Image: Los ángeles feroces

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Novela

Los ángeles feroces

José Ovejero

25 septiembre, 2015 02:00

José Ovejero. Foto: Santi Cogolludo

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2015. 420 páginas, 15'90 € Ebook: 11'99€

Desde sus inicios como narrador -también es poeta, dramaturgo y ensayista- en el último decenio del pasado siglo, José Ovejero (Madrid, 1958) ha seguido la trayectoria de un autor excéntrico, ajeno a modas y modos del día. La suya es una literatura de tono moral exigente y a veces algo difícil que se arrima al testimonio contemporáneo con perspectiva documental y a la vez se enfrenta con empeño psicologista a las cuestiones humanas intemporales.

Esta mínima noticia -que necesitaría más de un matiz para ser exacta- me parece oportuna a fin de dar cuenta de la novela extraña y de lectura bastante exigente que es Los ángeles feroces. No hace el autor concesiones al facilismo comunicativo y monta una fábula compleja que tiende a la parábola y diluye el hilo argumental en un fuerte despiece de los sucesos. La onomástica de los personajes ya supone un indicio claro de la preferencia por un cierto exotismo, por personas fuera de lo común o por referentes simbólicos: Alegría, Arnoldo el Loco, Husky, la Reina, Cástor, los gemelos Ping y Pong, Padramama, Axelle.... La selección de tipos apuntan a la misma meta des-realizante: conviven un ministro, una adivina, un misterioso Ejército de las Sombras y una joven con la anomalía genética de la inmortalidad.

Ni el espacio ni el tiempo colaboran a precisar la anécdota, por otra parte nada corriente. El lugar de los sucesos es una ciudad, pero podría tratarse de cualquiera del mundo occidental galvanizada con rasgos mágicos. El momento se sitúa en un futuro inconcreto de fanta ficción apocalíptica (1965 es un "mundo extinto"), pero con tanta versatilidad que la lucha del Che Guevara, el asesinato de Kennedy o la llegada del hombre a la luna parecen inmediatos. En esa deliberada imprecisión van surgiendo noticias dispersas de incidentes marcados por la violencia que resultan como un puzle que exige un laborioso encaje de las piezas. Con todo, la tela de araña aprisiona una historia más o menos nítida. Seres malvados (el ministro Cástor, un director de hospital o El Loco, devoto de la Santa Muerte) quieren apoderarse de Alegría, la chica que ni conoce la enfermedad ni envejece.

Esta peripecia global se llena de muchísimos y llamativos percances, aunque, como señala el propio narrador, no ofrecen una tradicional novela de aventuras. Los hechos se recogen en las libretas de un observador cómplice, un tal AM, protector de Alegría en su piso de un rascacielos abandonado. Los cuadernos, a su vez, se deben a un narrador externo que hace observaciones, puntualiza lo que él mismo llama novela y se dirige directamente al lector con el propósito de guiarle en la historia y de apelar a su participación en ella.

El autor aporta con esta construcción vanguardista un testimonio colectivo crítico (si bien advierte que no se trata de una novela social) con corrupción ("todos rebañan", dice un juez prevaricador), desahucios, okupas, denuncia de los políticos y otras notas de la crisis de nuestros días. El documento rebasa, sin embargo, la notación costumbrista, el censo de las calamidades propiciadas por el orden vigente, y sirve de base para un planteamiento alegórico sostenido en una materia visionaria de corte expresionista. En el fondo, Ovejero busca un mensaje moral. Para ello los personajes asumen inquietudes existenciales. La más obvia es la lucha desigual del individuo con las fuerzas que lo oprimen. No es forzar el sentido de la novela considerarla como reactualización del bíblico combate entre David y Goliat. Por ella discurren seres que están a la intemperie en la vida, en afanosa búsqueda de algo positivo y siempre tentados a escapar. Y siempre, además, con la atemorizada preocupación por el destino que desvelan sus palabras: "el futuro es una construcción que tan solo refleja lo que ya sucede en el presente", "cuando llega el porvenir nos sentimos estafados: nos habían prometido otro".

Los ángeles feroces contiene una oscura visión de una realidad caótica, pavorosa y hostil en la que unos seres desvalidos pagan no se sabe qué pecados. Hay dosis de ternura, y la rebeldía esconde un fogonazo de esperanza, pero Ovejero compone mediante el fragmentarismo de esta inquietante historia una imaginativa alegoría del descoyuntamiento del mundo actual.