El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la rueda de prensa de este viernes  en la Casa Blanca tras el fallo del Supremo que tumbó la mayor parte de sus aranceles.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la rueda de prensa de este viernes en la Casa Blanca tras el fallo del Supremo que tumbó la mayor parte de sus aranceles. Reuters

EEUU

Trump insulta a los jueces del Supremo, prepara un "plan B" para sus aranceles y anuncia una nueva tasa global del 10%

El presidente de EEUU lamenta que el fallo no aclare la cuestión de las millonarias devoluciones de los gravámenes ya cobrados: "Hemos ingresado cientos de miles de millones".

El republicano reconoce que el varapalo también deja en el aire los numerosos acuerdos comerciales que firmó, ya que "algunos no se mantendrán".

Más información: La Unión Europea aprovecha el fallo del Supremo para pedirle a Trump que rebaje sus aranceles

Publicada
Actualizada

Las claves

Donald Trump criticó duramente al Tribunal Supremo tras la paralización de sus aranceles, calificando a los jueces de "cobardes" y acusándolos de actuar por intereses extranjeros.

Trump anunció que prepara alternativas legales para imponer nuevos aranceles, incluyendo la posibilidad de aplicar una tasa global del 10% y recurrir a leyes comerciales de 1930 y 1962.

La decisión del Supremo fue celebrada por sectores conservadores y del viejo Partido Republicano, que ven con recelo la política proteccionista de Trump.

Los aranceles han sido usados por Trump como herramienta política y económica, aunque los datos muestran que no han logrado el objetivo de equilibrar la balanza comercial de Estados Unidos.

"Me da igual el fallo porque tenemos alternativas muy poderosas". Ese fue el mensaje que Donald Trump quiso transmitir a la opinión pública estadounidense después de la decisión del Tribunal Supremo de paralizar los aranceles extraordinarios fijados el 2 de abril del año pasado.

El inquilino de la Casa Blanca acusó a los jueces de "cobardes", de "ir contra la patria", de "ser una vergüenza para la nación" y de estar movidos "por intereses extranjeros".

No es casualidad que los únicos tres votos a favor de mantener los aranceles hayan venido de parte de Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett, los tres jueces nombrados por el propio Trump durante su primer mandato.

La retórica del magnate neoyorquino recordó por momentos a la empleada el 6 de enero de 2021 y los días anteriores contra el entonces vicepresidente Mike Pence por no negarse a validar la victoria electoral de Joe Biden. Aquello acabó con la toma del Capitolio y la muerte de cuatro personas.

Trump afirmó, retador, que el camino ahora sería más largo, pues tendrá que recurrir a recovecos de la legislación, pero eso le permitiría ser más duro con los países extranjeros. "El fallo me deja destruirlos, si quiero", interpretó el presidente.

Entre esas posibles alternativas, el presidente mencionó la sección 232 de la Ley de Expansión del Comercio de 1962 y las secciones 122, 201 y 301 de la Ley de Comercio de 1974, aunque en la posterior rueda de prensa demostró no tener demasiada idea de lo que dicen exactamente estas leyes.

Otra alternativa sería la Ley Arancelaria de 1930 y, en concreto, su sección 338. Dicho apartado autorizaría a Trump a imponer aranceles de hasta el 50% a las importaciones procedentes de países que hayan discriminado a empresas estadounidenses.

La aplicación es inmediata, sin necesidad de investigación previa, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya se mostró partidario recientemente de aplicar este apartado como plausible Plan B.

Los aranceles como coacción

Este es el segundo varapalo que recibe la política arancelaria de Trump en veinticuatro horas.

El pasado jueves, se publicaron los resultados del déficit comercial de Estados Unidos en 2025, con una bajada de apenas un 0,2% hasta los 901.000 millones de dólares y una ampliación del 2,1% en bienes de consumo.

Los datos parecen demostrar que los aranceles no han servido para el que se suponía que era su primer objetivo: equilibrar la balanza de importaciones y exportaciones.

Otra cosa es que ese fuera realmente el objetivo.

Trump ve en los aranceles no solo un arma económica, sino también política. En primer lugar, responden a una visión algo paranoica de la relación de Estados Unidos con el resto del mundo, tanto con supuestos aliados como con supuestos enemigos.

Los aranceles son una especie de venganza por todo lo que el planeta le debe a su país y nunca le ha reconocido. Todos los acuerdos de comercio, para Trump, son "un robo", incluso los que le favorecen.

Aparte, es una baza de amenaza internacional constante, pues siempre es lo primero que se le viene a la cabeza cuando quiere castigar o premiar a alguien.

Si ve que Javier Milei tiene problemas en Argentina, amenaza con aranceles si gana la oposición. Si es Viktor Orbán quien ve que las encuestas no le favorecen, Marco Rubio está al quite para afirmar que la política económica de Estados Unidos será favorable a Hungría si sigue siendo primer ministro tras las elecciones de abril.

De hecho, el propio Trump, en su rueda de prensa, afirmó que los aranceles habían ayudado a "terminar cinco de las ocho guerras que hemos parado" y que eran esenciales para la "seguridad nacional" del país.

Una victoria del viejo Partido Republicano

La decisión del Supremo fue recibida con entusiasmo por buena parte del arco político estadounidense.

Hay que resaltar que, pese a lo que diga Trump, el fallo no entra en si los aranceles son buenos o malos, sino en la manera de decidir su aplicación, sin consulta previa al Congreso.

Por fin, alguien le dice a Trump que está en una democracia y que tiene que contar con los demás poderes para gobernar.

Eso no implica que Trump vaya a hacer caso.

Preguntado por la prensa si pensaba consultar al Congreso —en principio, tiene mayoría tanto en la Cámara como en el Senado—, el presidente se limitó a contestar "no tengo por qué".

Es de suponer que aún escuece la revocación de los aranceles impuestos a Canadá, que salió adelante con el voto de seis congresistas republicanos hace apenas diez días.

Y es que, más que una victoria del Partido Demócrata, hay que considerar lo sucedido como una victoria del sector conservador del Partido Republicano.

No en vano, los tres jueces nombrados por George Bush padre e hijo no dudaron en unirse a la interpretación de los tres jueces "progresistas", los nombrados por Bill Clinton y Barack Obama durante sus mandatos.

Pence y Rand Paul no tardaron en salir a celebrar públicamente el fallo. Veremos cuántos les siguen y hasta qué punto supone una fractura en el GOP.

“El mejor amigo del hombre”

Los conservadores, herederos de Richard Nixon, Gerald Ford, Ronald Reagan y George H. W. Bush en lo social y en lo económico, siempre han visto con horror la limitación del libre comercio.

John Bolton afirma en su libro La habitación donde sucedió que Trump ya era un firme partidario de los aranceles durante su primer mandato, calificándolos como "el mejor amigo del hombre".

Su entonces Consejero de Seguridad Nacional, miembro de hasta cuatro administraciones republicanas previas, escuchaba con espanto.

Trump y MAGA han ninguneado y arrinconado a este sector del Partido Republicano, especialmente después del citado comportamiento de Pence en enero de 2021. Por eso, no se atreve a llevar sus propuestas al Congreso y gobierna de forma casi exclusiva por órdenes ejecutivas.

El malestar en las filas del GOP es considerable, más aún en año electoral. Está por ver si esta decisión acerca a Trump al consenso o si, por el contrario, le refuerza en su deriva autoritaria.