Lamine Yamal
Lara Ferreiro, psicóloga, sobre Lamine Yamal: “Existe el riesgo de dejar de ser una persona para convertirse en un personaje”
El éxito precoz de Lamine Yamal abre un debate incómodo: talento, presión mediática y una identidad aún en construcción.
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Lamine Yamal alcanzó la fama mundial cuando todavía estaba en una edad en la que casi todo se está construyendo. Mientras otros adolescentes se equivocan lejos del foco, cada gesto suyo empezó a ser observado por millones de personas.
La psicóloga Lara Ferreiro ha advertido, en El País de Uruguay, del riesgo que existe cuando un joven crece rodeado de expectativas desmedidas. “Existe el riesgo de dejar de ser una persona para convertirse en un personaje”, explicó sobre el futbolista.
La frase no cuestiona su talento ni su madurez. Apunta a algo más delicado: la dificultad de separar al adolescente que todavía está formando su identidad del símbolo deportivo, comercial y mediático que otros construyen alrededor.
Yamal debutó con el primer equipo del Barcelona con solo 15 años, 9 meses y 16 días. Desde entonces, su carrera ha avanzado a una velocidad impropia incluso en un deporte acostumbrado a fabricar ídolos muy jóvenes.
Esa velocidad tiene una parte luminosa: goles, títulos, récords, elogios y una sensación de futuro enorme. Pero también trae una exigencia difícil de digerir cuando la vida privada todavía debería tener margen para equivocarse sin titulares.
Puede sentirse como una amenaza a la imagen pública
Ferreiro no plantea que el éxito temprano desemboque necesariamente en un problema psicológico. Lo que advierte es que la presión puede hacer que el valor personal quede demasiado unido al rendimiento, la aprobación o la comparación constante.
En un jugador así, un mal partido puede dejar de ser solo un mal partido. Puede sentirse como una amenaza a la imagen pública, sobre todo cuando alrededor se alternan elogios desmedidos y críticas igual de rápidas.
Ese es uno de los riesgos de la fama adolescente: no tener permiso para fallar. Contratos, patrocinadores, entrevistas, redes sociales y debates televisivos aparecen antes de que exista una experiencia emocional suficiente para ordenar todo ese ruido.
La ciencia deportiva también pide prudencia con los jóvenes de élite. Un estudio con adolescentes noruegos encontró que las preocupaciones perfeccionistas se asociaban con malestar psicológico, también entre deportistas de alto nivel.
Otra investigación con jóvenes deportistas competitivos relacionó el miedo al fracaso con estrés psicológico y síntomas de desgaste. No se trata de querer ganar, sino de sentir que perder puede romper algo mucho más profundo.
En el caso de Yamal, conservar raíces puede funcionar como contrapeso. Su vínculo con Rocafonda, el barrio de Mataró que homenajea con el gesto del 304, recuerda que detrás del futbolista global sigue habiendo una historia concreta.
También importa el entorno familiar, los amigos de antes y los adultos capaces de marcar límites. Cuanto más crece el personaje público, más necesario resulta proteger espacios donde el jugador no tenga que actuar, demostrar ni representar nada.
La imagen de seguridad que proyecta un futbolista tampoco cuenta toda la historia. Los deportistas de élite pueden convivir con ansiedad, miedo, cansancio emocional o presión interna aunque desde fuera parezcan invulnerables.
Por eso permitir el error no es rebajar la exigencia, sino hacerla sostenible. Un adolescente con talento extraordinario sigue necesitando tiempo, intimidad, descanso y margen para aprender sin que cada tropiezo se convierta en juicio público.
La advertencia de Ferreiro tiene fuerza porque cambia la pregunta. No se trata solo de cuánto puede crecer Lamine Yamal como futbolista, sino de cómo evitar que la marca, el símbolo y el personaje ocupen todo el espacio de la persona.