Barco iraní disparando misiles en el golfo Pérsico en una fotografía de archivo.

Barco iraní disparando misiles en el golfo Pérsico en una fotografía de archivo. Europa Press

Oriente Próximo

La 'flota mosquito', la fuerza naval iraní que custodia el estrecho de Ormuz frente a Donald Trump

La Armada de la Guardia Revolucionaria ha conseguido bloquear Ormuz con pequeñas naves fáciles de camuflarse y con capacidad de lanzar misiles.

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Las claves

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Irán controla el Estrecho de Ormuz con una "flota mosquito", compuesta por pequeñas embarcaciones rápidas y ágiles, que asedian el comercio marítimo y desafían la presencia de EE.UU.

Estas embarcaciones, núcleo de la Guardia Revolucionaria Islámica, pueden lanzar misiles y drones, y se esconden en cuevas costeras, dificultando su detección por satélite.

La estrategia de la flota mosquito permite a Irán ejercer presión económica y militar bloqueando el paso de gas y petróleo, afectando la economía mundial e incrementando la inflación.

Se estima que la Guardia Revolucionaria ha atacado unas 20 embarcaciones en la zona, combinando ataques desde el mar y desde puntos terrestres cercanos al estrecho.

Uno de los puntos calientes en la Guerra de Irán es el Estrecho de Ormuz. El paso naval que controlan los ayatolás y con el que juegan para presionar a Trump y a la economía mundial.

Irán ha vuelto a cerrar este estrecho custodiado por una "flota mosquito" hasta que el mandatario estadounidense levante su propio veto al comercio marítimo de Irán.

Así el control de Ormuz se ha convertido en una moneda de cambio poderosa frente a Estados Unidos.

Cuanto más tiempo esté cerrado, más golpea a la economía mundial por la presión que supone que no pasen materias como el gas o el petróleo. Algo que dispara, sin duda, la inflación.

Una fuerza naval peculiar

Irán custodia el estrecho de Ormuz y lo hace de una manera peculiar. Su principal fuerte de defensa es la "flota mosquito" que utiliza para mantener el férreo control marítimo.

Su nombre es peculiar y su estrategia, también. Los ayatolás mantienen su amenaza con una flotilla de pequeñas embarcaciones, rápidas y ágiles que están diseñadas para asediar el comercio marítimo.

Esta flotilla es el núcleo de las fuerzas navales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Un brazo independiente de la armada de este país.

Aunque es cierto que no es el único país que las utiliza. Rusia y su armada, después de la caída de la URSS, han tratado de mantener su industria naval con este tipo de flotas mosquito.

Históricamente este tipo de flotas son una solución en un periodo inestable para aquellos países que no podían costearse una armada oceánica con una cierta entidad.

Sin embargo, la evolución de la tecnología y el diseño en función de las necesidades particulares hace que este tipo de embarcaciones sean eficaces en un escenario de guerra marítima.

Además, este tipo de naves son demasiado pequeñas, lo cual impide que aparezcan en imágenes satélite, algo que provoca una ventaja en este terreno.

Pero, no solo eso, sino que suelen estar amarradas en muelles con cuevas profundas excavadas en costas rocosas.

Esto evita ser vistas y que puedan ser desplegadas en cuestión de minutos directas para atacar al enemigo que se acerque.

Por eso, esto supone una amenaza enorme para los buques que suelen frecuentar el Estrecho de Ormuz y también el golfo, ya que pueden ser sorprendidos sin tener sospecha de la presencia de estos barcos en la zona.

De hecho, este Estrecho es un paso de 33 kilómetros de ancho y es susceptible de realizar emboscadas en el mar, pero también ataques terrestres desde las islas iraníes.

Principal amenaza en Ormuz

Estas flotas mosquito han sido una de las principales amenazas por parte de la República Islámica frente a la Armada de Estados Unidos.

La principal amenaza que albergan estas embarcaciones es su capacidad de lanzar misiles y drones desde ellas hacia el enemigo.

Debido a esta capacidad, aunque sean pequeñas, son capaces de acabar con buques tanto de comercio como del ejército de Estados Unidos.

"La armada de la Guardia Revolucionaria Islámica funciona más como una fuerza guerrillera en el mar", explica Saeid Golkar, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Tennessee, al New York Times.

Una táctica que se basa en "ataques relámpago" en vez de recurrir a las batallas navales clásicas con "grandes buques de guerra".

Esto se produce debido a que los ayatolás se centran en "la guerra asimétrica" tanto en el Golfo Pérsico como en el Estrecho de Ormuz.

20 embarcaciones atacadas

Los iraníes se han hecho con el control de esta parte del espacio marítimo clave para poder presionar en la guerra a sus enemigos, tanto a Israel como a Estados Unidos.

Hasta la fecha se calcula que la Armada de la Guardia Revolucionaria ha atacado a unas 20 embarcaciones. Así lo recoge la Agencia Marítima Internacional de las Naciones Unidas.

Sin embargo, a pesar de ser ataques provocados por el régimen iraní, no suelen reivindicar estos ataques.

Esto forma parte de su estrategia porque, según los expertos, este tipo de ataques no saldrían directamente de las naves que conforman la flota mosquito, sino que seguramente fuesen lanzados desde otras plataformas terrestres.

Así, consiguen despistar y evadir al enemigo con ataques desde las embarcaciones y desde puntos clave en tierra cercanos al mar, algo que impide que estos ataques se puedan rastrear de una manera sencilla.

El origen de la estrategia

La Armada de la Guardia Revolucionaria se incorporó a las fuerzas terrestres en 1986.

En ese momento Irán era consciente de que no podía combatir contra Estados Unidos, por eso dividió el ejército en sectores y desarrolló una capacidad militar marítima para tratar de hostigar a los barcos en el golfo.

El país empezó a usar embarcaciones equipadas con lanzagranadas o ametralladoras y después han construido una gama de pequeñas naves diseñadas como submarinos en miniatura y con drones marinos.

Una estrategia que le ha permitido hacerse con una flota mosquito capaz de asediar al enemigo en un escenario marítimo.

Algo que le otorga una ventaja y le permite tener una posición negociadora frente a Estados Unidos al poder utilizarla para bloquear el Estrecho de Ormuz.