo hacía con cinco. Cada casa es distinta; según vas conociendo el lugar, te adaptas y trabajas más rápido", asegura.

Su trabajo diario incluye limpieza, plancha, cocina e incluso la preparación de comidas especiales según las necesidades de cada hogar. "Soy como una ama de casa aquí, me encargo de baños, recoger, ordenar, todo lo de casa", añade.

Hoy en día, Melissa trabaja por horas en varias casas y en una oficina, sumando unas siete horas diarias. "Aquí, de lunes a viernes vengo tres horas por la mañana y una por la noche para la cena, entre 3 horas en esta casa", indicaba.

"En la oficina entro muy temprano, sobre las seis y media, y a las ocho y media ya terminé mi primera jornada", relata. Su esfuerzo tiene recompensa: "Empecé ganando 500 euros por cuatro horas en esta casa y ahora gano 700".

De hecho, la mujer señala como en la oficina gana "unos 760 euros". "En total hago unas siete horas al día entre los dos trabajos y gano entre 1.400 euros y 1.500 euros al mes", apuntaba Melissa.

Pero no todo ha sido fácil. La vida de migrante está llena de dificultades. "No es como lo pintan, uno viene pensando que en España se viene a recoger euros, pero es bastante complicado, sobre todo al principio sin papeles", advierte.

Hay buenas personas, pero también malas experiencias: "Sé de gente que ha sido maltratada psicológicamente". Además, Melissa señala la dureza emocional del trabajo: "Lo más difícil es que no estamos acostumbrados a este tipo de trabajo... eso al principio marca mucho".

Su motivación principal ha sido siempre ayudar a la familia. "Cuando vine, prácticamente me dediqué a trabajar para ayudar a la familia en Honduras. Los euros aquí no rinden mucho, pero en Honduras se convierten en lempiras y ayuda bastante", explica.

Ahora se siente estable: tiene piso de alquiler, dos buenos trabajos y un nivel de vida que no podría permitirse en su país de origen. "De momento no pienso regresar", confiesa con firmeza.

Cerca de 12 años después de cruzar el Atlántico, Melissa Sánchez sigue construyendo su vida con esfuerzo, resiliencia y orgullo, demostrando que cada tarea, por humilde que parezca, puede ser un acto de dignidad, amor y superación.