Batido de chocolate.

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Actualidad gastronómica

Laccao se va de Mallorca: el batido más querido pierde su raíz local y ya no se produce en la isla

Aunque la marca garantiza su continuidad en el mercado y presencia en la isla, las granjas que surtían de leche a Agama corren el riesgo de desaparecer.

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Durante más de ochenta años, en Mallorca ha existido un gesto cotidiano que representaba la unión inquebrantable con una botella que en su interior contenía el que muchos consideraban —tanto en edades tempranas, como maduras— un 'curalotodo', un billete directo hacia la felicidad tras el primer sorbo. No podía ser otro que Laccao, el batido de cacao de inconfundible sabor.

El vínculo que se forjó en recreos, meriendas, y bares de barrio ahora se rompe definitivamente. Laccao seguirá existiendo, pero ya no se producirá en Mallorca. La decisión llega de la mano de Damm, actual propietaria de la marca, que ha comunicado el cierre de Agama —la última gran central lechera de la isla— sin una fecha exacta, pero con un horizonte claro: el fin de la producción local.

Con ello, desaparece el último hilo que mantenía a Laccao unido a su territorio, uno que sufre los problemas del absentismo rural y de un turismo desmedido que en su lista de prioridades no incluye la preservación del patrimonio.

Laccao, el de Mallorca.

Laccao, el de Mallorca.

Un icono nacido en la isla

La historia de Laccao comienza en 1944, cuando la industria láctea mallorquina, junto a un farmacéutico palmesano, creó un batido que pronto se convertiría en símbolo. Con la consolidación de Agama en 1958, el producto encontró su estructura industrial: leche local, producción en Palma y una identidad profundamente arraigada en la isla.

Durante décadas, Laccao más que una bebida pasó a ser una extensión del campo mallorquín, de sus ganaderías y de su economía local. Un producto que no solo sabía a cacao, sino también a territorio y de alguna manera salvaguardaba su interés.

Todo comenzó a cambiar en 2017, cuando Damm asumió el control del negocio. A partir de ahí, el proceso fue gradual pero constante: externalización de procesos, incorporación de leche de fuera y, finalmente, traslado de la producción.

Uno de los camiones de Agama que transportaban la leche por la isla.

Uno de los camiones de Agama que transportaban la leche por la isla.

En 2021, la fabricación en botella de vidrio se movió a la planta de Cacaolat en Cataluña. Se habló de una solución temporal. Nunca lo fue. Los formatos más populares —vidrio, minibrick, vaso— dejaron de hacerse en Mallorca. Solo resistía el brick de un litro, el último bastión de producción local.

El cierre de Agama: razones económicas de una despedida

El anuncio del cierre de Agama no es un gesto aislado, sino el desenlace de una crisis estructural. Según la propia compañía, el sector lácteo mallorquín lleva años perdiendo competitividad por una combinación de factores difíciles de revertir.

El primero, los costes. Producir leche en la isla es significativamente más caro: el litro de leche local puede ser hasta un 50% más caro que el de marca blanca procedente de la Península, y un 18% más que el de grandes marcas. En un mercado altamente sensible al precio, esto ha sido determinante.

El segundo, el consumo. Las marcas de mayor precio —como las vinculadas a producción local— han visto caer su demanda frente a opciones más económicas. Hoy, más del 95% de la leche consumida en Mallorca llega de fuera.

Y el tercero, la insularidad. Los costes logísticos, las limitaciones estructurales y la dificultad para competir en volumen han terminado por erosionar la viabilidad del modelo. Tras una década de gestión, inversiones superiores a ocho millones de euros y múltiples intentos de modernización, Agama deja de ser rentable.

"Dependemos cada vez más del turismo y como está subiendo todos los precios de todo, es complicado que la gente cada vez pueda vivir mejor en la isla, ya que trabajos de todo el año poco a poco se van reduciendo" expone el cocinero Javier Hoebeeck, mallorquín de padre belga, que está al frente de la dirección gastronómica del Four Seasons Mallorca.

Aunque se muestra realista, lamenta la marcha de Laccao al haber sido "una opción local de todas las generaciones desde que nacimos hasta hoy" y que no se haya tenido "una visión más amplia" como han tenido otras marcas como el "refresco Puig, que lo sigue manteniendo una familia de Mallorca en vez de haberla vendido".

Una de las vacas que pastaban en la isla, de las que ya pocas quedan.

Una de las vacas que pastaban en la isla, de las que ya pocas quedan.

Una despedida con matices sociales

El cierre no solo afecta a una marca: impacta en toda una cadena productiva. Ganaderos, transportistas, trabajadores. La planta cuenta con 14 empleados, para los que Damm ha anunciado un plan de recolocación dentro del grupo, en un intento de minimizar el impacto laboral.

Además, durante meses se exploraron alternativas: desde proyectos de cooperativa impulsados por el sector ganadero hasta posibles transmisiones de los activos industriales. La empresa asegura haber mostrado disposición a facilitar estas operaciones, pero ninguna llegó a materializarse.

Esta degradación del sector es uno de los motivos que han suscitado preocupación en los mallorquines, más allá de la 'deserción' de la marca a otra región. Sebastià Rigo, joven activista del campo e integrante de Es 3 Perduts, lamenta la pérdida de este tejido rural y la incertidumbre en la que la marca deja ahora a las granjas que la apoyaron, en "la década de 1970 había unas 51 000 vacas en Mallorca, mientras que hoy solo quedan unas 6500. Y ya veremos qué pasa cuando estas granjas que han apoyado a Laccao tengan que cerrar".

El final de un vínculo

"Al menos no desaparece, pero es una pena porque nos estamos cargando ya todo lo auténtico que queda aquí", lamenta Belinda Beltrán, mallorquina que ha crecido pegada a una botella de Laccao. Con el cierre de Agama, Laccao pierde su última conexión física con Mallorca. La producción se concentrará fuera de la isla, previsiblemente en Cataluña, donde ya opera bajo el paraguas industrial de Cacaolat.

El producto seguirá en los lineales. El sabor, aseguran, será el mismo, ya que su receta se respeta. Laccao es hoy un ejemplo paradigmático de lo que podríamos llamar “desanclaje alimentario”: cuando una marca sobrevive, pero su territorio desaparece del proceso. Cambia la propiedad, se desplaza la fábrica, se sustituyen las materias primas. Y, aunque la receta permanezca, el significado se transforma.