Los residentes de un edificio en Tel Aviv recogen sus pertenencias personales en la segunda mañana de la guerra con Irán.

Los residentes de un edificio en Tel Aviv recogen sus pertenencias personales en la segunda mañana de la guerra con Irán. Paulina Patimer Europa Press

Tribunas

La guerra contra el régimen iraní, entre la determinación y la incertidumbre

Israel sabe que, cuando se trata de Donald Trump, nunca se puede descartar alguna súbita sorpresa y un giro drástico de política.

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En la segunda semana del operativo militar norteamericano-israelí contra el régimen de los ayatolás iraní, la intensificación de los ataques va de la mano de cierta incertidumbre respecto a cuánto tiempo más durará la guerra, a raíz de varias declaraciones del presidente Donald Trump sobre el fin "temprano" de los ataques.

Declaraciones que en Israel causaron preocupación.

En Jerusalén tienen claro que es imperioso disponer de más tiempo para degradar más de lo logrado hasta ahora (que no ha sido poco) la capacidad militar de Irán de amenazar a Israel. El gran temor es que Trump decida abruptamente terminar la guerra y que Israel se quede solo.

O, peor aún, que Washington le imponga también a Israel poner fin a su parte en el operativo, cuando todavía es necesario profundizar en lo logrado.

Israel sabe que, cuando de Trump se trata, nunca se puede descartar alguna súbita sorpresa y un giro drástico de política.

Pero, por otra parte, ve claramente que, en paralelo a las declaraciones contradictorias ("terminaremos pronto" y "todavía queda mucho por hacer"), Estados Unidos está en la práctica aumentando su presencia militar en la zona, no debilitándola.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Los ataques con los grandes bombarderos que llegaron desde las bases en Gran Bretaña son una de las señales más significativas.

De todos modos, existe claramente la posibilidad de que todo sea parte de un plan: confundir al enemigo.

A estas alturas de la guerra, aunque Israel tiene claro que ha logrado limitar la capacidad de maniobra de Irán y que sus lanzamientos de misiles se han reducido, parece obvio también que hará falta un esfuerzo titánico para eliminar totalmente la amenaza que constituye desde hace cuarenta y siete años el régimen de los ayatolás.

La ciudadanía israelí está dispuesta a soportar más tiempo la situación actual, corriendo a los refugios varias veces por día y viviendo bajo alarmas, si eso ayuda a cambiar la situación.

Pero no anima ver que nada mueve al régimen de los ayatolás, que parece empeñado en seguir usando todos sus recursos para atacar a Israel.

Esto es lo que hace también la organización terrorista proiraní Hezbolá desde Líbano. Hezbolá ha convertido la vida en el norte de Israel en una pesadilla desde que se sumó a la guerra.

No es sencillo tampoco ver cómo en tu vecino del norte actúa una organización armada que expone a la población libanesa para servir la agenda foránea de Irán.

Con este panorama, Israel no puede lidiar solo con la vertiente militar.

La resiliencia del pueblo israelí es una pieza clave del mosaico. En los refugios subterráneos se celebran matrimonios y fiestas judías, y en uno de ellos incluso fue presentado un libro para niños. Fue esta misma semana, cuando el escritor Eshkol Nevo comenzó espontáneamente a leer lo que había escrito y a su alrededor se concentró rápidamente un numeroso público.

La población israelí no se está quedando encerrada en su casa. Aprovecha los días de sol para salir un poco a la calle y a los cafés, y para respirar un poco de normalidad.

No porque se tome el peligro a la ligera, ni porque el peligro sea menor de lo que dice el Israel oficial.

Simplemente, porque tiene experiencia en lidiar con desafíos existenciales.

Y no se puede permitir el lujo del desánimo.

*** Jana Beris es periodista.