A falta de brócoli, alcachofas a la carbonara.

A falta de brócoli, alcachofas a la carbonara.

Recetas

Brócoli y alcachofas a la carbonara, una sabrosísima forma de empezar el año comiendo sano y verde

Ambas hortalizas, además de versátiles en la cocina, son auténticas fuentes de vitaminas, minerales y fibra que contribuyen a nuestra salud.

Más información: El fácil truco para aprovechar las hojas de las alcachofas que triunfa en España: sólo necesitas 10 minutos

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Las buenas intenciones con las que arranca enero siempre llegan desde la mesa. Comer mejor, cuidarse más, volver a lo esencial son ingredientes esenciales dentro de la receta del bienestar. Pero entre el propósito y la realidad suele abrirse una grieta difícil de salvar… salvo que la gastronomía juegue a favor.

Y ahí es donde entran en escena dos verduras de temporada que este invierno reclaman protagonismo: el brócoli y la alcachofa. Juntos, reinterpretados en una sorprendente versión a la carbonara, demuestran que comer sano no está reñido con el placer.

La alcachofa europea, considerada con razón la reina de las verduras de invierno, es un prodigio nutricional. Baja en calorías —apenas 44 por cada 100 gramos— y rica en fibra, especialmente inulina, ayuda a regular la glucosa y a mantener una buena salud intestinal.

Su aporte de potasio y fósforo la convierte en una aliada del sistema nervioso y muscular, mientras que la vitamina C y el ácido fólico refuerzan las defensas y la formación de células sanguíneas. Además, contiene cinarina, un compuesto natural que estimula la función hepática y facilita la digestión de las grasas.

El brócoli europeo no se queda atrás. Fuente de vitamina C, ácido fólico e hierro, contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunitario y a combatir el cansancio, además de ser un potente antioxidante natural. Dos productos humildes en apariencia, pero extraordinarios en beneficios, que alcanzan su mejor momento justo ahora, en pleno invierno.

Más allá de sus virtudes saludables, brócoli y alcachofa son ingredientes profundamente gastronómicos. Versátiles, agradecidos y capaces de adaptarse a todo tipo de cocinas, desde las más sencillas hasta las más creativas. Hervidos, salteados, asados o al vapor, funcionan igual de bien en ensaladas que en arroces, guisos o platos principales.

Y cuando se combinan con ingredientes nobles como el aceite de oliva virgen extra, el huevo o el queso, el resultado roza lo adictivo.

Cómo hacer brócoli y alcachofas a la carbonara

Ingredientes

  • Brócoli, 1/2 cabeza
  • Alcachofa, 3 ud
  • Yemas de huevo, 6
  • Queso parmesano en polvo, 50 g
  • Ajo, 5 dientes
  • Sal y pimienta

Paso 1

Quítale las hojas externas a la alcachofa pela el tallo como ves en el vídeo, córtala en cuatro partes, y llévala a cocer durante 12 minutos en agua con sal.

Paso 2

Mientras coge la cabeza de brócoli y sepárala en sus arbolillos. Cuécelos durante dos minutos en agua con sal.

Paso 3

Mientras vas a añadir en un Bowl las yemas de huevo, junto con el parmesano. Mezcla bien y añade cuatro cucharadas de agua de cocción de las alcachofas remueve y añade el brócoli y las alcachofas ya cocidas.

Paso 4

Por otro lado, vas a cortar y saltear los ajos en una sartén con AOVE , y añadir la verdura. A fuego medio cocina hasta que la salsa vaya pesando y el brócoli y la alcachofa queden cremosos.

Paso 5

Termina añadiendo jamón serrano en láminas por encima.

De ahí nace esta versión vegetal de la carbonara que sugiere la nutricionista Paty Nuñez. Una receta que rompe prejuicios y demuestra que las verduras no son ni aburridas ni complicadas.

Alcachofas cocidas hasta quedar tiernas, brócoli apenas escaldado para conservar su color y textura, y una salsa cremosa elaborada con yemas de huevo y parmesano, ligada suavemente con el agua de cocción.

El ajo dorado en aceite de oliva aporta profundidad, y unas lascas finales de jamón serrano añaden ese guiño salino que recuerda a la receta original italiana sin eclipsar al producto vegetal.

El resultado es un plato reconfortante, cremoso y lleno de matices, perfecto para los días fríos de enero. Una manera inteligente, además de deliciosa, de cumplir con los buenos propósitos sin renunciar al disfrute.