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El hotel centenario de París que es un paraíso gastronómico: estrellas Michelin, tienda gourmet y su propia fábrica de chocolate
Le Bristol cumple en 2025 la friolera de 100 años. Para celebrarlo, repasamos su apuesta por la excelencia y la gastronomía, con una oferta que va desde un tres estrellas Michelin hasta su propio obrador, un taller de pasta y una cava de afinación de quesos.
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En el mundo hay hoteles y hoteles. Y nos referimos a aquellos que hacen volar tu mente. Ya sea por dónde se encuentran ubicados, por un paisaje que nos deje boquiabiertos o por el lujo que se respira en todos sus espacios. Y entre los miles y miles de alojamientos que existen en el mundo, no hay tantos que lleven en pie más de un siglo.
A aquellos que lo hacen y que se han convertido en clásicos, en el argot hotelero se los conoce como Grande Dame. ¿Algunos ejemplos? La Mamounia en Marrakech, The Plaza en Nueva York o el Mandarin Oriental de Bangkok. En Europa también tenemos unos cuantos, con ejemplos como el Claridge's de Londres o el que hoy nos ocupa, Le Bristol, un hotel que es adalid de lujo y sofisticación.
Un hotel con un siglo de historia
Le Bristol abrió sus puertas en abril de 1925, en plena efervescencia de los locos años veinte, y desde entonces ha sido un símbolo de la elegancia parisina. Situado en la prestigiosa Rue du Faubourg Saint-Honoré, su historia está ligada a la alta sociedad, al art de vivre a la francesa y a una hospitalidad impecable que lo ha convertido en uno de los hoteles más icónicos del mundo.
Aquí han dormido estrellas de cine, aristócratas y personalidades de todo el mundo, pero el verdadero dueño del hotel es un gato: Socrate, el felino residente, que deambula con aire aristocrático entre sus lujosos salones. Cien años después, sigue siendo un referente absoluto, capaz de preservar la tradición sin renunciar a la evolución.
Y este espíritu se respira en cada detalle del hotel, desde sus impresionantes suites hasta su impecable y completísima propuesta gastronómica. Incluso su piscina es una rareza en París: ubicada en la última planta, parece un yate de lujo flotando sobre los tejados de la ciudad, con vistas directas a la Torre Eiffel.
Epicure el icónico tres estrellas Michelin que entra en una nueva era
La gastronomía de este icono no te la terminas. Dentro de estos muros con un siglo de historia se esconden muchos y muy diferentes espacios. Desde un tres estrellas Michelin hasta una de las mejores brasseries de París, pasando por una fábrica de chocolate o una épicerie para llevarse a casa mil y una delicias. ¿Los descubrimos?
Durante años, Epicure ha sido un referente absoluto de la alta cocina francesa. El restaurante, galardonado con tres estrellas Michelin, ha sido el patio de juegos de Eric Frechon. Hace apenas unos meses, el legendario restaurante iniciaba un nuevo capítulo con el chef Arnaud Faye al frente. Meilleur Ouvrier de France y apasionado por el producto, Faye lidera este espacio y se convierte en chef ejecutivo del hotel.
La suya es una apuesta por una cocina de raíces clásicas, pero sin perder el enfoque en lo contemporáneo, donde los vegetales cobran un protagonismo inédito, con una sensibilidad especial por el terruño y las estaciones. Técnica, equilibrio entre tradición y modernidad... que se ven reflejados en su filosofía. "Mi objetivo es poner de relieve los gestos nobles de los artesanos franceses que, con entusiasmo y dedicación, contribuyen a crear las experiencias más hermosas", explica el chef.
Utiliza vieiras de Normandía, cangrejo de Bretaña, bogavante azul de Côte d'Opale, pichón de Pornic... Además de verduras del país como calabaza de Île-de-France o zanahorias de Turena. El respeto por el producto se eleva a su máxima expresión.
114 Faubourg, una brasserie con estrella Michelin
Si Epicure es la cumbre de la gastronomía clásica, 114 Faubourg representa ese concepto que tan bien han desarrollado los franceses: las brasseries. La suya, con una estrella Michelin, es un homenaje a la cocina francesa, pero en su versión más espontánea, sin renunciar a una calidad fantástica.
El chef Vincent Schmit ha conseguido que en este espacio se unan el refinamiento que caracteriza al hotel con la cercanía de una experiencia más informal. Aquí, entrantes como el carpaccio de vieiras con muselina de apio nabo y salsa de curry o el gravlax de dorada marinada con jugo de zanahoria y vinagreta de cilantro y fruta de la pasión conviven con platos como un excepcional pâté en croûte de pato y foie, acompañado de remolacha ahumada y marinada.
La carta sigue con creaciones excepcionales como lenguado "de nuestra costa" cocido a la plancha y servido junto a espinacas baby, alcaparras y limón, steak tartar o un magnífico mar y montaña: un vol-au-vent relleno de mollejas de ternera y cigalas con salsifí y rebozuelos al vino. Completan la oferta postres con acento francés como un babá al ron, un soufflé de chocolate con helado de cognac o un milhojas de vainilla y nueces pecanas. Por supuesto, también se puede terminar muy a la francesa, con una tabla de quesos seleccionados según las preferencias del comensal.
Una vez al mes, acoge los 'Wine Mondays', convirtiéndose en referente vinícola también. Un enólogo francés presenta su vino en persona durante la velada, que se combina con un menú degustación de cuatro platos. ¿Quién dijo que los lunes eran aburridos?
Obrador, pastificio, cava de quesos y hasta una fábrica de chocolate
Más allá de estos espacios, a los que se suman el jardín -que en primavera y verano es una delicia- o el Café Antonia, donde sirven un afternoon tea memorable, la gastronomía en Le Bristol se vive en cada rincón. Detrás de su propuesta está una filosofía de "todo hecho en casa", con una apuesta por la producción propia que garantiza la máxima calidad en Les Ateliers.
Aquí se elabora su propio pan, con trigos ancestrales y procesos artesanales a cargo de su jefe panadero, Matthieu Favier. De allí también sale toda la bollería que se sirve en los desayunos y que se puede comprar en la épicerie. Además, el hotel cuenta con una extensa bodega y una cava de afinación de quesos que haría enloquecer a cualquier amante del queso.
En el corazón del hotel se esconde otro tesoro: su propia fábrica de chocolate. Bajo la dirección del maestro chocolatero Johan Giacchetti, aquí se crean auténticas obras de arte en forma de bombones, tabletas y pralinés. Cada restaurante del hotel tiene su propia selección personalizada de chocolates, además de elaborarse otros tantos para que los huéspedes los disfruten en la intimidad de sus habitaciones.
¿La última incorporación? A la bakery, la fábrica de chocolate o la cava, se une Il Pastificio, un taller de pasta en el sótano del hotel, donde la romana Cristina Ternullo prepara con mimo pasta fresca hecha a diario con trigos nobles y una selección de pasta seca que también se puede llevar a casa.
L'Épicerie o cómo llevarte a casa algunas de estas delicias
Estés o no alojado, si todas estas propuestas te han tentado para tu próximo viaje a París, también podrás llevarte un pedazo de Le Bristol contigo. Y es que el hotel también cuenta con L'Épicerie, una tienda gourmet que ofrece una selección de esos productos hechos en el hotel.
Desde panes y mermeladas artesanales hasta caviar, foie gras, quesos y dulces de su obrador, este es un verdadero gabinete de curiosidades gourmet. Como curiosidad, algunas de las piezas de plata que se exponen en esta tienda datan del año de fundación del hotel. Porque, a pesar de haber vivido 100 años, Le Bristol está más vivo que nunca.